Las personas con disfagia orofaríngea, la más común de las disfagias, tienen un riesgo de aspiración de los alimentos que puede comprometer los pulmones y provocar una neumonía por aspiración. Los profesionales de la SEEN y la SEORL-CCC nos conminan a estar atentos a los síntomas de manera temprana y recalcan la importancia de cuidar de forma meticulosa la higiene oral para evitar que las bacterias de la boca pasen a la vía respiratoria, incrementando el riesgo de neumonía.
La capacidad para masticar, tragar y que el alimento llegue al estómago de forma segura exige la activación coordinada de músculos, nervios y estructuras respiratorias. Cuando alguna de estas estructuras falla, se produce la disfagia, que es la dificultad para trasladar el alimento desde la boca hasta el estómago. Puede ser orofaríngea (la más frecuente y que representa casi el 80% de los casos) o esofágica. La disfagia orofaríngea es una alteración de estructuras tan complejas como la boca, la lengua, la faringe y la laringe, que compromete no solo la capacidad de alimentarse, sino también la salud respiratoria y la calidad de vida, pudiendo desembocar en malnutrición, deshidratación, atragantamientos graves y neumonías por aspiración. “Hasta un 50% de los pacientes que presentan aspiración desarrollan neumonía, siendo la complicación más temida de la disfagia, ya que constituye 5-15% del total de las neumonías adquiridas y puede tener una mortalidad asociada del 50%”, explica la doctora Emilia Cancer Minchot, vocal de Asistencia de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y miembro del Área de Nutrición de la sociedad.
Atentos a…
*Por la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) y la SEEN.
- Tos repetida al tragar. Aunque la tos al comer suele interpretarse como un acto reflejo sin importancia o un simple “despiste”, los especialistas recuerdan que “cuando este síntoma se repite con frecuencia puede reflejar una descoordinación en los mecanismos que garantizan que el alimento avance de manera segura hacia el esófago”.
- Cambios en la calidad de la voz.
- Desaturación (disminución significativa del nivel de oxígeno).
- Sensación persistente de alimento atascado, lo que se conoce como impactación de los alimentos.
- Voz húmeda tras las ingestas.
- Incapacidad para mantener el bolo alimenticio en la boca y/o para realizar el sello labial o babeo.
- Pérdida de peso inexplicada.
- Fatiga durante las comidas.
- Necesidad creciente de triturar los alimentos o evitar líquidos.
- Infecciones respiratorias de repetición, que pueden ocasionar una neumonía aspirativa de graves consecuencias si la deglución no se produce de forma segura.
- Deshidratación o desnutrición frecuentes.
El diagnóstico precisa de una endoscopia de la deglución o la videofluoroscopia, que permitan identificar con precisión la fase alterada del proceso.
Un síntoma con múltiples causas
Conocer el origen específico permite elegir el tratamiento más adecuado, que hoy puede incluir desde rehabilitación logopédica intensiva, maniobras de compensación, adaptación de la textura de los alimentos y estimulación neuromuscular, hasta intervenciones quirúrgicas o dispositivos que mejoran el cierre laríngeo. Las causas de la disfagia orofaríngea suelen agruparse en tres categorías principales:
- Alteraciones musculares, donde la pérdida de fuerza o coordinación del aparato deglutorio, muy común con la edad, lo que aumenta el riesgo de aspiración.
- Trastornos neurológicos, que afectan directamente los centros cerebrales responsables de la secuencia de tragar. De hecho, aunque “la disfagia es habitual hasta en una de cada cinco personas mayores, este porcentaje se eleva significativamente en pacientes con enfermedades neurológicas como ictus, párkinson, esclerosis múltiple, ELA o demencias”, explican desde la SEORL-CCC.
- Lesiones, cicatrices o inflamaciones en faringe y laringe derivadas de tumores, radioterapia, cirugías previas, traumatismos o infecciones.
Hábitos sencillos que ayudan
- Masticar despacio.
- Dividir los alimentos en trozos pequeños.
- Mantener una adecuada hidratación para facilitar la movilidad del bolo alimentario.
- Evitar distracciones o conversaciones mientras se come.
- Cuidar de forma meticulosa la higiene oral. Esta última medida es fundamental, ya que las bacterias de la boca pueden pasar a la vía respiratoria cuando existe aspiración, incrementando el riesgo de neumonía.
- “El tratamiento puede ser compensatorio, rehabilitador o una combinación de ambos, e incluye: adaptación de texturas y viscosidades (evitando alimentos con grumos, pegajosos, duros o con líquido en su interior), posturas seguras durante la ingesta, espesantes y aguas gelificadas para garantizar la hidratación, menaje adaptado, supervisión del cuidador y ejercicios de deglución y rehabilitación muscular”, explican desde la SEEN.
- Además, cuando la alimentación por vía oral no es segura o existe desnutrición y/o sarcopenia, es necesaria una intervención nutricional especializada. “Es imprescindible una estrategia multidisciplinar que incluya la colaboración de endocrinólogos, otorrinolaringólogos, rehabilitadores, logopedas, geriatras, digestivos, neurólogos y oncólogos”, finalizan desde la SEEN.





