Aunque la mayoría de los médicos de atención primaria conoce la adaptación española y el contenido de las guías europeas de prevención cardiovascular que elabora el Comité Español Interdisciplinario para la Prevención Cardiovascular (CEIPC), la realidad es que sólo un tercio utiliza estas guías en la práctica clínica de forma habitual y menos de la mitad usa herramientas de evaluación del riesgo cardiovascular con sus pacientes. Esta es la principal conclusión de un estudio presentado hoy en el marco de las V Jornadas del CEIPC, que se celebran hoy en colaboración con el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad y el Instituto de Salud Carlos III, y que están centradas en la prevención cardiovascular, sus barreras y oportunidades.
Como afirma el doctor José María Lobos, coordinador del CEIPC y uno de los autores de este estudio, “más de la mitad de los médicos de atención primaria no evalúa el riesgo cardiovascular. Cuatro de cada cinco lo justifican por el limitado tiempo del que disponen en consulta”. Pero, además, estos profesionales se muestran a menudo escépticos ante las recomendaciones de las guías. “Esto se debe, según ha referido el 70% de los médicos evaluados, a la disponibilidad de muchas guías y la coexistencia de directrices dispares”, apunta el doctor Lobos.
Teniendo en cuenta que las enfermedades cardiovasculares (ECV) encabezan el ranking de mortalidad en España con más de 300 muertes diarias, que representan un tercio del total de defunciones en nuestro país, “el hecho de que los médicos del primer nivel asistencial tengan dificultades para aplicar las recomendaciones de prevención cardiovascular en sus pacientes es un problema. Sabemos que la prevención es responsable de más de la mitad de la reducción de mortalidad por cardiopatía isquémica observada en los últimos 20 años en muchos países”, destaca el coordinador del CEIPC.
Es precisamente en la modificación de estilos de vida donde pone el acento la Guía Europea de Prevención Cardiovascular del CEIPC. Tal y como explica el doctor Lobos “hasta ahora no se había puesto demasiado énfasis en los cambios en el estilo de vida porque nos habíamos centrado más en el control farmacológico de los factores de riesgo, penalizando en cierta medida a las intervenciones no farmacológicas por el menor nivel de evidencia científica que presentan, lo que está justificado porque no es fácil realizar ensayos clínicos que las evalúen de forma apropiada”.
En definitiva, los expertos reunidos hoy en Madrid apuestan por atacar los problemas desde la base, y así lo han reflejado en la guía del CEIPC. “Si tenemos un paciente hipertenso o diabético podemos tratarle farmacológicamente, pero si no abordamos el problema de base, es decir, la obesidad, el sedentarismo o la mala alimentación, en realidad, sólo estaremos actuando sobre un factor de riesgo, no sobre el riesgo cardiovascular global”, apunta el Dr. Miguel Ángel Royo-Bordonada, Coordinador del CEIPC. No obstante, reconoce que “cada vez hay más sobrecarga y menos tiempo para la prevención en las consultas y a ello hay que añadir la dificultad de los pacientes para adoptar hábitos de vida más saludables: las personas sanas tienen poca o nula percepción del riesgo de enfermar y a los mayores les cuesta cambiar hábitos fuertemente arraigados”.
Barreras en la administración de los nuevos anticoagulantes orales
Pero en esta V Jornada Científica del CEIPC también se ponen de relieve otro tipo de barreras que dificultan la prevención y el manejo de las patologías cardiovasculares. Es el caso, por ejemplo, de la administración de las últimas aportaciones terapéuticas en la prevención del ictus. Y es que “en lo que respecta al tratamiento para prevenir el ictus, los nuevos anticoagulantes orales son, probablemente, el avance más relevante en las últimas décadas. Sin embargo, nos encontramos con muchas barreras administrativas para hacer llegar esta innovación tan esperada a nuestros pacientes. De tal forma que, actualmente, en España menos de un 10% de los pacientes anticoagulados lo están con estos nuevos fármacos”, señala el doctor José Vivancos, del Servicio de Neurología y la Unidad de Ictus del Hospital Universitario de La Princesa, en Madrid.
Los nuevos anticoagulantes orales son, según los especialistas, fármacos muy esperados por los pacientes con fibrilación auricular no valvular y por los médicos que les tratan porque “los medicamentos que tenemos en este momento –los dicumarínicos- que son muy buenos fármacos, tienen un manejo muy complicado y, además, riesgos relevantes en cuanto a posibles efectos adversos”, explica el doctor Vivancos. “Estos nuevos fármacos son más eficaces y seguros y, además, más fáciles de manejar tanto por el médico que los prescribe como por el paciente que los toma porque no precisan la realización de controles periódicos del nivel de anticoagulación, por tanto, no necesitan cambios y ajustes de dosis”.
Pero a pesar de estas ventajas, los profesionales sanitarios se encuentran con grandes limitaciones a la hora de prescribir estos nuevos anticoagulantes orales dentro del sistema público de salud, por las restricciones para el reembolso de su coste. Tal y como señala el doctor Vivancos: “no podemos prescribir libremente estos tratamientos aprobados para su uso en pacientes con fibrilación auricular no valvular que cumplan unos determinados criterios, y que es lo que se indica en sus fichas técnicas, sino que, además hemos de cumplir otros criterios que varían en función de la comunidad autónoma”. Poniendo sobre la mesa esta realidad en la jornada del CEIPC, el único objetivo que persiguen los especialistas es poder disponer y poner a disposición de los pacientes aquellos tratamientos que, estando a su alcance, como es el caso de los nuevos anticoagulantes orales, les ayuden a evitar una enfermedad tan prevalente como el ictus y que, además de altas tasas de mortalidad tiene unos elevadísimos costes sanitarios como la enfermedad que, con mayor frecuencia, crea una dependencia o discapacidad grave.





