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“Las farmacias rurales son las que justifican nuestro modelo de regulación y además son un elemento clave para la fijación de población y la creación de empleo de calidad en estas poblaciones”.

Olivia Martínez Monge es farmacéutica rural y ponente en la primera de las mesas redondas de esta edición de Infarma Virtual 2021, donde se analizaba el valor asistencial aportado por los farmacéuticos durante la pandemia, tanto en el entorno rural como urbano.

A los que, como yo, crecimos y vivimos en las grandes ciudades, los pequeños pueblos nos parecían esos paraísos idílicos en los que las horas eran eternas y la gente paraba a hablar con sus vecinos sin prisas. Los fines de semana y los largos veranos no nos daban una fotografía distorsionada de las dificultades que los habitantes de las zonas más despobladas de nuestro país se enfrentan cada día.

En los últimos años hemos visto un creciente aumento del interés en el mundo rural por parte de los medios de comunicación. Raro es el día en el que no aparecen noticias sobre el cierre de servicios en las zonas más despobladas o de pueblos donde hace tiempo que no nace ningún niño y en los que su población envejecida se ve menguada cada año. Afortunadamente, tampoco faltan noticias optimistas, iniciativas para revitalizar los pueblos, emprendedores que creen en un modelo de negocio basado en el mundo rural y familias que buscan un estilo de vida alternativo a las grandes ciudades.

Me gusta contar a los farmacéuticos de pequeños municipios entre estos últimos, los emprendedores que hemos decidido ejercer nuestra profesión en un entorno distinto y ser un pilar fundamental de las pequeñas comunidades en las que vivimos, dando un servicio a pueblos donde pocos servicios quedan ya.

El farmacéutico, pilar fundamental

Ejercer de farmacéutica en un pequeño pueblo fue una elección apasionante, llena de luces y de sombras, en el que la satisfacción personal y profesional a veces no llegan para cubrir la falta de expectativas económicas y de futuro profesional.

Debo comenzar esbozando lo que es la farmacia rural, si bien nuestra legislación recoge como rurales aquellas farmacias situadas en municipios de menos de 30.000 habitantes y con una densidad de población menor a 100 habitantes por km2, esa definición incluye farmacias de muy diverso tamaño y características.

Quiero hablar de la rural que yo conozco, en pueblos de menos de 1.000 habitantes con una farmacia única y generalmente alejados de núcleos grandes de población. Para que sepáis de cuantas farmacias estamos hablando, sin entrar en cifras exactas, os diré que hay 20 oficinas de farmacia en poblaciones de menos de 100 habitantes, unas mil en localidades de entre 100 y 500 y alrededor de 900 en poblaciones entre 500 y 1.000. Y esto nos da aproximadamente 2.000 farmacias en España en una situación muy precaria. Un número puede parecer insignificante frente a las más de 22.000 farmacias que hay en España, sin embargo, el cierre de una de estás farmacias únicas deja a sus usuarios en una situación de desamparo obligándoles a desplazarse varios kilómetros y en muchas ocasiones a depender de familiares y amigos para poder acceder a la atención farmacéutica. Si bien es también triste el cierre de una farmacia en una ciudad, el impacto en la población no es tan grande ya que siempre hay otra a pocos metros.

“Creo en la farmacia rural como uno de los motores que mantienen vivos nuestros pueblos”.

Un modelo farmacéutico en riesgo

En los últimos años, muchas de las medidas adoptadas por el control del gasto han incidido directamente en la economía de nuestras farmacias poniendo en riesgo la supervivencia de algunas de ellas y, por consiguiente, poniendo en riesgo nuestro modelo farmacéutico. No olvidemos que son precisamente estas farmacias las que justifican nuestro modelo de regulación y además son un elemento clave para la fijación de población y la creación de empleo de calidad en estas poblaciones. La mayor parte de las pequeñas farmacias rurales tienen una facturación de menos de 300 mil euros anuales algunas incluso menos de 100 mil euros anuales, mientras que la farmacia media facturaría entre 800.000 y 900.000.  Cualquiera que conozca los gastos fijos de una farmacia puede darse cuenta de que, económicamente, son absolutamente inviables y estas cifras dejan muy poco margen para contratar personal auxiliar o farmacéuticos adjuntos.

Boticaria 24 horas al día

Yo soy afortunada y hace años que ya no tengo guardias, pero conozco compañeros que están de guardia una semana sí y otra no, y eso, en una farmacia rural, además de no ser económicamente viable, hace difícil la conciliación cuando tienes que pasar una semana entera fuera de casa, y para los que vivimos en el mismo municipio resulta complicado trazar una línea entre la vida personal y profesional. Aquí se es la boticaria 24 horas al día. Es casi imposible tener más de unos días seguidos de vacaciones o coger una baja por enfermedad o maternidad. Somos muchas farmacéuticas (más de un 70% somos mujeres) las que hemos criado a nuestros hijos desde nada más nacer en la rebotica, pasando momentos entrañables con los bebes y los pacientes, pero también con la preocupación constante de no estar dándoles la atención y cuidado que necesitan en los primeros meses de vida.

El paciente: el centro de toda nuestra actividad

Los farmacéuticos comunitarios, cualquiera que sea nuestra ubicación, hemos aprendido a poner al paciente como el centro de toda nuestra actividad, sin olvidar nunca que somos los especialistas del medicamento, por lo tanto, nuestro papel más importante es atender las necesidades de los clientes, relacionadas con su tratamiento. El tener pocos pacientes y muy fidelizados facilita la Atención Farmacéutica de calidad, nos resulta mucho más fácil hacer un seguimiento fármaco terapéutico o detectar problemas de adherencia en cuanto aparecen. Además, en la farmacia rural, es más importante el papel que jugamos en el mantenimiento de la salud y la prevención de la enfermedad, el autocuidado y la promoción de hábitos saludables, puesto que estamos hablando de una población envejecida, polimedicada y con menor acceso a la información y a otros servicios profesionales que los habitantes de municipios de gran tamaño. Nuestras pacientes se han convertido en nuestros vecinos y amigos, el día a día está repleto de pequeñas anécdotas y confidencias compartidas, eso nos da una situación de confianza privilegiada. La farmacia está siempre disponible y accesible para intentar dar respuesta a cualquier problema relacionado con la salud que nos planteen.

Resolvemos la brecha digital

Además, hay que tener en cuenta la brecha digital en estas zonas rurales, resolvemos trámites burocráticos o ayudamos a hacer compras en internet. Nuestros pacientes nos agradecen con creces nuestro esfuerzo y nunca nos faltan muestras de cariño y generosidad. Muchos compañeros rurales veníamos de trabajar en lugares con grandes equipos, y casi todos coincidimos que ejercer en el medio rural puede ser una tarea muy solitaria, ahora gracias a las redes sociales, es fácil estar en contacto con otros colegas y acceder a formación e información de manera inmediata. Cabe destacar la buena sintonía con médicos, enfermeras y demás personal de los centros de salud. Profesionales sanitarios comparten problemas con nosotros (largas distancias, consultorios pobremente equipados y con malas comunicaciones), pero con altos niveles de compromiso y motivación. Todos entendemos la necesidad de trabajar en equipo y aportar cada uno nuestro conocimiento y experiencia para mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes.

Se necesita ayuda ¡ya!

Sin querer caer en el pesimismo, veo difícil la supervivencia de las farmacias en los municipios más pequeños. Para que pervivan se necesita un compromiso por parte de la administración en materia de despoblación, y revisando las exiguas ayudas ya existentes, y también por parte de nuestra profesión, creando fondos de compensación para ayudar a las farmacias en situación más desfavorecida.  Hay un gran potencial humano repartido por toda nuestra geografía, con grandes profesionales, muy formados, siempre cercanos y diligentes, dispuestos a mejorar las condiciones de vida de los habitantes de nuestros pueblos y no podemos dejar que desaparezcan.

Desde SEFAR (Sociedad Española de Farmacia Rural) se buscan activamente soluciones para que estos farmacéuticos puedan ejercer de forma digna, para que se escuche nuestra voz. También trabajamos constantemente para encontrar nuevas fórmulas que se adapten a las necesidades de la salud rural. Recientemente se ha puesto en marcha el programa TELEMACO, un proyecto para acercar la Farmacia Hospitalaria a los pueblos más remotos y en esta línea queremos seguir avanzando para mejorar la experiencia de nuestros pacientes, mayores, frágiles y que en ocasiones se han sentido abandonados por el sistema de salud.

Creo en la farmacia rural como parte fundamental de muestro nuestro sistema de salud y confío en nuestra capacidad para desde nuestras pequeñas boticas, en nuestros pequeños rincones repartidos por la geografía española hacer grandes cosas por nuestras comunidades. Creo en la farmacia rural como uno de los motores que mantienen vivos nuestros pueblos.

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Redacción Consejos

Equipo de redacción de la revista Consejos de tu farmacéutico. Revista especializada en el sector sanitario, editada en España y con más de 20 años de experiencia. Todo nuestro contenido está...