El sueño sagrado

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Por Francisco González Lara

El pueblo griego se originó por un conglomerado de razas, que se aglutinaron hasta llegar a una uniformidad. Ello determinó que esta población tuviera influencias culturales y científicas de distintos clanes, asimilando también factores culturales de lugares vecinos, produciéndose intercambios entre Oriente y Occidente.

En Grecia ocurre el llamado “milagro griego”, que se traduce en una gran apoteosis cultural, un gran apogeo que permite el florecimiento de muy diversos pensamientos y doctrinas. Fundamentalmente consistió en que al desligar la actividad intelectual de las convicciones religiosas, fue posible la aparición de un auténtico pensamiento científico, inexistente en Mesopotamia y Egipto. Pero antes de ello, también Grecia tuvo una fase pretécnica, caracterizada por el predominio del símbolo sobre la razón y de la autoridad sobre la crítica y la participación.

En este período se adoran muchos dioses relacionados con la medicina y la farmacia. Entre ellos destaca ASCLEPIO, que fue un médico divinizado, cuyo culto se extendió por toda Grecia. Los templos se erigían en lugares con condiciones naturales privilegiadas en donde existiera, al menos, una fuente de agua purísima, termas o aguas minerales, en torno a las cuales se construían gimnasios, baños y teatros. Quizás el más famoso fuera el de Epidauro. A estos templos acudían verdaderas multitudes atraídas por la popularidad del dios y la fama de sus asclepíades que eran los sacerdotes dedicados al culto del dios, formaban una secta gobernada por estatutos secretos, con ritos iniciáticos, conocimientos secretos y jerarquizada.

Al parecer los tratamientos se basaban en la dieta y la sugestión. Al recibir a los pacientes se les sometía a una dieta purgativa constituida por baños y la abstinencia de vino y determinados alimentos; pasado ese periodo se les permitía entrar en el templo donde observaban los exvotos ofrecidos por otros pacientes ya curados y se les acentuaba la dieta; luego participaban en las ceremonias de culto, y finalmente pasaban una o dos noches durmiendo en el interior del templo y eran sometido al ?sueño sagrado? o incubatio, en el que el dios Asclepio se aparecía al enfermo y lo curaba o le indicaba la cura mediante un sueño. En ocasiones los sacerdotes intervenían cubiertos con la mascara del dios y ayudados por sus animales adiestrados, bien perros, o más frecuentemente serpientes. Los asclepíades interpretaban estos sueños y prescribían el tratamiento. Los enfermos solían dejar un exvoto, una ofrenda, de acuerdo con sus posibilidades, que solía representar la parte enferma.

Este tipo de culto se inició antes del S. IV a. C., se supone que por influencia egipcia, pues en Egipto también se practicaba la incubación, pero a mediados de este siglo es cuando alcanzó gran influencia. Aunque en un principio los métodos curativos empleados eran de carácter mágico-religioso, pronto se fueron empleando formas más científicas de tratamiento: dietas, baños, ejercicios y también fármacos.

Asclepio fue un médico que después fue divinizado. Tuvo varios hijos: Hygea, diosa de la Higiene; Panacea, preparadora de medicamentos; Egle, que prevenía las afecciones; y dos hijos, Macaón y Polidario.

A Asclepio se le representa como un anciano apoyado en un bastón nudoso, o caduceo, y una serpiente arrollada con la cabeza hacia arriba. El bastón es el símbolo de la autoridad, de la experiencia y de la rectitud. La serpiente renueva la piel cada primavera y el hombre a su semejanza se renueva por la medicina puesto que los medicamentos le dan un cuerpo nuevo.

A su hija Hygea se le representa como una mujer que sostiene un recipiente, a veces una copa, con una serpiente que parece beber o verter su veneno. La copa y la serpiente se unen a la Farmacia en 1222, fecha en que los boticarios de Padua hicieron su estandarte en el que bordaron este símbolo.

La competencia llevó poco a poco a la decadencia a la medicina de los sacerdotes de Asclepios. Todos los dioses del Olimpo y luego los simples héroes adquirieron poderes terapéuticos y sus fieles los convirtieron en curanderos. Diana trataba en Efeso las enfermedades de los ojos;
Venus curaba los tumores en la barbilla; Baco, Mercurio, Vulcano, las hermanas de Asclepios, sus hijos… todos tuvieron sus especialidades. Y la medicación por medio de la interpretación de los sueños empezó a perder su eficacia.