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Home EnfermedadesCáncer 19 de octubre, Día Mundial del Cáncer de Mama: guía farmacéutica de cuidados dermatológicos

19 de octubre, Día Mundial del Cáncer de Mama: guía farmacéutica de cuidados dermatológicos

por Miguel Montero Moreo
consejos del farmacéutico para la piel en pacientes oncológicos

Cuando una persona recibe un diagnóstico de cáncer de mama, la prioridad es siempre el tratamiento médico. Sin embargo, cuidar correctamente la piel, las uñas, las mucosas y el cabello puede ayudar a prevenir molestias, aliviar determinados efectos secundarios y mantener el bienestar y la calidad de vida durante el proceso.

Por Miguel Montero Moreo, vocal de Dermatología del COF de Zaragoza

Los tratamientos oncológicos pueden provocar sequedad, sensibilidad, picor, irritación, manchas, alteraciones en las uñas o molestias en manos y pies. Muchas de estas reacciones pueden prevenirse o controlarse mediante cuidados sencillos y constantes, por lo que es recomendable comenzar a cuidar la piel desde el inicio del tratamiento, sin esperar a que aparezcan los primeros síntomas. La cosmética oncológica debe entenderse como una herramienta complementaria de cuidado y acompañamiento, nunca como un sustituto de las indicaciones médicas.

Antes de comenzar el tratamiento

Siempre que sea posible, conviene realizar algunas medidas preventivas. Es recomendable revisar pies y uñas, especialmente si existen heridas, durezas o uñas encarnadas, y mantener las uñas cortas y limpias sin retirar las cutículas. También es muy aconsejable realizar una revisión bucodental para detectar caries, infecciones o problemas de encías antes de iniciar el tratamiento, informando siempre al dentista de la situación oncológica.

  1. Limpiar e hidratar la piel con suavidad: Durante el tratamiento, el objetivo de la higiene debe ser limpiar sin alterar la barrera protectora de la piel. Se recomiendan duchas cortas con agua templada, limpiadores suaves tipo syndet y evitar jabones agresivos, perfumes, alcohol, esponjas ásperas o guantes de crin. Después de la ducha, la piel debe secarse mediante pequeños toques, sin frotar, y aplicar una crema hidratante sin perfume al menos dos veces al día. Ingredientes como glicerina, ceramidas, pantenol, niacinamida o urea en concentraciones adecuadas pueden resultar interesantes, aunque esta última puede producir escozor cuando la piel está muy irritada o presenta lesiones. En caso de radioterapia, la hidratación de la zona tratada debe seguir siempre las indicaciones del servicio de oncología radioterápica, respetando el intervalo recomendado entre la aplicación del producto y cada sesión.
  2. Evitar aquello que pueda irritar la piel: La piel sometida a determinados tratamientos oncológicos puede tolerar peor el roce, el calor y algunos ingredientes cosméticos. Por ello, conviene evitar perfumes, alcohol, exfoliantes, retinoides, ácidos y otros activos potencialmente irritantes salvo indicación profesional. También se recomienda utilizar ropa holgada y transpirable y evitar fuentes intensas de calor o frío sobre la zona irradiada. Durante la radioterapia de mama puede resultar más cómodo utilizar un sujetador suave, sin aros ni costuras, siempre que no provoque roce. No deben utilizarse cuchillas, cera, adhesivos o esparadrapos sobre la piel irradiada. Si la piel está irritada o abierta, también puede ser necesario evitar las piscinas con cloro.
  3. Fotoevitación durante todo el año: Algunos tratamientos pueden aumentar la sensibilidad de la piel frente a la radiación solar, favoreciendo quemaduras, irritación y alteraciones de la pigmentación. La protección debe combinar diferentes estrategias: utilizar diariamente un fotoprotector de amplio espectro  (UVA/UVB, luz azul e IR-A) SPF 50+ en las zonas expuestas, aplicar una cantidad suficiente y renovarlo cuando sea necesario, además de utilizar ropa, sombrero, gafas de sol y buscar la sombra. También deben evitarse las horas de mayor intensidad solar y las cabinas de bronceado. La piel que ha recibido radioterapia puede permanecer especialmente sensible al sol incluso después de finalizar el tratamiento, por lo que debe continuar protegiéndose a largo plazo.
  4. Reconocer las reacciones y actuar desde el principio: Avisar pronto ante cualquier alteración permite tratarla cuando todavía es leve. Durante la radioterapia pueden aparecer enrojecimiento, tirantez, picor, quemazón, sequedad, descamación o dolor. En reacciones más intensas pueden aparecer ampollas, erosiones o supuración, que deben ser valoradas por el equipo sanitario. La quimioterapia, las terapias dirigidas y la inmunoterapia también pueden producir sequedad intensa, picor o erupciones similares al acné. En estos casos no deben utilizarse tratamientos habituales para el acné por iniciativa propia, ya que retinoides, exfoliantes o concentraciones elevadas de ácidos podrían empeorar la irritación. Algunos medicamentos pueden provocar además síndrome mano-pie, caracterizado por enrojecimiento, hormigueo, inflamación, descamación o dolor en palmas y plantas. Para reducir las molestias se recomienda hidratar frecuentemente, evitar el agua caliente, disminuir el roce y la presión y utilizar calzado cómodo. Los primeros síntomas, especialmente si existe dolor, deben comunicarse al equipo médico. 

Uñas, boca y cabello

  • Las uñas pueden debilitarse, cambiar de color o desprenderse parcialmente. Conviene mantenerlas cortas, limpias e hidratadas, no retirar las cutículas y evitar uñas artificiales y manicuras agresivas. Cualquier inflamación, dolor, secreción o separación de la uña debe consultarse.
  • La boca también puede sufrir sequedad, sensibilidad o aparición de llagas. Es importante mantener una higiene cuidadosa con un cepillo suave, evitar colutorios con alcohol e hidratar los labios. Las lesiones que dificulten comer, beber o tragar deben ser valoradas por el equipo sanitario.
  • El cabello puede debilitarse, cambiar de textura o caer, y el cuero cabelludo puede volverse más seco y sensible. Se aconseja utilizar champús suaves y agua templada y reducir secadores calientes, tintes y decoloraciones. Si existe pérdida de cabello, el cuero cabelludo descubierto debe protegerse del frío y del sol. No deben iniciarse suplementos o tratamientos anticaída sin consultar previamente con oncología.

Saber cuándo consultar

 Es importante contactar con el equipo sanitario ante heridas, ampollas, supuración, dolor creciente, signos de infección, erupciones que se extienden rápidamente, picor intenso, lesiones importantes en manos o pies, problemas alrededor de las uñas o llagas bucales que dificulten comer o beber. La hinchazón de la cara o la dificultad para respirar requieren también atención sanitaria urgente.

Una rutina personalizada para cada paciente

No todas las personas reciben los mismos tratamientos ni presentan las mismas reacciones. Un cosmético apropiado para una piel seca e intacta puede no ser adecuado cuando existen heridas, radiodermitis intensa o determinadas erupciones. Por ello, antes de utilizar un producto nuevo sobre una lesión o una zona irradiada, es recomendable consultar con oncología, enfermería, dermatología o farmacia y evitar remedios caseros, aceites esenciales o productos supuestamente naturales cuya seguridad no haya sido valorada.

Cuidar la piel durante el tratamiento del cáncer de mama no es una cuestión puramente estética. Puede ayudar a reducir el picor, la tirantez y otras molestias, prevenir complicaciones y mejorar el bienestar cotidiano. 

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