Este tipo de cáncer afecta al sistema linfático, parte fundamental de nuestro sistema inmunológico. Se origina cuando los linfocitos -glóbulos blancos responsables de defendernos contra infecciones- comienzan a proliferar de manera anormal y descontrolada.
Al ser el tejido linfático tan extenso y estar presente en todo el organismo (ganglios linfáticos, médula ósea, bazo, hígado, entre otros), el linfoma puede aparecer en casi cualquier zona del cuerpo y diseminarse con facilidad. Los linfomas se dividen en dos grandes grupos, que presentan diferencias notables en cuanto a su comportamiento, pronóstico y tratamiento: el linfoma de Hodgkin representa alrededor del 10% de todos los casos de linfoma. Su incidencia se concentra en dos franjas etarias: de los 15 a los 30 años y entre los 50 y 70 años. Suele iniciarse en los ganglios linfáticos del cuello, tórax o axilas y tiene una progresión más predecible. El segundo gran grupo, el linfoma no Hodgkin, es más frecuente y heterogéneo, con más de 20 subtipos diferentes. Incluye formas de evolución lenta, como el linfoma folicular, y otras de desarrollo rápido y agresivo, como el linfoma difuso de células B grandes. Su incidencia aumenta con la edad, siendo más común en varones mayores de 60 años.
Causas y factores de riesgo
Aunque no se conoce con certeza la causa exacta del linfoma, existen ciertos factores que pueden aumentar el riesgo de padecerlo. Entre ellos, las alteraciones del sistema inmunológico, ya sea por enfermedades autoinmunes, inmunodeficiencias como el VIH o tratamientos inmunosupresores (por ejemplo, en trasplantes). También se ha identificado la relación con algunas infecciones víricas como el virus de Epstein-Barr y el Helicobacter pylori.
Síntomas habituales
Pueden variar según el tipo y la localización, pero estos son los más frecuentes:
- Inflamación persistente de los ganglios linfáticos (en cuello, axilas o ingles).
- Fiebre sin causa aparente.
- Sudores nocturnos intensos.
- Pérdida de peso no intencionada.
- Fatiga continua.
- Picazón en la piel sin erupciones visibles.
Diagnóstico y tratamiento
En cuanto al abordaje terapéutico, dependerá del tipo de linfoma, la extensión de la enfermedad y las características del paciente. Los tratamientos más habituales incluyen: quimioterapia; inmunoterapia mediante anticuerpos monoclonales; radioterapia; y trasplante de progenitores hematopoyéticos (en ciertos linfomas agresivos o recidivantes).
Gracias a los avances científicos los linfomas son algunos de los tumores hematológicos con mayores tasas de curación. Aunque los linfomas indolentes son difíciles de curar, permiten una vida prolongada con buena calidad. Los linfomas agresivos, si bien más graves, responden bien a tratamientos intensivos y son potencialmente curables.





