Preparar un biberón forma parte de la rutina diaria de muchas familias. Sin embargo, conocer la composición de la leche infantil y prepararlo correctamente es fundamental, ya que un error en las proporciones, en la higiene o en la conservación puede comprometer la seguridad y el aporte nutricional de la fórmula.
Por María José Salgado, farmacéutica titular de Farmacia Verano
Cuando llega un bebé a casa, es normal que surjan muchas preguntas: qué agua utilizar, cómo preparar el biberón fuera de casa, cuánto tiempo puede conservarse una toma o qué hacer cuando el bebé no termina su biberón. No hay preguntas pequeñas cuando se trata de la alimentación de un bebé. Por eso, ante cualquier duda, consultar con el pediatra, la enfermera o el farmacéutico puede ayudarnos a preparar la fórmula de forma segura y adecuada. Porque una buena preparación también forma parte de una buena alimentación.
El ABC de las leches infantiles
La leche materna constituye el alimento de referencia durante los primeros meses de vida, ya que aporta la energía y los nutrientes necesarios y, además, contiene numerosos componentes biológicamente activos, como anticuerpos y otros factores que contribuyen a la protección del lactante. Sin embargo, existen diferentes circunstancias en las que la lactancia materna no es posible, no es suficiente o se decide recurrir a una alimentación mixta o artificial. En estos casos, las leches de fórmula infantiles, disponibles en farmacia, constituyen una alternativa diseñada específicamente para cubrir las necesidades nutricionales del bebé. En la Unión Europea, su composición está sometida a una regulación específica que establece requisitos sobre el contenido de energía, proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas, minerales y determinados ingredientes, con el objetivo de garantizar su seguridad y adecuación nutricional. Por regla general están catalogadas de la siguiente manera:
- Fórmulas de inicio o para lactantes. Son las fórmulas destinadas a los bebés desde el nacimiento y están diseñadas para cubrir por sí solas las necesidades nutricionales del lactante durante los primeros meses, cuando no recibe leche materna. Su composición está regulada y debe aportar proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas, minerales y otros nutrientes necesarios. Dentro de este grupo podemos encontrar fórmulas estándar, destinadas a lactantes sanos sin necesidades nutricionales especiales; fórmulas con proteínas parcialmente hidrolizadas, cuyas proteínas se han fragmentado en moléculas más pequeñas para facilitar su digestión; y fórmulas que incorporan determinados componentes como DHA, prebióticos, probióticos o nucleótidos, dependiendo del producto.
- Fórmulas de continuación. Están destinadas a bebés a partir de los 6 meses, cuando ya se ha iniciado la alimentación complementaria. No deben utilizarse como sustituto de la leche materna durante los primeros seis meses y forman parte de una alimentación progresivamente diversificada. Su composición presenta algunas diferencias respecto a las fórmulas de inicio, adaptándose a las necesidades nutricionales del bebé a medida que crece.
- Fórmulas especiales. Son fórmulas diseñadas para situaciones en las que una fórmula estándar puede no ser adecuada:
- Antirregurgitación (AR), que incorporan espesantes y están destinadas para bebés con regurgitación y necesitan de una valoración profesional.
- Anticólico, que pueden presentar modificaciones en proteínas, lactosa o grasas y se comercializan para molestias asociadas al cólico.
- Sin lactosa, que reducen o limitan la lactosa y están indicadas en situaciones específicas de intolerancia a la lactosa.
- Hidrolizadas, con proteínas fragmentadas en péptidos más pequeños. Están especialmente indicadas en situaciones de alergia o intolerancia, según indicación médica. En este grupo también existen las extensamente hidrolizadas, con proteínas mucho más fragmentadas y que se utilizan, por ejemplo, en determinados casos de alergia a la proteína de leche de vaca.
- A base de soja, que utilizan proteína de soja.
- Aminoacídicas, cuyas proteínas se sustituyen por aminoácidos libres y se utilizan en situaciones concretas, especialmente alergias graves, bajo supervisión sanitaria.
- Para prematuros, para bebés prematuros o con necesidades nutricionales específicas.
- Hipercalóricas, que presentan mayor densidad energética, y están inidicadas en determinadas situaciones de requerimientos energéticos aumentados.
7 errores muy frecuentes al preparar el biberón
- Alterar la proporción de agua y polvo. Es probablemente uno de los errores más importantes. La fórmula debe prepararse siguiendo exactamente las instrucciones del fabricante. Añadir más polvo no hará que el bebé esté mejor alimentado y puede aumentar excesivamente la concentración de nutrientes. Por el contrario, añadir más agua puede reducir el aporte nutricional de la toma. La cantidad indicada en el envase no es orientativa: es la que debemos respetar.
- No respetar el orden de preparación. Primero se mide la cantidad de agua indicada y después se incorpora el número de cacitos de polvo correspondiente. No debemos preparar el biberón “a ojo” ni modificar las cantidades en función de cómo haya comido el bebé en tomas anteriores.
- Utilizar un cacito diferente. Cada fórmula infantil dispone de su propio cacito, diseñado para proporcionar la cantidad correspondiente a ese producto. Aunque dos cacitos puedan parecer iguales, su capacidad puede no serlo. Por eso, debemos utilizar siempre el que acompaña a la fórmula que estamos preparando.
- No cuidar suficientemente la higiene. Antes de preparar el biberón debemos lavarnos bien las manos y utilizar utensilios correctamente limpios.También es importante mantener el cacito limpio y seco y evitar introducirlo en el envase con las manos húmedas o después de haberlo apoyado sobre superficies que puedan contaminarlo.
- Preparar el biberón con demasiada antelación. La leche de fórmula en polvo no es estéril. Una vez preparada, debe conservarse y utilizarse siguiendo las indicaciones del fabricante y las recomendaciones sanitarias. Y hay una norma especialmente importante: si el bebé ya ha comenzado a tomar el biberón y queda leche, no debemos guardarla para la siguiente toma.
- Calentar el biberón en el microondas. El microondas puede calentar de manera desigual y generar zonas a temperaturas muy elevadas, con riesgo de quemaduras. Si necesitamos templar el biberón, debemos hacerlo de manera uniforme y comprobar siempre la temperatura antes de ofrecérselo al bebé.
- No prestar atención a la conservación de la fórmula. El envase debe mantenerse bien cerrado, en un lugar fresco y seco y siguiendo las condiciones y el periodo de utilización indicados por el fabricante. El cacito debe permanecer limpio y completamente seco antes de volver a introducirlo en el envase.
