Sol, tardes de piscina y escapadas al río o la playa pueden traerse a casa invitados no deseados. Y es que algunas especies de hongos ven en el verano el momento y la temperatura perfecta para multiplicarse en nuestros tejidos.
El calor del verano lo cambia todo: dejamos de lado los zapatos cerrados, sudamos más, vamos a la playa, estamos más tiempo en contacto con ropa húmeda, caminamos descalzos por el césped… y nuestra piel lo nota. La combinación de calor, humedad y roces es el caldo de cultivo perfecto para la aparición de infecciones fúngicas, tan comunes en esta época del año como molestas.
Aunque solemos asociarlos solo a los pies, la realidad es que pueden aparecer en otras zonas del cuerpo como en las uñas de las manos, zona vulvovaginal, axilas o incluso bajo el pecho. Y si además tienes alguna condición que afecta a tu sistema inmunológico, como la diabetes, es fundamental tener un poquito más de cuidado.
¿Qué tipo de infecciones fúngicas son las más frecuentes?
Existen muchos tipos distintos de infecciones causadas por hongos (también llamadas micosis), pero los más comunes en verano son:
- Tinea pedis o pie de atleta (afecta a los pies)
- Candidiasis (en pliegues y mucosas)
- Onicomicosis (en uñas de los pies y de las manos)
No siempre se presentan igual, pero los síntomas más frecuentes incluyen picor, enrojecimiento, irritación, descamación, fisuras o mal olor. Y si afectan a las uñas, estas pueden adquirir un color más amarillento, engrosarse y/o volverse quebradizas.
¿Por qué proliferan más los hongos en verano?
Durante los meses de calor sudamos más, llevamos calzado cerrado durante horas, pasamos más tiempo en contacto con prendas de ropa que están mojadas como el traje de baño o incluso, vestimos con ropa ajustada que no transpira bien. Todo esto crea un ambiente húmedo y cálido en el que los hongos se sienten como en casa.
Algunas situaciones que, sin darnos cuenta, favorecen la aparición de hongos son:
- Compartir duchas o vestuarios públicos sin calzado.
- No secarse bien entre los dedos de los pies o los pliegues.
- Usar calzado cerrado todo el día.
- Llevar trajes de baño mojados durante horas.
- No utilizar ropa de material traspirable.
- Aplicar cremas sin dejar que la piel se seque del todo.
- Realizarse tratamientos estéticos en las uñas de las manos que las debiliten (como la manicura semipermanente, acrílica o en gel) durante largos periodos de tiempo.
- La toma de tratamientos farmacológicos como, por ejemplo, antibióticos.
Consejos farmacéuticos para prevenirlas
- Seca bien tu piel tras los baños, especialmente entre los dedos, ingles y pliegues.
- Usa ropa interior de algodón y tejidos transpirables.
- Evita andar descalzo en zonas públicas como piscinas o gimnasios.
- No compartas toallas ni calzado.
- Si usas calzado cerrado, déjalo airear y, si es necesario, emplea productos específicos en polvo o crema que impidan la proliferación de estos microorganismos.
- Si tus uñas han pasado por muchos tratamientos estéticos o notas que están débiles, una pausa de 2-3 semanas sin esmaltes ni productos agresivos, puede ayudar a que se fortalezcan de forma natural.
- Fortalece tu sistema inmune a través de la alimentación, el ejercicio y el descanso de calidad.
- Toma de probióticos específicos para tratar la alteración de flora asociada a la toma de antibióticos.
¿Qué tipo de pacientes deben tener un cuidado extra?
En general, personas con el sistema inmune comprometido o los pacientes diabéticos, deben estar especialmente atentos a posibles infecciones por hongos. Los niveles altos de azúcar en sangre crean un entorno más favorable para que proliferen algunas especies, y además su sistema defensivo puede no responder con la misma eficacia. Esto, junto con una posible disminución en la circulación —sobre todo en los pies—, hace que pequeñas infecciones puedan complicarse más de lo esperado. Por eso, ante los primeros síntomas, mejor no esperar: en la farmacia podemos ayudarte a identificarlos y aconsejarte cómo actuar desde el primer momento.
Y si sospecho que ya “tengo hongos”, ¿qué puedo hacer?
Lo primero es consultar lo antes posible en tu farmacia más cercana o con tu médico de cabecera para confirmarlo. No todas las infecciones fúngicas se tratan igual y, además, el tratamiento dependerá del tipo de microorganismo y de la zona afectada.
Un error muy frecuente que detectamos es el incumplimiento del tratamiento como es debido. Muchas veces parece que, al desaparecer los síntomas, ya no hay infección. Sin embargo, es fundamental seguir el tratamiento el tiempo indicado, aunque parezca que ya ha curado. Los hongos se reproducen por esporas, que son microscópicas y mucho más resistentes, lo que hace que eliminarlos del todo requiera mucha constancia en el cumplimiento del tratamiento. De lo contrario, al darse de nuevo las condiciones adecuadas, podrían volver a crecer.
El verano es una época ideal para disfrutar, pero también lo es para ciertos hongos que encuentran en el calor y la humedad su ambiente perfecto. La buena noticia es que, con una higiene adecuada, algo de prevención y consultando ante los primeros síntomas, podemos evitar que vayan a más. Y recuerda: si tienes dudas, en tu farmacia de confianza estamos para ayudarte a detectar, tratar y cuidar, también en verano.
