Los cigarrillos electrónicos son altamente adictivos y tienen una alta toxicidad

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La Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) lleva tiempo insistiendo en la necesidad de que los cigarrillos electrónicos se regulen igual que el tabaco, que se prohíba su uso en los locales cerrados, su venta a menores, así como que se controle su publicidad. Desde el Grupo de Abordaje al Tabaquismo (GAT) de semFYC se propone realizar un seguimiento de su consumo a través de la Encuesta Nacional de Salud, como medida válida para controlar el uso real que se hace de estos dispositivos en nuestro país.

“La realidad”, subraya el presidente de semFYC, doctor Josep Basora, “es que pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha prohibido expresamente que se anuncien como una opción de tratamiento para dejar de fumar y recomienda su regulación para evitar que los jóvenes comiencen a utilizarlos y que también nuestro Sistema Nacional de Salud estudia desde el año pasado equiparar su uso al del tabaco, se siguen comercializando como un método para dejar de fumar. Debemos ser más estrictos, ya que la falta de regulación y control ha facilitado que exista una variabilidad significativa entre los dispositivos y las cantidades de nicotina que llevan, desconociendo el efecto real sobre la salud”.

Por su parte, la coordinadora del GAT, la doctora Ana Mª Furió recuerda también que “hasta la fecha son pocos y de escasa calidad los estudios realizados sobre los cigarrillos electrónicos. Sin embargo, sí que se han podido extraer algunas conclusiones como la existencia de diferentes grados de toxicidad según las sustancias que contienen”.

En este sentido, semFYC ha puntualizado que, al igual que sucedió con el tabaco y otras sustancias manifiestamente tóxicas, hasta dentro de varios años no habrá pruebas concluyentes sobre sus efectos tóxicos a largo plazo; si bien es cierto que el consumo de cigarrillos electrónicos “puede suponer una puerta de entrada al consumo de cigarrillos entre los jóvenes y a la vuelta de la normalización del tabaquismo, convirtiendo a los fumadores que lo habían dejado en consumidores de e-cigarrillo, evitando la abstinencia completa y exponiendo a la persona a un tóxico nuevo y desconocido”, subraya la doctora Furió.

¿Qué se debería saber?

Los cigarrillos electrónicos son un producto de consumo que se presenta como de riesgo menor que los productos de tabaco convencionales. Se componen de una batería, un atomizador y un cartucho reemplazable. La mayoría de cartuchos reemplazables contienen nicotina suspendida en propilenglicol o glicerina y agua, pero algunos también contienen componentes potencialmente peligrosos (formaldehído, acetaldehído, acroleína, nitrosaminas y metales pesados) con variaciones importantes entre los diferentes modelos.

Lo cierto es que ningún organismo alimentario ni sanitario puede garantizar el contenido real del líquido que llevan los cartuchos reemplazables. Estos dispositivos están diseñados de forma similar a los cigarrillos clásicos, liberando determinadas dosis de nicotina y otras sustancias mediante un proceso de calentamiento que, en ocasiones, proporciona el mismo sabor que un cigarrillo clásico. La nicotina se inhala en las vías aéreas directamente, por lo que su potencial de reforzar la adicción es elevado.


No son seguros

Existen cerca de 500 marcas de cigarrillos electrónicos y más de 7.000 sabores. La mayoría de los estudios realizados hasta la fecha son de escasa calidad por su pequeño tamaño en la muestra y poco rigor en el diseño. Entre las pocas conclusiones que se pueden extraer están las siguientes:

·         No se sabe si los cigarrillos electrónicos son más seguros que los clásicos, por lo que actualmente no se puede incentivar su utilización.

·         Se deben evaluar los efectos de las diferentes sustancias que llevan, y la inhalación de éstas varias veces al día durante meses o años. A corto plazo hay un estudio que ha mostrado efectos fisiológicos adversos sobre la función pulmonar, así como una probabilidad más alta de sufrir daños en el ADN y muerte celular en las células afectadas por el vapor del cigarrillo electrónico (independientemente de si contenían nicotina o no).

·         No olvidemos que contienen nicotina, que es un producto muy tóxico y tremendamente adictivo. La nicotina altera procesos biológicos esenciales. El principal riesgo sanitario de la exposición a la nicotina, además de su inhalación, es por ingestión o contacto cutáneo. En la mayoría de los países no se vigilan este tipo de incidentes, pero informes realizados en EEUU y Reino Unido indican que el número de casos notificados por intoxicación a nicotina ha aumentado sustancialmente.

·         Las pruebas científicas son suficientes para advertir a los niños y adolescentes, a las embarazadas y a las mujeres en edad fértil sobre las posibles consecuencias a largo plazo que su uso podría conllevar para el desarrollo cerebral.

·         Los cigarrillos electrónicos representan un riesgo para la salud pública, ya que pueden significar una puerta de entrada al consumo de cigarrillos entre los jóvenes; volver a normalizar el tabaquismo y convertir a los exfumadores en consumidores de cigarrillos electrónicos, evitando la abstinencia completa y exponiendo su salud a un nuevo y desconocido tóxico.

1 Comentario

  1. Muchas gracias por esta información. A mi me parece que los cigarros electrónicos puede que resulten un poco mejor que fumar cigarrillos normales. Es una buena alternativa. Pero bueno, hay que evaluar todo antes de ponerse con algo.

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