Muchas personas creen que dormir el número recomendado de horas es suficiente para sentirse descansadas. Sin embargo, cada vez es más frecuente despertarse con sensación de cansancio, falta de concentración o somnolencia durante el día a pesar de haber pasado ocho horas en la cama.
Con motivo del Día Mundial del Sueño, que se celebra el 13 de marzo, los especialistas recuerdan que la calidad del descanso es tan importante como la cantidad de horas dormidas. Factores como el estrés, los hábitos de vida o incluso el equilibrio de la microbiota intestinal pueden influir en la capacidad del organismo para recuperar energía durante la noche.
Cuando el problema no es cuánto dormimos, sino cómo dormimos
Dormir no consiste únicamente en cerrar los ojos durante un determinado número de horas. Durante la noche el cerebro atraviesa distintas fases de sueño que permiten la recuperación física y mental. Cuando este proceso se altera y el sueño se vuelve fragmentado o superficial, el organismo no consigue descansar adecuadamente.
En estos casos pueden aparecer síntomas como fatiga mental, irritabilidad o dificultades para concentrarse, incluso después de haber dormido el tiempo recomendado.
Según datos de la II Radiografía sobre el Autocuidado en España, cerca de tres de cada diez españoles reconocen que su descanso no es reparador y casi un 12% afirma tener dificultades para conciliar el sueño o permanecer dormido durante la noche.
El estrés diario, las preocupaciones laborales, los horarios irregulares o el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse son algunos de los factores que pueden alterar los ciclos naturales del sueño.
El vínculo entre el intestino y el cerebro
En los últimos años, la investigación científica ha puesto el foco en la relación entre la microbiota intestinal y el sistema nervioso. Este sistema de comunicación, conocido como eje intestino-cerebro, influye en diferentes funciones del organismo, entre ellas la regulación del estrés, el estado de ánimo y algunos procesos cognitivos.
Cuando la microbiota se desequilibra —una situación conocida como disbiosis— también puede verse afectado el funcionamiento de este eje, lo que repercute en el bienestar general y en la calidad del descanso.
Probióticos y bienestar mental
Dentro de este contexto, algunos especialistas destacan el papel de determinados probióticos conocidos como psicobióticos, que actúan sobre la comunicación entre el intestino y el cerebro.
Algunas cepas concretas, como Bifidobacterium longum 35624® y 1714®, han sido estudiadas por su posible papel como apoyo natural en la gestión del estrés y en el bienestar digestivo y mental. Estos factores pueden resultar clave para favorecer un descanso más reparador.
Los expertos señalan que cuidar la salud digestiva y emocional forma parte de un enfoque global para mejorar el sueño, junto con otros hábitos saludables.
La siesta también puede ayudar
En España, muchas personas no alcanzan las horas recomendadas de descanso durante la semana. De hecho, más del 60% duerme siete horas o menos.
En estos casos, una siesta breve puede ayudar a recuperar energía a lo largo del día. Los especialistas recomiendan que no supere los 20 o 30 minutos y que se realice antes de media tarde, para evitar que interfiera con el sueño nocturno.
Pequeños hábitos que pueden mejorar el descanso
Además de cuidar la alimentación y la salud digestiva, los expertos recuerdan que mantener una buena higiene del sueño es fundamental. Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, reducir el uso de pantallas antes de dormir o evitar cenas copiosas por la noche son algunas de las recomendaciones habituales.
La actividad física regular y un ambiente adecuado para dormir —con oscuridad, silencio y una temperatura confortable— también pueden contribuir a mejorar la calidad del descanso.
En definitiva, dormir bien no depende solo del número de horas en la cama. El descanso es un proceso complejo en el que intervienen factores físicos, emocionales y ambientales, por lo que mejorar la calidad del sueño requiere cuidar distintos aspectos del estilo de vida.





