El pensamiento mágico o por qué creemos en las supersticiones

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La profesora Jane Risen, de la University of Chicago Booth School of Business, analiza en un artículo que aparecerá en el próximo número de Psychological Review por qué personas adultas, inteligentes y emocionalmente estables se dejan llevar por pensamientos irracionales a pesar de no considerarse supersticiosas.

Cuando un aficionado del deporte viste su “camiseta de la suerte” para ver una competición, es consciente que es irracional pensar que la camiseta puede influir en el resultado de la competición, pero a pesar de ello la viste. Tradicionalmente los investigadores han considerado el pensamiento mágico (un pensamiento basado en un supuesto erróneo o no justificado) como un déficit cognitivo, pero muchas personas inteligentes, educadas y emocionalmente estables creen en supersticiones a pesar de reconocer que son irracionales.

En su artículo Believing What We Don’t Believe: Acquiescence to Superstitious Beliefs and Other Powerful Intuitions, Risen afirma que detectar un pensamiento irracional y corregir este error son dos procesos separados y no uno como presuponen la mayoría de los modelos cognitivos duales. Esta perspectiva explica por qué las personas pueden detectar un pensamiento irracional y asimismo decidir no corregirlo, en un proceso que Risen describe como “aquiescencia”.

Según Risen, “incluso cuando se reúnen todas las condiciones perfectas para poder detectar un error, cuando las personas tienen la capacidad y la motivación de ser racionales y tienen un contexto propicio para detectar el error, la intuición mágica predomina. Comprender el proceso de aquiescencia en el pensamiento mágico, puede contribuir a una mejor comprensión sobre por qué las personas actúan conscientemente de manera irracional en muchos otros ámbitos de su vida.

Algunas variables crean situaciones en las que la intuición puede anular el pensamiento racional. Las personas pueden sucumbir a la aquiescencia si pueden racionalizar su intuición pensando que una determinada situación es especial. Asimismo es más fácil ceder a la aquiescencia si el coste de ignorar la racionalidad es inferior al coste de ignorar la intuición, como puede suceder por ejemplo con las cadenas de mensajes. Las personas que han recibido una cadena de mensajes a pesar de saber que es irracional pensar que romper la cadena les traerá mala suerte, deciden seguir enviando el mensaje.

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