Como indica la especialista, una parte de la planificación previa a la búsqueda del embarazo implica posibles variaciones en el tratamiento, pues existen determinados fármacos que deben interrumpirse en el momento de buscar un embarazo para evitar posibles efectos teratogénicos (malformaciones fetales y abortos) en el desarrollo del mismo. “Lo ideal es que ante la búsqueda de un embarazo, la paciente no esté recibiendo tratamiento y lo haga en una época de estabilidad de la enfermedad”. Así, una vez personalizado el tratamiento y con la enfermedad controlada con al menos un periodo de un año sin brotes, se considerará un momento de estabilidad óptimo para la concepción.
Lo mismo ocurre durante el embarazo, en el que el riesgo de brotes disminuye y la enfermedad se posiciona en un punto de estabilidad debido a los cambios hormonales propios de esta etapa. Según explica la Dra. Tintoré, “cuando una mujer se queda embarazada, lleva en su interior a un ser genéticamente diferente a ella, por lo que en esa situación lo normal sería que nuestro cuerpo lo eliminase o lo atacase. Pero esto no ocurre, ya que el cuerpo hace que las defensas bajen para tolerar a este ser y dicha disminución de las defensas que ocurre de manera natural es un muy buen tratamiento de la enfermedad”, puntualiza esta experta.
Retos clínicos
En este sentido, la jornada aborda la conexión entre los cambios hormonales y su relación con el progreso y la investigación de la enfermedad en mujeres. Y es que no solo se van a tratar aspectos clínicos de la enfermedad durante el embarazo, la menarquia (aparición de la primera menstruación) o la menopausia (desaparición de la ovulación y, por tanto, de la menstruación y la capacidad reproductiva de la mujer), en los que se producen grandes variaciones en los niveles de estrógenos y de progesterona, sino también se van a abordar temas como los cambios epidemiológicos, y la relación entre inmunología y hormonas sexuales.
Además, el encuentro servirá también para tratar la situación desde un punto de vista psicológico, pues por lo general, “el enfrentamiento a la incertidumbre que genera la enfermedad es muy ansiógena”, añade la Dra. María Die Trill, doctora en psicología y especialista en psico-oncología. Y es que a la incapacidad física se le añade el impacto psicológico y emocional de afrontar la enfermedad, y más ante el deseo de buscar un embarazo. Por ello, prosigue la doctora, es primordial el apoyo de la pareja y de la familia en general, no solo en la toma de la decisión sino a la hora de gestionar situaciones difíciles que pueden surgir ante el cuidado de un hijo, pero a la vez “se debe empoderar a la enferma con el fin de que desarrolle expectativas realistas acerca de los tratamientos, se favorezca la adherencia terapéutica y se aumente su percepción de control”.
En este sentido, concluye la Dra. Mendibe, “la jornada va a sorprender porque nos va a aportar una visión diferente a lo que los profesionales sanitarios están acostumbrados a ver. Tendremos la opinión experta de otros profesionales que no pertenecen al mundo de la neurología como ginecólogos, psicólogos, inmunólogos y epidemiólogos”.
