Aunque a priori pueda parecer un problema menor, la psoriasis produce, además de molestias físicas, un fuerte impacto emocional que repercute profundamente en la calidad de vida de quien la padece, llegando a producir depresión, ansiedad y dificultando sus relaciones sociales y laborales. Sin contar con la asociación que guarda con otras patologías como la artritis psoriásica, la diabetes tipo 2, el hígado graso y algunas enfermedades cardiovasculares.
Más de un millón de personas en España están afectadas de psoriasis, una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que provoca síntomas como dolor, picor o descamación en la piel. Su impacto rebasa las fronteras de lo físico, pudiendo provocar ansiedad y depresión, ambas patologías relacionadas con el estigma, la vergüenza o la ansiedad social que generan las características placas rojas cubiertas de escamas blanquecinas que la definen. Estas lesiones son el fruto de un desequilibrio en el sistema inmunitario en personas genéticamente predispuestas, que hace que se active y se acelere indebidamente el ciclo de renovación de la piel, pasando de 30 días a apenas 4 o 5, lo que provoca la acumulación de células en la superficie cutánea que da lugar a las placas.
“El factor emocional puede ser tan alto como el de enfermedades letales como el cáncer o las afecciones cardíacas. De hecho, muchas personas con psoriasis evitan actividades cotidianas como ir a la playa, hacer deporte o incluso mantener relaciones personales o laborales por miedo al rechazo «, afirma el doctor Sánchez Viera, director del Instituto de Dermatología Integral (IDEI).
Un desequilibrio que se paga caro
Según explican desde el IDEI, el proceso de formación de placas se produce por múltiples factores ambientales en personas genéticamente predispuestas:
- Estrés emocional: la conexión entre el sistema nervioso e inmunológico explica los brotes en periodos de ansiedad.
- Infecciones: como las amigdalitis estreptocócicas.
- Traumatismos en la piel: cortes, quemaduras o incluso picaduras de insecto pueden desencadenar nuevas lesiones (Fenómeno de Köebner).
- Clima: el frío y la menor exposición solar suelen empeorarla.
- Estilo de vida: tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, obesidad y una dieta proinflamatoria.
- Medicamentos: como el litio, los betabloqueantes o los antiinflamatorios no esteroideos.
“Totalmente tratable y controlable”
Aunque hoy por hoy no tiene cura definitiva, la psoriasis es «totalmente tratable y controlable», explica Sánchez Viera. Afortunadamente, los dermatólogos y las asociaciones de pacientes trabajan para ofrecer apoyo, información y recursos a las personas afectadas y a sus familias, ayudándoles a convivir mejor con la enfermedad y a eliminar el estigma social, ya que curiosamente, “quienes afrontan la enfermedad de forma proactiva pueden tener una mayor adherencia a los tratamientos, lo cual impacta a su vez de manera positiva en aspectos emocionales, familiares y sociales”, explica. Según el doctor Sánchez Viera, este es el arsenal terapéutico con el que contamos, que debe adaptarse a cada paciente.
- Tratamientos tópicos: cremas, pomadas, lociones y champús con corticoides, derivados de la vitamina D o ácido salicílico para las lesiones localizadas.
- Fototerapia: exposición controlada a luz ultravioleta B de banda estrecha, muy eficaz en muchos pacientes.
- Tratamientos sistémicos clásicos: fármacos orales como metotrexato o ciclosporina para casos más graves y extensos.
- Tratamientos sistémicos avanzados y biológicos: este grupo representa la vanguardia en el manejo de la psoriasis moderada a grave. «Los tratamientos biológicos son anticuerpos diseñados para bloquear de forma selectiva las proteínas específicas del sistema inmunitario que impulsan la inflamación en la psoriasis”, explica el doctor Sánchez Viera.
- En cuanto a los cuidados básicos, «los pacientes deben trabajar sobre su estilo de vida para evitar los desencadenantes. Cuidados básicos como una higiene suave con productos que tengan un pH adecuado, el uso diario de emolientes, proteger la piel del frío y secarse sin frotar son complementos esenciales al tratamiento médico que ayudan a minimizar los síntomas y a espaciar los brotes», concluye el director de IDEI.




