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La sordera por ototoxicidad es un posible efecto secundario de ciertos medicamentos que se emplean con eficacia para tratar importantes enfermedades e infecciones. A la hora de evitar hipoacusias por este tipo de medicamentos, el farmacéutico puede ser de gran ayuda ejerciendo labores de farmacovigilancia y monitorizando la eficacia del uso de fármacos otoprotectores indicados por el especialista.

Los fármacos ototóxicos representan una de las principales causas de sordera que pueden prevenirse y/o minimizarse gracias a su identificación precoz y tratamiento adecuado. Los medicamentos ototóxicos producen una alteración funcional y/o una degeneración celular de los tejidos del oído interno. La cocleotoxicidad se define como el daño que afecta al sistema auditivo dando como resultado una hipoacusia neurosensorial y/o acúfenos. La vestibulotoxicidad, que se puede asociar, está causada por la afectación del sistema vestibular y se manifi esta como vértigo, mareo y pérdida de equilibrio (Roland y Rutka, 2004)1.

Precisamente para estudiar los mecanismos de prevención que tenemos a nuestro alcance, la Confederación Española de Familias de Personas Sordas (FIAPAS) y la Comisión para la Detección Precoz de la Sordera Infantil (CODEPEH), con la coorganización del Real Patronato sobre la Discapacidad (RPD), han concluido un nuevo trabajo sobre prevención y diagnóstico precoz de la sordera por este tipo de fármacos, que lleva por título Prevención y diagnóstico precoz de la sordera por ototóxicos.

Factores de riesgo

Los autores del estudio recalcan que hay que tener en cuenta que una pequeña proporción de la población infantil presenta mutaciones mitocondriales genéticas, responsables de una especial sensibilidad a la pérdida auditiva inducida por aminoglucósidos. Además, están en estudio factores genéticos asociados a la toxicidad por derivados del platino.

También explican que existen líneas de investigación orientadas a descubrir marcadores sanguíneos de daño coclear que anticipen la existencia de lesiones secundarias a la utilización de ototóxicos. Entre ellos destaca la determinación de proteínas exclusivas del oído interno y/o de microARN, que pueden ayudar a determinar el diagnóstico del tipo de lesión y tejido implicado.

Otoprotección farmacológica

Cuando se administra un fármaco ototóxico, los especialistas pueden paliar los efectos secundarios reduciendo la dosis o variando la posología. Sin embargo, esto no siempre es posible, por lo que es necesario investigar variantes menos lesivas de los fármacos utilizados habitualmente. Es lo que se llama otoprotección farmacológica, que se deriva de la posibilidad de utilizar fármacos con potencial para prevenir ototoxicidad de varios compuestos.

La administración de los otoprotectores puede ser sistémica, transtimpánica o por inhalación. Los otoprotectores más estudiados basan su efecto en una acción antioxidante y/o antiinflamatoria.

Monitorización auditiva

Según los autores de este trabajo, hoy en día es inexcusable realizar una valoración auditiva adecuada en tres momentos: antes de iniciar el tratamiento con el fármaco ototóxico; durante su administración (derivados del platino); y tras finalizarla. El propósito de esta monitorización auditiva es detectar precozmente una sordera para modificar, si es posible, el tratamiento con el ototóxico y para realizar un seguimiento de los pacientes a largo plazo, ya que la sordera puede aparecer incluso años después de la administración del ototóxico. Según indican desde FIAPAS, «aunque muchos ototóxicos son de administración hospitalaria, el farmacéutico debería aconsejar sobre la vigilancia personal y familiar del estado auditivo del paciente pediátrico durante la administración de tratamientos ambulatorios con ototóxicos como los aminoglucósidos, macrólidos, AAS, quininas… Además, como parte de la farmacovigilancia, debería ser capaz de controlar la adecuada prescripción en dosis y tiempo. La ventaja de la farmacia es su disponibilidad y cercanía al paciente por lo que es un recurso muy valioso de contacto del paciente con el entorno sanitario y más aún en los tiempos actuales».

Fármacos ototóxicos

  • Antibióticos: Aminoglucósidos, Amikacina, Gentamicina, Kanamicina, Neomicina, Netilmicina, Estreptomicina, Tobramicina. Ampicilina, Capreomicina, Cloramfenicol, Colistina (polimixina E), Eritromicina, Minociclina, Polimixina B, Rifampicina, Vancomicina, Teraciclinas.
  • Antinflamatorios: Fenoprofeno, Ibuprofeno, Indometacina, Naproxeno, Fenilbutazoria, Salicicatos (aspirina, couldina, etc).
  • Antimaláricos: Cloroquina, Quinina.
  • Agentes antitumorales: Actinomicina, Bleomicina, Cisplatino, Mostazas  nitrogenadas (ej. mustina), Misonidazol, Vincristina, Vinblastina.
  • Beta-bloqueantes: Propanolol.
  • Anticonceptivos: Medroxiprogesterona.
  • Diuréticos del ASA: Bumetanida, Ácido etacrínico, Furosemida.
  • Desinfectantes: Cloruro de Benzalconio, Cloruro de Benzetonio, Clorhexidina y compuestos yodados.
  • Otros (de aplicación tópica en el oído): Solución Bonain (Cocaína, Fenal y Timol), Formaldehído de Gelatín (Gelatina absorbible en esponja), Lignocaína.
  • Antidepresivos tricídicos: Imipramina, Nortripitilina.
  • Miscelánea: Alcohol, Nicotina (en tabaco).

1 Roland, P.S. y Rutka, J.A. (2004): Ototoxicity. Ontario, Canadá: BC Decker.

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