Las bajas temperaturas, el viento, la exposición al sol, la polución? sólo tienes que salir a la calle para que los enemigos externos de tu piel se ensañen con ella
Además de esto, la genética y la edad también tienen su rol como agentes agresores internos perfectamente justificado. No es lo mismo una piel deshidratada con 20 años que con 50, entre otras cosas porque con la edad la disminución de la tasa hormonal entraña una disminución en la producción de sebo. Lo que está claro es que una piel apergaminada, seca, llena de surcos y sin brillos es sinónimo de piel deshidratada y una promesa de envejecimiento prematuro. Tanto es así, que la pieza que encaja en todos los puzzles de la cosmética es la hidratación. De hecho, la mayoría de las cremas nutritivas y antiarrugas y cada vez más, los geles de baño y los jabones, añaden un elemento hidratante en su composición.
La hidratación natural
Imaginemos nuestra piel como un circuito cerrado. El agua que se pierde por la acción de los agentes internos y externos que la agreden, debe ser suministrada a fin de encontrar el punto exacto entre hidratación y deshidratación: una relación de fuerzas opuestas que varía en función del tipo de piel y del estilo de vida que llevemos.La deshidratación que provocan los agentes externos afecta fundamentalmente a las capas más externas de la piel, mientras que una mala alimentación, un aporte insuficiente de agua o situaciones prolongadas de estrés, por ejemplo, se acusa más en las capas internas, las cuales no cuentan con las reservas necesarias para nutrir a las capas más superficiales.
Tres en una
La piel está compuesta en un 70 % de agua, es decir, el 25-35 % del contenido hídrico total de nuestro organismo. Repartida en tres capas, la dermis, la epidermis y la capa córnea, unas capas van cediendo agua a las otras. Concretamente la dermis, que es la capa más profunda de la piel, es la reserva hídrica de la que se nutren las capas más superficiales. Gracias a ella, se aseguran la turgencia y las propiedades biomecánicas para la extensión y recuperación de fibras como el colágeno y la elastina. La epidermis es la capa intermedia por la que se pierde agua por el fenómeno conocido como perspiración insensible. La epidermis solicita a la dermis el agua necesaria para reponer la pérdida y asegurar el buen funcionamiento de la capa córnea. Por último, la capa córnea es una finísima capa compuesta por células y lípidos. Es la capa más expuesta a las inclemencia de los agentes externos, y por lo tanto, de ella depende la protección de la piel frente al medio ambiente. Precisamente por ello esta capa cuenta con una película hidrolipídica que lo plastifica.
Hidratada en 8 pasos




