Continúan las secuelas de la COVID-19: ahora en forma de repunte de tosferina (y también de sarampión) como consecuencia, según los expertos, de la relajación en las pautas de vacunación tras el confinamiento. Lo que unido a la globalización y los movimientos poblacionales contribuye a la expansión de procesos infecciosos que antes estaban bajo control.
Aunque la tosferina se encuentra en una epidemia sostenida desde el año 2010, desde el último trimestre de 2023 y sobre todo en 2024, los casos en España han aumentado extraordinariamente, sobre todo en Andalucía, comunidad que ha acusado especialmente el repunte de casos y registraba la muerte de un lactante el pasado mes de marzo. Los más afectados por esta enfermedad endémica han sido los niños de 10 a 14 años, con el 60 % de la incidencia, y no sólo en España, también en muchos países europeos. Así lo han recordado los expertos de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) durante la Semana Mundial de la Inmunización celebrada el pasado mes de abril. Según los datos del Ministerio de Sanidad relativos a 2020, existe “una disminución en las coberturas de recuerdo de las vacunas de meningococo C de los 12 meses y la dTpa (difteria, tétanos y tosferina) a los seis años, así como de ambas dosis de la triple vírica (sarampión, paperas y rubéola), todas ellas fundamentales para proteger a los recién nacidos”, explica el doctor Ángel Hernández Merino, pediatra de Atención Primaria y colaborador del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Además, incide en la desigual cobertura vacunal de embarazadas frente a la tosferina en distintas comunidades, con grandes implicaciones para los recién nacidos, al igual que ocurre con las coberturas de inmunización frente a los meningococos en adolescentes, muy bajas en algunas comunidades autónomas. Como muestra de las consecuencias de la relajación en las pautas de vacunación, este doctor recuerda que “hace muy pocos años se registró en algunos países de Europa un elevado número de casos de sarampión”.
Así es la tosferina
- Es una enfermedad respiratoria causada por un tipo de bacteria llamada Bordetella pertussis.
- Grave en lactantes: la tosferina puede ser una enfermedad grave y causar el fallecimiento en los primeros meses de vida. El 90 por ciento de las hospitalizaciones se dan en niños menores de un año, sobre todo en menores de tres meses, por presentar complicaciones graves y hasta mortalidad. En los adolescentes y adultos jóvenes no suele repercutir gravedad.
- Cíclica: normalmente se presenta con brotes epidémicos cada tres o cinco años.
- Altamente contagiosa, sobre todo en invierno y primavera: la transmisión se produce por contacto estrecho con una persona infectada durante las primeras dos semanas, a través de la tos o contacto con las secreciones respiratorias. Los adolescentes y adultos actúan como principal fuente de transmisión y según explica la pediatra Anna Gatell, presidenta de la Sociedad Catalana de Pediatría. para proteger sobre todo a los bebés debe ponerse el foco en los portadores asintomáticos, ya que “su papel en la trasmisión de la infección es poco conocido, pero se estima de grandísima importancia para controlar la enfermedad”.
- Resulta muy contagiosa y se caracteriza por comenzar de manera similar a un catarro,
- Por lo general, los síntomas de la tosferina aparecen entre 5 y 10 días después de haber estado en contacto con las bacterias que causan la enfermedad. En sus primeras etapas que suele durar de 1 a 2 semanas, la tosferina no parece ser algo más que un resfriado común en adultos, con moqueo o congestión nasal, fiebre baja y tos leve ocasional, seguido por una tos prolongada que, con frecuencia, se acompaña de una estridencia al inspirar. Entre una y dos semanas después de que empiecen los primeros síntomas, pueden presentarse accesos de tos rápidos e incontrolables (paroxismos). Estos accesos de tos generalmente duran entre 1 y 6 semanas, aunque pueden durar hasta 10 semanas y empeoran y se vuelven más comunes a medida que la enfermedad continúa, pudiendo provocar vómitos y mucho cansancio tras el acceso. Muchos bebés con tosferina no tosen y en su lugar, pueden tener dificultades para respirar y sufrir apneas o pausas en la respiración que pueden ser mortales, así como cianosis (coloración azul o morado).
4 dosis + 1 de la vacuna
- En España la vacunación contra la tosferina incluye cuatro dosis (a los dos y cuatro meses y refuerzos a los 11 meses y seis años de edad), confiriendo protección en los primeros años de vida frente a la tosferina grave.
- La vacuna es inmunógena y efectiva, pero su protección decae notablemente en un plazo de 5 a 10 años y no actúa sobre la colonización nasofaríngea, por lo que el Comité Asesor de Vacunas de la AEP propone incorporar un refuerzo de la vacuna de la tosferina antes de la adolescencia.
- Afortunadamente, la vacunación de las embarazadas entre las 27 y 36 semanas de gestación, proporciona una elevada protección a los recién nacidos hasta que reciben su primera dosis de vacuna a los dos meses, lo cual contribuye a evitar la elevada morbimortalidad de la tosferina en ese periodo de la vida. Gracias a la vacuna en el embarazo, la madre genera anticuerpos contra la enfermedad que pasan al feto a través de la placenta y le protegen hasta que pueda vacunarse.
La inmigración, en el “foco”
Teniendo en cuenta que las medidas más efectivas en el control de esta enfermedad pasan por mantener un porcentaje alto de personas vacunadas, con el fin de proteger a los lactantes menores de tres meses y disminuir la incidencia en los adolescentes y adultos que actúan como reservorio y fuente de infección, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) recuerda a las familias la importancia de ponerse al día conforme al calendario vacunal vigente en cada comunidad. Sobre todo en el caso de inmigrantes y pacientes que contactan por primera vez con nuestro sistema sanitario. Y recuerdan que “muchos de ellos han salido de sus países en condiciones de urgencia y precariedad y la situación en sus países de origen probablemente ha dificultado la administración de las vacunas correspondientes”. Además, según explican, “la pandemia y el confinamiento han podido dificultar el acceso a las vacunas de estos pacientes, aun en el caso de que lleven tiempo viviendo en España”. Y también recuerdan que las vacunas de la tosferina actuales proporcionan una protección limitada en el tiempo.





