Pídela en tu farmacia

TU REVISTA 100% GRATIS

Introduce tu C.P. y localízala:

Revista Abierta

Pídela en tu farmacia

TU REVISTA 100% GRATIS

Introduce tu C.P. y localízala:

Revista Abierta
Home Bienestar Cremas de «efecto calor»: todo lo que hay que saber sobre las cremas rubefacientes

Cremas de «efecto calor»: todo lo que hay que saber sobre las cremas rubefacientes

por Violeta Cepeda Vidal
cremas de calor

Las cremas de calor, también llamadas rubefacientes, son productos muy utilizados para aliviar molestias musculares y articulares. Sin embargo, son comunes pequeños errores de aplicación asociados que pueden terminar haciéndonos pasar un mal rato.

Las cremas de calor llevan años ayudando a muchas personas a aliviar molestias musculares y articulares. Sin embargo, a menudo somos demasiado exigentes con ellas y no esperamos el tiempo necesario para notar sus efectos. De hecho, una frase que escuchamos con frecuencia en la farmacia es “me puse la crema hace cinco minutos y no noté nada. Así que me puse un poco más, y empezó a quemarme muchísimo”. El problema no suele ser el producto, sino las expectativas con las que lo usamos. 

Estas cremas de calor, también llamadas rubefacientes, son productos muy utilizados para aliviar molestias musculares y articulares. Deben su efecto a principios activos como la capsaicina, el salicilato de metilo, el alcanfor o algunos derivados del mentol. Aunque cada uno actúa de forma ligeramente diferente, todos tienen algo en común: estimulan determinados receptores de la piel y producen una sensación de calor o irritación leve que aumenta el flujo sanguíneo superficial. Este efecto puede ayudar a aliviar temporalmente algunas molestias musculares y articulares, motivo por el que estos productos se utilizan con frecuencia tras sobrecargas, contracturas o dolores musculares leves. Sin embargo, alrededor de ellas existen algunos errores muy extendidos que pueden hacer que, intentando aliviar una molestia con la finalidad de encontrarnos mejor, la experiencia no sea precisamente agradable.

Un buen producto… si se utiliza bien

  1. Error número 1: pensar que el efecto es inmediato. Estamos acostumbrados a que algunos productos actúen rápidamente: nos tomamos un analgésico y esperamos notar mejoría en poco tiempo; aplicamos una crema hidratante y enseguida percibimos la piel menos tirante, etc. Sin embargo, con las cremas efecto calor no siempre ocurre así y muchas necesitan varios minutos para empezar a producir la sensación característica de calor. Algunas incluso pueden tardar bastante más de lo que la gente imagina (hasta 2 horas). Por eso, cuando alguien se aplica la crema y no nota nada al principio, suele pensar que no está funcionando. Sólo hay que tener paciencia: simplemente necesita tiempo.
  2. Error número 2: “Si pongo más, hará más efecto”. Es una reacción muy humana. Si una cucharada de azúcar endulza el café, dos cucharadas lo endulzarán más. Pero las cremas de calor no funcionan exactamente así. De hecho, uno de los errores más frecuentes es aplicar una cantidad excesiva. Estas cremas están diseñadas para utilizarse en capas finas. Una pequeña cantidad suele ser suficiente para cubrir la zona dolorida. Cuando se utiliza más producto del necesario, no siempre se consigue más alivio, pero sí aumentan las probabilidades de sufrir una sensación de ardor, irritación o enrojecimiento. Por eso en este caso, menos suele ser más.
  3. Cuando el calor aparece… de golpe. Igualmente, también hay una escena que se repite con cierta frecuencia: nos aplicamos la crema paro no notamos nada. Entonces aplicamos un poquito más. Y, veinte o treinta minutos después, el calor aparece de repente. Y aparece por partida doble. En ese momento es cuando muchos pacientes descubren que la segunda aplicación probablemente no era necesaria. La recomendación es sencilla: aplicar una pequeña cantidad y esperar. Darle tiempo al producto para actuar antes de decidir si necesitas más.
  4. El error que más sorprende: intentar quitarla con agua. Cuando la sensación de calor es demasiado intensa, la reacción instintiva suele ser correr al baño y lavar la zona. Sin embargo, no suele ser la mejor solución. Algunos de los ingredientes responsables de ese efecto calor tienen naturaleza grasa y no se eliminan fácilmente con agua. Además, si se utiliza agua caliente, la sensación puede resultar todavía más intensa. Por eso, cuando una crema de este tipo provoca un calor excesivo, suele ser más útil retirarla con algún producto graso, como aceite de oliva, y después limpiar suavemente la zona.

3 detalles que marcan la diferencia

  1. Utiliza poca cantidad y ten paciencia para esperar a notar sus efectos.
  2. Después de aplicar la crema, lávate bien las manos. Parece obvio, pero todos los años hay alguien que se toca los ojos sin darse cuenta y recuerda inmediatamente por qué este consejo es importante.
  3. También es recomendable no rascar ni tocar la zona, evitar cubrir heridas, rozaduras o áreas de la piel ya irritadas, y no aplicar calor adicional mediante mantas eléctricas, almohadillas térmicas o bolsas de agua caliente.
  4. Por último, hay que recordar que tampoco es buena idea realizar ejercicio intenso inmediatamente después de aplicar una crema de calor. El aumento de la temperatura corporal, la sudoración y la mayor circulación sanguínea que acompañan al esfuerzo físico pueden potenciar el efecto de la crema y provocar una sensación de calor mucho más intensa de la esperada.

La próxima vez que utilices una crema de calor, recuerda tres conceptos clave: poca cantidad, más paciencia y nada de agua si la sensación resulta demasiado intensa. Tu piel te lo agradecerá.

También te puede gustar