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Home Enfermedades ¿Golpe de calor o ictus? Una confusión propia del verano que puede costarte la vida

¿Golpe de calor o ictus? Una confusión propia del verano que puede costarte la vida

por Redacción Consejos

Dificultad para hablar, pérdida de fuerza en un lado del cuerpo o alteraciones repentinas de la visión son síntomas que requieren atención inmediata, también durante los meses de verano

El verano puede hacer que algunas señales de alarma pasen desapercibidas. Una persona que comienza a hablar con dificultad después de pasar varias horas en la playa puede pensar que se debe al calor o a la deshidratación. Lo mismo puede ocurrir ante una pérdida repentina de fuerza en un brazo tras realizar ejercicio a altas temperaturas. Sin embargo, estos síntomas también pueden ser la manifestación de un ictus, y esperar a que desaparezcan puede retrasar una atención médica en la que cada minuto cuenta.

Desde el Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista (GENI) advierten de la importancia de reconocer los principales signos de alarma y no atribuirlos automáticamente a las condiciones propias del verano.

Hablar con dificultad o perder fuerza: señales de alarma

Entre los síntomas que deben hacer sospechar de un ictus se encuentran la dificultad repentina para hablar o comprender, la pérdida de fuerza o sensibilidad en un brazo o una pierna, la desviación de la boca y las alteraciones repentinas de la visión.

El doctor Eduardo Bárcena, neurorradiólogo intervencionista, señala que ante cualquiera de estas manifestaciones es fundamental actuar con rapidez. No se debe esperar para comprobar si los síntomas mejoran, ya que el retraso puede reducir las posibilidades de aplicar determinados tratamientos y favorecer la aparición de secuelas.

Ante una sospecha de ictus, la recomendación de los especialistas es llamar al 112, en lugar de trasladar al paciente por medios propios. Los servicios de emergencias pueden activar el protocolo correspondiente y facilitar que la persona llegue al centro sanitario adecuado en el menor tiempo posible.

Cada ictus requiere un tratamiento diferente

No todos los ictus tienen el mismo origen ni pueden tratarse de la misma manera. Como explica Manuel Requena, doctor y miembro de GENI, antes de decidir la intervención es necesario determinar el tipo de ictus, conocer la gravedad y realizar pruebas de imagen que permitan establecer cuál es la estrategia terapéutica más adecuada.

La atención tampoco termina con el tratamiento inicial. Una vez realizada la intervención, el paciente necesita recibir cuidados especializados que favorezcan su recuperación y reduzcan el riesgo de complicaciones.

Las carótidas también pueden estar detrás del problema

Una de las causas relacionadas con el ictus isquémico es la estenosis carotídea, un estrechamiento de las arterias carótidas que puede dificultar el flujo sanguíneo hacia el cerebro. Antonio Lorenzo, doctor del Hospital General Universitari de Castelló, señala que esta alteración está detrás de entre el 10% y el 20% de los ictus isquémicos.

En determinados pacientes pueden utilizarse técnicas de revascularización, como la endarterectomía carotídea, el stent carotídeo o la revascularización transcarotídea, con el objetivo de reducir el riesgo de nuevos episodios.

Prevenir el ictus también está en nuestras manos

Aunque no todos los factores de riesgo pueden modificarse, una parte importante de la prevención está relacionada con los hábitos de vida y el control de determinados problemas de salud.

No fumar, moderar el consumo de alcohol, mantener controladas la tensión arterial, la glucosa y el colesterol, seguir una alimentación saludable y practicar ejercicio físico de forma habitual son algunas de las medidas que ayudan a reducir el riesgo de sufrir un ictus.

Durante el verano, además, conviene prestar especial atención a los síntomas neurológicos repentinos. El calor, el cansancio o la deshidratación pueden explicar determinadas molestias, pero no deben utilizarse para justificar una pérdida brusca de fuerza, una alteración del habla, una desviación de la boca o un problema repentino de visión.

Ante estas señales, actuar rápido puede marcar la diferencia entre una recuperación favorable y unas secuelas permanentes.

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