El síndrome genitourinario de la menopausia sustituye al feo término «atrofia vaginal» con el que hasta 2013 se conocía al conjunto de signos y síntomas asociados a la disminución de estrógenos que se produce en esta etapa. Este es el santo y seña para saber si has llegado a este puerto.
Durante la vida fértil de la mujer, los estrógenos actúan renovando de forma continua el epitelio, produciendo glucógeno y fibras elásticas y lubricando todas las estructuras. Se encargan del tono muscular (distensión/contracción), de la síntesis de colágeno y elastina que aporta el soporte estructural, así como de mantener un ambiente ácido del pH vaginal (pH 3.5-5) lo que dificulta el crecimiento de determinados microorganismos.
Cuando llega la menopausia y disminuyen los estrógenos séricos se producen una serie de cambios a nivel genital, urinario y del suelo pélvico que pueden llegar a repercutir en la calidad de vida de la mujer, produciendo el llamado síndrome genitourinario de la menopausia. Este síndrome, antes conocido como atrofia vaginal, engloba un conjunto de signos y síntomas asociados a esa disminución de estrógenos y otras hormonas sexuales propios de esta etapa vital de la mujer.
Síntomas que no pasan desapercibidos
Según explican los expertos de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), para el diagnóstico de este síndrome deben coincidir al menos dos de los siguientes síntomas; o uno de los signos urinarios y un síntoma. Además, deben ser considerados molestos y asociarse a la menopausia y no a otra causa.
- Sequedad vaginal: la disminución de la secreción vaginal es el síntoma más característico y considerado además como el más molesto, sobre todo por la falta de lubricación que se produce durante la actividad sexual, lo cual provoca dispaurenia (dolor en el coito).
- Esa falta de hidratación también produce picor e irritación.
- En ocasiones puede producirse sangrado postcoital, disminución del deseo sexual, sensación de dolor, ardor o molestia al orinar (disuria) y urgencia micciomal.
- Pérdida de pliegues vaginales y disminución de la elasticidad de la pared. la palidez o eritema, tejido frágil con petequias, la y el estrechamiento del introito.
- Pérdida de carúnculas himeneales: son restos de himen que se forman a medida que el himen cicatriza después de un desgarro producido por coitos, partos o traumatismos. El proceso de pérdida de estos restos del himen es natural y se asocia a la menopausia. Las carúnculas pueden cicatrizar, ulcerarse por cambios hormonales (como en la menopausia).
- Estenosis del introito: es el estrechamiento de la entrada de la vagina, causando dolor durante las relaciones sexuales o exámenes pélvicos, a veces asociado con sensación de desgarro o herida, e incluso hemorragia.
- Los signos urinarios incluyen el prolapso uretral (protrusión de la uretra fuera de su lugar cuyos síntomas comunes son sangrado vaginal, dificultad para orinar y una masa en la abertura vaginal), e infecciones urinarias frecuentes.
Hidratantes y lubricantes vaginales
- Los hidratantes vaginales mejoran la sequedad y el pH de la vagina, aunque carecen de efectos sobre el índice de maduración vaginal. Simulan las secreciones naturales dado que se absorben y se adhieren al revestimiento vaginal, disminuyendo el pH vaginal y manteniendo la humedad y el ambiente ácido.
- Los lubricantes vaginales se asemejan a las secreciones vaginales naturales por lo que están indicados en caso de molestias por sequedad vaginal especialmente si esta se presenta solo con las relaciones sexuales. Es mejor el uso de lubricantes con base de agua puesto que disminuyen los síntomas genitales en mayor medida y se asocian a una mejor respuesta sexual. Por el contrario, los lubricantes con base de aceite o silicona no están indicados al ser menos parecidos a las secreciones naturales.
- Los probióticos vaginales son útiles para prevenir infecciones vaginales de repetición y trastornos urogenitales.
Tratamiento con fármacos
Los tratamientos farmacológicos están indicados en aquellas pacientes con síntomas moderados y severos y cuando estas medidas no son suficientes. En casos moderados o intensos, el tratamiento de elección son los estrógenos locales (estradiol, estriol y promestrieno). Se presentan en crema, óvulos, comprimidos y anillos vaginales, con diferentes estrógenos y dosis. Si coexisten síntomas vasomotores que afectan la calidad de vida, la indicación es el tratamiento hormonal sistémico (ospemifeno), para los síntomas moderados o graves en mujeres postmenopáusicas que no cumplen los requisitos para recibir estrógenos vaginales. Las contraindicaciones de ospemifeno son los antecedentes personales de tromboembolismo venoso, un sangrado vaginal inexplicado o un cáncer de mama en tratamiento activo. Otros posibles tratamientos del SGM son el láser y la radiofrecuencia.
En comparación con la terapia hormonal sistémica, los estrógenos locales a dosis bajas son más seguros, se pueden usar a cualquier edad y evitan los efectos adversos asociados a la terapia sistémica como serían la proliferación endometrial, el sangrado uterino, el aumento de la tensión mamaria o el incremento del riesgo de cáncer de mama en su uso prolongado.
4 cambios en el estilo de vida
El tabaco, el alcohol o un índice de masa corporal mayor de 27 kg/m2 fomentan el déficit de estrógenos y con ello síntomas como la sequedad vaginal. Por ello, la SEGO recomienda reducir el alcohol y dejar de fumar (el tabaco aumenta el metabolismo estrogénico y se ha asociado a atrofia vaginal); mantener un peso adecuado y practicar ejercicio con regularidad; fomentar la actividad sexual y el uso de lubricantes, que pueden mejorar los síntomas vaginales, al aumentar el flujo sanguíneo vaginal y mejorrn la elasticidad y la lubricación; y por último, la realización de ejercicios de Kegel ayudan a fortalecer el suelo pélvico, aumentan el tono vaginal y la oxigenación de los tejidos pélvicos. Por el contrario, la SEGO no recomienda terapias alternativas como la homeopatía o la fitoterapia para el tratamiento de este síndrome, ya que los datos sobre la eficacia de estas terapias son escasos y la evidencia es insuficiente, incluyendo la evidencia sobre fitoestrógenos como las isoflavonas de soja.





