Un ictus es la interrupción del flujo sanguíneo al cerebro, que puede deberse a dos razones: al taponamiento de una arteria cerebral, lo que ocurre en la mayoría de los casos y se conoce como ictus isquémico, o a su rotura (ictus hemorrágico o vertido cerebral). En ambos casos se trata de una enfermedad aguda que afecta al cerebro y puede dejar secuelas a nivel cognitivo, motor y sensitivo, y la rapidez con la que se actúe determinará en gran medida el grado de discapacidad que pueda dejar a su paso. Si las lesiones que provoca son transitorias y el ictus se resuelve sólo, hablamos de un ictus isquémico transitorio o accidente cerebral transitorio (AIT) en el que no hay muerte neuronal. Si la obstrucción perdura, es un ictus establecido que puede ocasionar perjuicios irreversibles y permanentes en el cerebro (cuando se produce un ictus, por cada minuto que pasa mueren dos millones de neuronas).
Un ictus “en toda regla”
Así lo explican los expertos de la Fundación Ictus, quienes insisten en que, aunque tenga el apellido “transitorio”, sigue siendo un ictus en toda regla. “La única diferencia es que los síntomas duran menos de 24 horas, lo que no implica que no haya que actuar con celeridad”, explican, ya que la alteración repentina de la circulación de la sangre en el cerebro se produce de igual manera y constituye igualmente una emergencia médica, además de una advertencia seria de que existe un mayor riesgo de sufrir un derrame cerebral en el futuro, y de hecho el riesgo de accidente cerebrovascular es mayor durante las primeras 24 a 48 horas siguientes al accidente isquémico transitorio. En la mayoría de los casos los síntomas duran entre 1 y 2 horas.
Flujo de sangre “interruptus”
Entre las posibles causas del bloqueo de sangre al cerebro en un ictus transitorio están: un coágulo de sangre que bloquea temporalmente un vaso sanguíneo en el cerebro; un coágulo de sangre que viaja hacia el cerebro desde otro sitio del cuerpo (por ejemplo, desde el corazón, desde la arteria aorta o desde las arterias carótidas); el estrechamiento de un vaso sanguíneo en el cerebro; una lesión en los vasos sanguíneos; y/o tener la presión arterial alta, el principal factor de riesgo para los ictus transitorios y los accidentes cerebrovasculares en general. Otros factores de riesgo importantes son tener fibrilación auricular, diabetes, colesterol alto, antecedentes familiares de ictus, tabaquismo, consumo de alcohol y drogas y la edad. Las personas que tienen una enfermedad cardíaca o mala circulación en las piernas causadas por arterias estrechas también son más propensas a tener ictus transitorio o accidentes cerebrovasculares en general.
Síntomas temporales y reversibles
- Los síntomas de un accidente isquémico transitorio son idénticos a los de un accidente cerebrovascular isquémico, pero son temporales y reversibles. Por lo general duran entre 2 y 30 minutos o incluso hasta 2 horas, y después, desaparecen por completo.
- Debilidad repentina o parálisis en un lado del cuerpo (por ejemplo, la mitad de la cara, un brazo o una pierna, o la totalidad de un lado).
- Pérdida repentina de la sensibilidad, hormigueo o sensaciones anómalas en un lado del cuerpo.
- Dificultad repentina para hablar o para entender a los demás.
- Confusión repentina, con dificultad para comprender el lenguaje hablado incluso somnolencia o inconsciencia.
- Pérdida del equilibrio y coordinación o dificultad para caminar.
- Dolor de cabeza repentino y severo.
- Oscurecimiento súbito de la visión, vista borrosa o pérdida de la visión, particularmente en un solo ojo.
- Mareo repentino.
- Falta de control de esfínteres.
¡Ponte en guardia!
Entre el 20% y el 40% de las personas que sufren un accidente isquémico transitorio sufren poco después un ictus con todas sus consecuencias, sobre todo en los primeros días, por lo que deberá recibir tratamiento antiagregante o anticoagulante de por vida para para prevenir la formación de coágulos sanguíneos y evitar la aparición de un nuevo episodio.
Además, el control de los factores de riesgo cardiovascular a través de la dieta, la actividad física y el mantenimiento de un peso adecuado, el abandono del tabaquismo, el control del colesterol, el control de la diabetes y el control de la tensión arterial serán fundamentales para reducir el riesgo de repeticiones. El tratamiento para un ictus transitorio puede incluir medicamentos para reducir el colesterol; tratamiento de afecciones subyacentes, como la fibrilación auricular; y en algunos casos, procedimientos para eliminar o reducir el estrechamiento de los vasos sanguíneos como la colocación de stents en las carótidas. En pacientes con riesgo de desarrollar coágulos en el interior del corazón, estará indicado el tratamiento antiagregante con aspirina o el tratamiento anticoagulante (el conocido Sintrom), en función de determinadas características que se analizan dentro del apartado de fibrilación auricular.





