La media montaña, el paisaje ideal del ASMÁTICO

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En las últimas décadas el control del asma ha experimentado una gran mejoría gracias a los avances en el diagnóstico, manejo y tratamiento de la enfermedad, lo que ha permitido a mucho pacientes incorporarse a la práctica del ejercicio e incluso de deportes que hasta hace poco parecían inalcanzables como los deportes de montaña o el submarinismo. Actualmente, los asmáticos pueden viajar a lugares remotos con condiciones ambientales inusuales.

La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica recomienda a estos pacientes profundizar en el conocimiento de su enfermedad, las reacciones de su organismo, los factores desencadenantes de una posible crisis y, sobre todo, visitar al neumólogo antes de un viaje o de la práctica de un deporte con riesgo para establecer un adecuado Plan de Autocrontol y Tratamiento.

“Un buen control del asma en condiciones adversas o situaciones inusuales permite disfrutar de las vacaciones y los viajes reduciendo los riesgos de exacerbación” afirma el Dr. Luis Borderías, neumólogo de SEPAR y experto en medición de la función pulmonar en altura, “el asmático y su entorno deben conocer cómo reacciona su  rganismo ante situaciones poco comunes para saber reconocer y tratar una crisis en situaciones adversas y lejos de puntos de asistencia médica”. Las actividades deportivas que se pueden llevar a cabo en la montaña son muchas: alpinismo, senderismo, barranquismo, bicicleta o trekkings tanto en zonas montañosas españolas como en países lejanos con cordilleras de gran altura.

Ante cualquier esfuerzo físico el asmático debe ser precavido porque el aumento de la ventilación por minuto y la respiración bucal favorece que los contaminantes de diversa índole que se hallan en el aire entren en su sistema respiratorio con más facilidad. Existen numerosos estudios que muestran que, entre los deportistas de competición, la prevalencia de asma e hiperactividad bronquial es elevada. La aparición de una crisis puede favorecerse por la inhalación de aire frío y seco, la presencia de contaminantes o alérgenos y la mayor prevalencia de infección por virus respiratorios debido al ambiente frío y seco. Estas crisis, a menudo cortas, se previenen con la utilización preventiva de antiinflamatorios y broncodilatadores, eligiendo espacios libres de polución y polen, e intentando hacer ejercicio en ambientes cálidos y húmedos, con un precalentamiento intenso antes y si el ambiente es frío no parar bruscamente sino desacelerar el ritmo poco a poco.

Cuando el ejercicio se realiza en la montaña, el asmático debe tener en cuenta que a medida que asciende la temperatura disminuye a razón de 1ºC cada 50 metros por lo que el aire es progresivamente más frío y seco y en este ambiente otro factor de riesgo añadido es la  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentoscongestión nasal debido a la coexistencia de rinitis que impide la correcta humidificación, filtrado y calentamiento del aire. Todo ello incrementa la hiperreactividad bronquial y favorece las exacerbaciones.

“El consejo médico para los pacientes asmáticos en un ambiente de montaña depende de su forma física, de la altitud y del tipo de terreno, pero en general es razonable pensar que nadie con un asma que no esté totalmente controlado se exponga a altitudes por encima de 3000 m” indica el Dr. Borderías. Por encima de esta altitud es muy importante no confundir una posible crisis de asma con el mal agudo de montaña o mal de altura ya que entre sus síntomas, además del dolor de cabeza se encuentra la tos y la disnea.

Por el contrario las estancias en montañas entre 1500 y 2500 metros tiene efectos beneficiosos para el asmático porque no hay presencia de ácaros, ni de contaminantes ni de hongos y la polinización es muy corta. “por eso podemos decir que la actividad deportiva en la montaña no solo es segura para los asmáticos sino recomendable cuando el asma esta previamente controlada”. Además de una consulta con el neumólogo antes de salir de viaje, en el equipaje del deportista de montaña asmático no puede faltar la medicación antiasmática, y en la montaña proteger la nariz y la boca de las bajas temperaturas y tratar el mal de montaña de forma inmediata al primer síntoma.

El asmático del mismo modo que el deportista en general debe alimentarse y cuidarse de forma adecuada. Hay que suplementar la ingesta calórica con 350 kcal por cada hora de ejercicio sobre la ingesta habitual (1.600-200º kcal) e ingerir de 4-5 litros de agua o líquidos isotónicos. Además es preferible beber muchas veces y poca cantidad y hay que evitar las temperaturas muy frías. El café, el te o el chocolate tienen un efecto diurético por lo que no deben incluirse en la cantidad de líquidos ingeridos. En cuanto a los viajes a zonas desérticas, la sequedad del ambiente, que reseca las mucosas y repercute en la hidratación general, puede facilitar la aparición de crisis. Además, aunque no lo parezca en el desierto existen esporas y polen de la flora autóctona.

La coexistencia de vientos y tormentas de arena pueden desencadenar una crisis. En zonas cálidas pero húmedas, como los trópicos, los problemas respiratorios del asmático son los mismos que para las personas sanas. Son los causados por el calor y exceso de sudoración. Sin embargo el asmático debe tener más precaución pues la humedad favorece la presencia de ácaros y mohos en sitios mal ventilados o con agua encharcada.