Practicar ejercicio físico desde la niñez ayuda a prevenir la vigorexia

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La vigorexia es un trastorno psicológico que hace que las personas que lo padecen tengan una visión distorsionada de su físico. Es más habitual entre hombres de 18 a 35 años, de clase media-baja y con baja autoestima. El consumo de hormonas y anabolizantes y la práctica de ejercicio físico de forma compulsiva son los hábitos que adquieren los que padecen este trastorno, una práctica que puede acarrear innumerables efectos secundarios para el organismo.

Cuidar el cuerpo desde la infancia ayuda a prevenir este tipo de trastornos. “Lograr que los niños se conciencien de que el ejercicio físico es un medio para conseguir salud y bienestar es una labor de padres y entrenadores deportivos”, explica Carlos Bernardos, director técnico de GO fit.

Durante  los últimos años, el cine, la publicidad y los medios de comunicación han impuesto un estereotipo masculino caracterizado por cuerpos con músculos extremadamente desarrollados. Un patrón físico irreal que conduce a muchos hombres a querer imitar estos cánones sin éxito, provocándoles un trastorno psicológico denominado vigorexia.

La vigorexia es un trastorno mental, cada vez más extendido, que hace que aquellos que lo padecen tengan una visión distorsionada de su físico. El espejo no suele mentir, pero a las persona vigoréxicas no les dice toda la verdad, sino que les devuelve el reflejo de una persona enclenque y débil, aunque en realidad no sea así, llevándoles a la obsesión por su cuerpo.

La falta de autoestima suele ser uno de los principales detonantes de este trastorno. Cuidar el cuerpo desde la infancia ayuda a que seamos personas saludables y en buena forma física, un hecho que contribuye a que la autoestima no flaquee. “Lograr que los niños se conciencien de que el ejercicio físico es un medio para conseguir salud y bienestar es una labor de padres y entrenadores deportivos”, asegura Carlos Bernardos. “La Educación Física escolar debe contemplar entre sus objetivos principales la creación de hábitos saludables relaciones con la actividad física en lo concerniente, no sólo al ejercicio, sino a lo que es más importante, la alimentación y el descanso”, añade Bernardos.

Este trastorno es más habitual entre hombres de 18 a 35 años, de clase media-baja y con baja autoestima. “Generalmente, las personas que llegan a padecer estos problemas suelen ser inmaduras, introvertidas y, sobre todo, inconformes con su apariencia”, afirma Carlos Bernardos, director técnico de GO fit. “El tratamiento fundamental – continúa- ha de ser de tipo psicológico, con el objetivo de modificar la conducta del sujeto, con el fin principal de recuperar la autoestima”.

El camino más corto no siempre es el mejor. “Es aceptable buscar la mejora del aspecto físico”, afirma el director técnico, “pero necesita, además de una genética favorable, tiempo, esfuerzo, un programa racional de entrenamiento y una alimentación adecuada. El problema surge cuando este objetivo se convierte en una obsesión y, para conseguir un físico ‘perfecto’, se utilizan recursos que, a corto plazo son eficaces, pero que a medio y largo plazo acarrearán graves problemas de salud”.

El consumo de hormonas y anabolizantes y la práctica de ejercicio físico de forma compulsiva son los hábitos que adquieren los que padecen este trastorno. Además, tienden a seguir dietas totalmente desequilibradas y poco saludables, especialmente por el exceso de proteínas, hidratos de carbono y la poca cantidad de grasa.

Los efectos secundarios más comunes son acné, problemas sexuales y cardíacos, lesiones hepáticas, retención de líquidos, cambios en la voz, en el carácter y trastornos metabólicos.

“Es difícil establecer un modelo corporal saludable estándar, ya que cada persona es diferente y hay algunas que, sin haber hecho nunca ejercicio tienen una gran calidad muscular o un gran tamaño debido a su genética o a su estructura ósea”, dice Carlos Bernardos, director técnico de GO fit. “Lo que se debe valorar, en todo caso, tanto desde el punto de vista estético como de la salud, es la proporcionalidad. Para detectar este trastorno, pueden ser significativos los cambios bruscos de aspecto físico y un desarrollo muscular excesivo y muy rápido”, apostilla.

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