Se trata de un problema que afecta sobre todo a los niños, ya que “la ingesta de agua con altos niveles de flúor en periodos prolongados ataca principalmente durante la formación del esmalte”, afirma la doctora Olga Prieto, odontóloga de Clínicas Vital Dent. Además, explica que “en los casos más leves hay un ligero aspecto blanquecino que es más difícil de detectar. Pero si se continúa consumiendo este exceso de flúor, estas manchas pueden transformarse en un color más oscuro hasta que los dientes están jaspeados. Esto hace que el esmalte tienda a destruirse, provocando así la aparición de caries”.
La OMS establece que la concentración óptima de fluoruro en el agua de consumo sea de 1,5 mg/litro como máximo, aunque este valor puede variar según las condiciones climatológicas y de consumo de agua de la población. En algunos lugares como África, China y la India, la
fluoración natural del agua sobrepasa los niveles recomendados. Esta situación también sucede en algunos lugares de España, como en las Islas Canarias, donde el agua contiene altos niveles de flúor.

