El herpes zóster no es otra cosa que una activación del virus de la varicela que permanece latente en nuestro organismo y amenaza con reactivarse, sobre todo más allá de los 50 años. Vacunarse a partir de esta edad es la mejor manera de no despertar al león dormido.
El herpes zóster es una enfermedad producida por el virus varicela zóster, el mismo virus que causa la varicela en la infancia o adolescencia y que queda latente en los nervios encargados de percibir los cambios de temperatura o el dolor, para reactivarse años más tarde, causando lo que se conoce como herpes zóster.
Bajada de defensas
Su aparición responde al siguiente esquema: en circunstancias normales el sistema inmunitario evita que el virus se reactive, pero en algunas ocasiones, cuando bajan las defensas, dejamos de ser capaces de controlar al virus y éste se reactiva como herpes zóster. Sus síntomas son muy molestos y se describen como dolor agudo, punzante, con sensación de ardor o similar a una descarga eléctrica, seguido de la aparición de pequeñas manchas rojas en la piel que más tarde se convierten en vesículas (pequeñas ampollas llenas de contenido líquido) distribuidas como una cinta, de ahí el nombre de “culebrilla” (nombre que viene del latín y significa “faja o cinta que se asemeja a una serpiente”, generalmente en una zona concreta, principalmente en el tronco, pero también puede ocurrir en la zona de la cabeza) y en un solo lado del cuerpo. Puede aparecer también en lugares especialmente complejos, como, por ejemplo, en el nervio trigémino, lo que puede afectar al ojo del paciente y afectar a la vista.
Neuralgia postherpética: más allá del sarpullido
En la mayoría de los casos, el sarpullido y el dolor se resuelven con el paso de los días, pero en otros (aproximadamente el 30% de las personas experimentan neuralgia posherpética tras la erupción), el dolor puede persistir, dando lugar a una neuralgia postherpética en la región de la piel previamente afectada, que puede prolongarse durante más de 3 meses o incluso años. En muy raras ocasiones el herpes zóster puede causar una enfermedad diseminada grave con riesgo de muerte, principalmente en personas con inmunosupresión. También en casos extremos, el virus de la varicela-zóster también puede ser causante de encefalitis infecciosa.
Se puede contagiar
- Dado que el herpes zóster se puede contagiar a través del líquido que contienen las vesículas, es necesario cubrir las lesiones con un vendaje limpio y seco hasta que formen una costra, generalmente entre 7 y 10 días, para evitar que el líquido de las ampollas entre en contacto con otras personas.
- Evitar el contacto con personas inmunodeprimidas: es importante evitar el contacto cercano con personas con sistemas inmunitarios debilitados, como niños pequeños o personas con enfermedades crónicas.
- Lavarse las manos con frecuencia con jabón y agua tibia antes y después de tener contacto con personas o materiales que puedan estar contaminados.
- No tocar ni rascarse la erupción: ya que esto puede aumentar el riesgo de infección secundaria y la propagación del virus.
- El tratamiento antiviral con aciclovir, famciclovir o valaciclovir, puede ayudar a acelerar la curación y reducir la gravedad de la enfermedad.
- Para aliviar el dolor se pueden utilizar analgésicos como el paracetamol o medicamentos recetados para aliviar el dolor asociado al herpes zóster.
- También pueden aliviar la picazón, la irritación y el dolor el uso de compresas frías y baños calmantes de avena coloidal o de almidón.
La vacuna: gratuita a partir de los 65
Tal y como señala el doctor Miguel Ángel Acosta, médico de familia del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS), “una de cada tres personas mayores de 50 años va a presentar un episodio de herpes zóster a lo largo de su vida, algo que puede prevenirse con la vacunación”. En España, la vacuna contra el herpes zóster y la neuralgia postherpética se comercializa con el nombre de Shingrix®, de GSK, y es una vacuna inactivada y producida por técnicas de recombinación de ADN que contiene la glicoproteína E del virus varicela zóster y un adyuvante. La pauta de vacunación para la población general consiste en dos dosis con un intervalo entre 2 y 6 meses entre dosis, que se administran por vía intramuscular. En personas inmunodeprimidas se recomienda un intervalo de 1 a 2 meses.
Aunque la vacuna está recomendada a la población general a partir de los 50 años, en España, la vacunación contra el herpes zóster se ofrece de forma gratuita a personas mayores de 65 años y, en algunos casos, a personas a partir de los 18 años con condiciones de riesgo. Esta vacuna se incluye en los calendarios oficiales de vacunación de distintas comunidades autónomas como Baleares, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Madrid, Murcia, País Vasco y Valencia. ¡Pregunta a tu farmacéutico!
Con diabetes, más riesgo
Aunque cualquier persona puede desarrollar un herpes zóster, las personas con diabetes mellitus tienen un riesgo 1,6 veces mayor de desarrollarla que la población general, debido a alteraciones en el sistema inmune. De hecho, se calcula que 1 de cada 2 personas con diabetes desarrollará herpes zóster a lo largo de la vida mientras que el porcentaje entre los mayores de 85 años con diabetes alcanza el 80%, de ahí que la vacunación en este colectivo esté particularmente indicada. Además, según José Lorenzo Bravo Grande, vocal de la Asociación Española de Vacunología (AEV), “una de las posibles complicaciones del herpes zóster si las lesiones se desarrollan en la cara, es que puede llegar a producir daños en el ojo, provocando incluso ceguera”.





