Ataques de ansiedad: controla la respiración y los pensamientos

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Un 10% de la población ha experimentado en alguna ocasión una crisis o ataque de ansiedad y la mitad de este porcentaje las padece de manera reiterada en diversos grados de frecuencia e intensidad. Controlar la respiración y los pensamientos resultan claves a la hora de atajarlo.

Ante una situación percibida como amenazante, peligrosa, inquietante o emocionalmente perturbadora el organismo puede responder con una respuesta de alarma que consiste en un aumento de la frecuencia cardiaca, mayor presión sanguínea, mayor frecuencia y amplitud respiratoria, elevación del tono muscular y mayor sudoración. Esta respuesta no es normal cuando la persona la sufre ante una situación poco o nada amenazante o es absolutamente desproporcionada, lo que lleva a bloquear a la persona. Es lo que se conoce como ataque o crisis de ansiedad, trastorno que la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC) define como la aparición temporal, más o menos repentina, ante alguna situación (un accidente, una fobia, etc.), y en algunas ocasiones sin motivo aparente, de activación fisiológica y motora excesiva, acompañada de una activación cognitiva exagerada (pensamientos) que produce un miedo intenso a lo que se está sintiendo e incluso a morir.

Conocerla para abordarla
Según la SEFAC, conocer los síntomas es uno de los elementos fundamentales para controlar estos episodios, que se producen como media a partir de los 25 años y en el doble de ocasiones en la mujer que en el hombre. Normalmente alcanzan su máxima expresión a los 10 minutos y finalizan a los 20 ó 30 minutos por regla general. La sensación de estar asfixiándose es debida a una respiración más rápida y fuerte, lo que hace que se introduzca más aire y  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentosoxígeno en el cuerpo, lo que provoca muchas de estas sensaciones físicas. La SEFAC recuerda que en el caso de que los episodios se padezcan habitualmente y sin motivo aparente es necesario consultar al médico.

SÍNTOMAS
Fisiológicos     Motores y cognitivos

  • Aumento de la fecuencia cardíaca (taquicardia), que se percibe como palpitaciones. Pulso rápido. Tensión arterial alta.
  • Sudoración fría o caliente. Escalofríos o sofocaciones.
  • Temblores, sacudidas. Tensión muscular.
  • Sensación de opresión en el pecho.
  • Molestias precordiales.
  • Sensación subjetiva de ahogo.
  • Hiperventilación e hiperoxigenación, provocadas por la propia persona al aumentar su frecuencia respiratoria. 
  • Náuseas, molestias abdominales.
  • Mareo, sensación de inestabilidad. 
  • Parestesias, sensación de hormigueo distal (manos y pies) y/o entumecimiento (sensación de acorchamiento).
  • Agarrotamiento muscular, principalmente en extremidades.
  • Desmayo y pérdida de consciencia e hiperventilación.    ?    Hiperactividad.
  • Movimientos desorganizados y torpes.
  • Dificultades de expresión verbal (incluso tartamudeo).
  • Paralización motora.
  • Inseguridad, preocupación, dificultad para la toma de decisiones.
  • Mieo al descontrol, a “volverse loco”. Sensación de pérdida sobre el control del ambiente.
  • Miedo ante la sintomatología, incluso a morir. Se puede pensar que está sufriendo un ataque cardíaco, o que la asfixia es inminente.

Recomendaciones SEFAC
Con la finalidad de ayudar al farmacéutico en su misión de asesorar y concienciar a los pacientes de la importancia de prevenir, identificar y controlar los ataques o crisis de ansiedad, la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC) recoge en sus famosas guías una serie de recomendaciones para afrontar este trastorno que sufre al menos un 10% de la población alguna vez en su vida, y un 5% de modo reiterado con distintos grados de frecuencia e intensidad. Entre ellas, destacan la importancia de:

1.    Reconocer la sintomatología.
2.    Ser consciente de que está pasando por un momento de nervios anormal, y que la respuesta de alarma está siendo desproporcionada.
3.    Hacer un esfuerzo por autoconvencerse de que no está padeciendo asfixia, un infarto o similar. Ello ayuda a tranquilizarse, relajarse y eliminará la angustia y el miedo.
4.    Controlar la respiración, y con ello disminuir la hiperventilación e hiperoxigenación.
5.    Hacer la siguiente maniobra: colocarse en una posición cómoda (sentado o de pie) y colocar una de las manos sobre el pecho y la otra sobre el abdomen. Comenzar a respirar al ritmo que se hace habitualmente, cada 4 o 5 segundos, consiguiendo secuencias de 12 a 15 respiraciones por minuto. Inspirar por la nariz, intentando dirigir el aire hacia la parte baja de los pulmones, y notando cómo se eleva la mano situada sobre el abdomen, para elevar después su mano sobre el pecho, reteniendo el aire durante unos 2 segundos para soltarlo posteriormente por la boca de forma suave y emitiendo un leve sonido, mientras se nota cómo descienden las manos y se vacían los pulmones. Repetir este paso varias veces hasta conseguir relajarse.
6.    A medida que se consigue el control de la respiración, es vital prestar atención a los cambios favorables tratando de automotivarse con pensamientos positivos del tipo: “físicamente estoy bien”, “mi corazón ya late más despacio”, “lo estoy superando”…
7.    En caso de atender a alguien con este trastorno, es conveniente captar su atención y hacerle entender lo que sucede realmente, guiándole en el control de la respiración y hacerla consciente de su progreso y mejora de los síntomas.