Home Enfermedades La espasticidad: una secuela crónica y desconocida del ictus

La espasticidad: una secuela crónica y desconocida del ictus

por Redacción Consejos

Ipsen, una compañía biofarmacéutica global centrada en la innovación y atención especializada, ha colaborado con la Fundació Ictus, la Fundación Freno al Ictus y la Asociación Catalana de Traumáticos Craneoencefálicos y Daño Cerebral (TRACE Cataluña) para presentar una nueva edición de la campaña «Espasticidad: la secuela que nadie espera». Esta iniciativa busca concienciar sobre el ictus y la espasticidad, una de las secuelas más comunes en pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular. La campaña cuenta con el respaldo de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF) y la Sociedad Española de Neurología (SEN), y se lanza en coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Ictus, que se conmemora mañana, 29 de octubre.

En España, se registra un ictus cada 6 minutos, convirtiéndose en la principal causa de discapacidad en adultos. “Un ictus es un evento en el que se interrumpe el riego sanguíneo normal en una parte del cerebro (ictus isquémico) o por la ruptura de vasos sanguíneos (ictus hemorrágico). Esta isquemia puede llevar a un infarto cerebral y a la muerte del tejido en esa área”, señala el doctor Juan Vicente Lozano, jefe del Servicio de Rehabilitación del Hospital General Universitario Morales Meseguer de Murcia.

“No hay un ictus igual a otro. Puede ser más o menos intenso y afectar un lado del cuerpo más que el otro. En mi caso, me afectó el lado derecho, y como no era zurdo, tuve que aprender a hacer todo con la mano izquierda”, relata Jaume Micola, un paciente que sufrió un ictus en noviembre de 2017 a los 53 años. Es crucial destacar que más del 80% de los ictus son evitables mediante el control de factores de riesgo como la hipertensión arterial, el consumo de tabaco o alcohol, la diabetes mellitus, la dieta, la inactividad física y la obesidad.

Avances en la Rehabilitación del Ictus y Espasticidad

Las secuelas típicas de un ictus incluyen la pérdida de la movilidad voluntaria, la dificultad para caminar y la incapacidad para manipular objetos. “La falta de control voluntario a menudo se acompaña de espasticidad, que es un aumento del tono involuntario de la musculatura afectada”, explica el doctor Lozano. Esta espasticidad puede ir acompañada de rigidez, dolor y espasmos, afectando de manera significativa la calidad de vida del paciente.

El desarrollo de la espasticidad es un proceso gradual y su manejo puede ser complejo. Un diagnóstico temprano es fundamental para iniciar el tratamiento y prevenir complicaciones graves. Los principales objetivos del tratamiento incluyen mejorar la funcionalidad (como la marcha y el equilibrio), y aumentar el bienestar del paciente.

“En los últimos años, hemos avanzado en la rehabilitación neurológica, especialmente en la comprensión de la neuroplasticidad cerebral”, comenta el doctor Lozano. “Contamos con más recursos terapéuticos, que van desde fisioterapia y terapia ocupacional hasta infiltraciones musculares”.

Jaume Micola comenzó a experimentar espasticidad unos meses después de su ictus. “Tuve que reaprender a caminar. Lo más difícil ha sido el brazo derecho. La rehabilitación es siempre positiva, pero requiere paciencia”, comparte.

Con la llegada del frío, la espasticidad de Micola se agrava: “Cuando las temperaturas bajan de 20°C, siento que mi brazo se vuelve más rígido”. Recibe infiltraciones musculares cada cinco o seis meses, adaptándolas a los cambios de clima.

A pesar de los retos, Micola transmite un mensaje de esperanza: “El ictus cambia tu vida al cien por cien, pero eres tú quien debe decidir hasta dónde quieres llegar. Con limitaciones, pero se puede llevar una vida normal. Si quieres, puedes seguir adelante”.

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