Entre acordes, conciertos y grabaciones, David DeMaría ha aprendido que la verdadera salud no solo está en vitaminas y cuidados físicos, sino en el equilibrio emocional y en saber disfrutar de las pequeñas cosas. En esta charla con nuestra revista, el artista nos abre las puertas de su estudio, donde habla de su paternidad, sus sueños, la música que cura el alma y hasta su fascinación por las farmacias, esas “boutiques de bienestar” donde encuentra su cuidado personal.
David, su nuevo disco ya está aquí. Si tuviera que describirlo ¿cómo lo haría?
La Puerta Mágica.
Eso no vale, que es el título (entre risas).
Pero ¿sabes qué? En realidad, no hay ninguna canción que se llame La Puerta Mágica en el disco. La Puerta Mágica es la idea que lo engloba todo. Hasta ahora, casi todos mis discos tenían una canción que les daba título: Barco de Papel, Relojes de Arena… En Capricornio no había un tema con ese nombre, pero el concepto era claro: mi signo y canciones dedicadas a distintos horóscopos. Al final, siempre hay un título que resume el espíritu del álbum. En este caso, creo que tiene que ver con volver a sentirme un chaval joven con cincuenta “tacos”. Este nuevo disco refleja mucho el ambiente que me rodea ahora mismo. He compuesto el disco mientras convivía con un niño que entonces tenía siete, ocho, nueve años, y con todos sus amigos. Ellos han sido los primeros en escuchar las canciones, y creo que, por eso, este trabajo tiene tanta chispa y energía. Así que, si tuviera que resumirlo, diría que va de eso, de poner el cuentakilómetros a cero en renovación de energías, de abrir una puerta y de dar frescura y juventud a la producción musical.
Y si fuera un “remedio” ¿qué fórmula le daría?
Pues sería como el que se recibe después de haber superado accidentes emocionales. Una especie de antídoto para dejar atrás los constipados sentimentales en el pasado (entre risas).
Lleva años en la música y su estilo ha evolucionado mucho sin dejar de seguir siendo el mismo. ¿Qué le ha funcionado como “rutina diaria” para mantener la energía y la creatividad?
Sin duda, el orden que me dio la paternidad. Esa autodisciplina que aprendí al ser padre. Antes era bastante desastre, un poco caótico; me dejaba llevar por demasiadas cosas, por contentar a demasiada gente, incluso a costa de descuidar mi propia salud. La paternidad me ordenó, me reordenó por completo el sistema de vida. Ese día a día es el que hoy me hace despertarme temprano, desayunar bien, entender que el día es mucho más largo y aprender a aprovechar mejor las horas. Yo soy de los que puede decir que la paternidad le salvó.
¿Qué ha sido lo mejor y lo peor que ha vivido estos años?
Con la industria musical y todo el ruido que la rodea, lo peor es sentir que a veces a los artistas nos tratan como si fuéramos “la bolsa”: un producto que sube y baja según las tendencias y las modas. Que existe poca lealtad y poca fidelidad al artista, sobre todo por parte de la industria. Mientras estás en el momento en el que encajas y das resultados, te apoyan, te exprimen y se aprovechan, muchas veces olvidando que detrás de cada fecha, de cada promoción y de cada acción hay una persona. Y cuando decides apostar por el largo recorrido, por ser dueño de tus tiempos y de tu camino, la industria suele virar la mirada hacia la siguiente tendencia. Hay muy poca memoria con los artistas. Quizás, lo más duro, es que intenten jubilarte demasiado pronto, justo cuando estás más maduro y tienes más cosas que contar, y de una forma más honesta y profunda. Y lo mejor, sin duda, es poder seguir haciendo canciones, seguir dando conciertos y sentir que hay un público que te espera, que te trata con cariño y respeto al artista, al músico, al cantante… saber que formas parte de la vida de muchas personas, en distintas etapas y generaciones. Más allá de estilos y modas, lo más bonito es haberte quedado en el corazoncito, creo yo, de dos o incluso tres generaciones. Tengo la suerte de que, con este disco, puedo subirme al coche y ponérselo a los amigos de mi hijo. Son ellos los que me dicen: “¡Pon el Príncipe Blue, pon Nuestro Mundo!”, porque empieza cantando Leo (su hijo). Y eso me hace sentir muy bien: más allá de a cuánta gente le guste, me satisface haber hecho un disco que también le gusta a un niño, que no está contaminado, ni obligado a seguir tendencias, estilos musicales o la radio fórmula. Cuando un niño escucha una canción, su reacción es noble y sincera: le gusta o no le gusta, sin condicionamientos. No como en las generaciones mayores, donde parece que, si no escuchas al artista de moda, quedas fuera de juego de tu pandilla. Yo creo que la música debería ser eso, una especie de medicina de placebo personal, donde eliges libremente, sin que nadie te diga qué está bien escuchar o qué es lo que “mola”. Y este disco busca eso.
“La paternidad me ordenó, me reordenó por completo el sistema de vida. Yo soy de los que puede decir que la paternidad le salvó”
Cada canción tiene su propio carácter. ¿Hay alguna que considere la “vitamina” del disco?
La que está por escribirse… No, de toda mi carrera, aunque no sea yo quien la popularicé, creo que Niña Piensa en Ti es algo muy cercano a un himno. Ha conseguido superar generaciones y, sin duda, Precisamente Ahora. Sigo levantando el micrófono con esa canción —No me llores más— y ya sea en España o Latinoamérica, el público responde cantando Preciosa mía. Esa canción ha superado estilos, tendencias y etapas; ha pasado de generación en generación. Hay chavales jóvenes que ni siquiera han escuchado a David DeMaría en su vida, pero el estribillo de esa canción sí lo conocen. Imagino que es algo parecido a lo que ocurre con Bailar Pegado de Sergio Dalma o El Corazón Partío de Alejandro Sanz. Son “canciones himno”, que no necesariamente son las mejores para mí, pero sí las más importantes.
Mirando atrás, ¿qué consejo le daría al David más joven que empezaba en la música?
Me diría que estuviera más atento a lo que es un derecho de autor, a cómo distribuir la editorial, que abriera más los correos y revisara las liquidaciones de cada concierto… Me gustaría no haber delegado tanto ni confiado ciegamente, sino haber estado más al pie del cañón y con las riendas de esa parte burocrática, que a mí nunca me ha interesado. De hecho, todavía no me interesa demasiado, pero con la edad —igual que cuando tienes que darle medicación a un niño y tienes que medir con precisión cada dosis— debería haber hecho lo mismo con mis números y la burocracia. Los bohemios, creativos y músicos somos auténticos desastres en eso, y ahora, siendo un poco menos desastre, pienso que si lo hubiera manejado mejor hace 25 años, podría haber salvado muchas situaciones en mi carrera. Los gestores y managers hacen su trabajo, pero a veces intentan que no te des cuenta y se llevan comisiones o hacen manejos poco claros. En eso no estuve atento, aunque creo que a la mayoría de los jóvenes les pasa igual. Yo también fui joven y confiado.
¿Y sobre sus colaboraciones? ¿Cuál ha sido la que más ha nutrido su evolución?
A nivel artístico, todas. No cambiaría ninguna de las colaboraciones que he hecho. He tenido la suerte de cantar con muchos artistas, pero lo más importante para mí es tener un buen equipo que te entienda. En cada etapa de mi carrera ha habido gente fundamental a mi lado, tanto en lo creativo como en la producción musical. Yo siempre he sido un volcán constante de ideas, y sin grandes productores, arreglistas y músicos, que trabajaran conmigo codo a codo, esas ideas no habrían aterrizado nunca. Por ejemplo, en este disco, la producción ha sido de Giovanni Tradardi y Marco Liviano, que son los que me acompañan durante toda la gira. Esa colaboración es la más importante para mí: el músico amigo con quien puedes desarrollar ideas creativas. Para este disco hice 50 ó 60 canciones, ideas y medias canciones, y tener a esos amigos cerca ha sido fundamental. Por supuesto, cada vez que he cantado con alguien ha sido maravilloso.
¿Alguna colaboración pendiente o soñada?
En este disco, la canción que canto con mi hijo. Así que, por ahora, creo que la colaboración más especial es la que he hecho con él.
La música y la salud mental van de la mano. ¿Hay alguna canción suya que considere un “antídoto” para los días grises?
Cada vez que estoy sin ti, o, en este disco Las arrugas del tiempo. Es una canción que me estremece cada vez que la escucho. Repite: “Borra tu melancolía”. Para mí, es como una pastilla de vitamina. El final del estribillo nos anima a echarle valor, a darle sentido a la vida. En este disco hay varias canciones que son como píldoras vitamínicas para las emociones, que te llenan de buena energía, simplemente a través de las sensaciones y las vibraciones de la música.
¿Hay alguna locura que haya hecho por amor a la música?
Precisamente, haberme dedicado a ella. Porque siempre me sentiré un bombero frustrado.
¿Qué sorpresas podemos esperar de David de aquí a un año?
Este nuevo disco y hacer un gran espectáculo, un buen directo. Siempre estoy abierto a grabar con algún artista cuando surge la canción o la idea. Por ejemplo, acabo de grabar con Barei una canción preciosa, sobre un tema que nos ha tocado muy de cerca a los dos: dejar a un hijo sin el núcleo familiar, debido a las separaciones, que lamentablemente son tan comunes hoy en día. A ella le ha pasado como madre, y a mí como padre. Jamás pensé que colaboraría con ella, pero el destino nos juntó en giras, tuvimos buenas charlas y al final surgió la canción. Dijimos: “Tío, esta canción la tenemos que hacer”. Ella tiene mucha alma a la hora de componer, y me ha sorprendido mucho lo que está haciendo últimamente. Me siento muy orgulloso de haber colaborado con ella.
¿Algún sueño loco que aún no haya cumplido?
Ahora vuelvo a soñar con vivir en las orillas de Cádiz. Llegué a tener casa en Chiclana, más concretamente, pero por las circunstancias de la vida tuve que dejarla. Ahora, lo hablo mucho con mi hijo y le digo que algún día volveremos a tener una casita en la playa de Cádiz. Vivo con ese sueño de regresar a mi tierra. De hecho, lo digo en Llueve en Madrid. Aunque seamos españoles y vivamos en la misma península, a veces siento que no estoy en el lugar donde realmente me gustaría estar. Por eso mi sueño es volver pronto a mi tierra. Pero todavía le queda tiempo de colegio a mi hijo. Cuando pueda conducir, coger un coche y venir a verme, eso será otra historia.
¿Tiene algún recuerdo curioso relacionado con las farmacias?
Sí, creo que la última vez te lo dije: las farmacias son como “boutiques del bienestar” para mí. Soy un fanático, puedo estar media hora en ellas. Me encanta mirar cremitas, vitaminas capilares y esas cosas. Prefiero entrar a una farmacia antes que a una tienda de ropa (entre risas). La salud es la verdadera lotería de la vida.
PARA CONOCERLE MEJOR
¿Cuál ha sido el mejor consejo que le han dado?
Vivir y dejar vivir. Y, sobre todo, no desear para los demás lo que no quieres para ti. Es sencillo vivir tranquilo así. Ahora parece que los mandamientos vienen de Twitter, con tanta crítica y odio volcado en redes. Pero cada uno sigue teniendo sus valores y principios, aunque se utilice mucho ese espacio para vomitar odio. Da igual lo que hagas o digas, que siempre habrá quien te odie. Pero eso es en el mundo digital. En la realidad, yo no lo siento así. Como artista muy de verdad y del escenario, prefiero quedarme con la energía de un concierto en directo antes que con la crítica de cuatro amargados. Espero que la ley ponga cortafuegos a esta libertad mal entendida que hay para insultar y polarizar a la sociedad. No recuerdo una época así. Antes podías ser de una ideología o de otra, pero no existía tanto odio ni te reducían a esa fracción que nos quieren imponer. Dicen “divide y vencerás”, y nuestros políticos parecen empeñados en eso, pero yo estoy absolutamente en contra.
Donde se ve de aquí a 10 años
Todavía tengo edad para seguir trabajando, la jubilación es a los sesenta y pico. No sé si este será mi último disco; con lo cambiante que es la industria, nunca se sabe, pero yo he seguido apostando por discos con contenido, aunque haya sacado tres singles antes del álbum completo. Desde 2020 no sacaba disco inédito, solo un recopilatorio remasterizado por mis veinticinco años con algún tema nuevo. Espero sacar algún disco más, seguir de gira y, por supuesto, seguir siendo un buen padre. Dentro de diez años, mi hijo volará más a su aire, y yo espero estar viviendo de nuevo en esas orillas de Cádiz, con un huertito, una barquita, pescando, haciendo submarinismo si la salud lo permite. Quiero ser una persona sencilla, tranquila, normal y sin grandes ambiciones.
Si pudiera viajar al pasado o al futuro ahora mismo ¿dónde preferiría hacerlo?
Desde que conocí a Leo siento que he reseteado el pasado sin él. Me encantaría poder revivir mi vida desde sus cero años, porque estos diez años han sido los más felices y bonitos de mi vida, teniendo a este pequeño “renacuajo” a mi lado, que se va haciendo mayor.





