Según la Sociedad Española de Oncología Médica, el 30% de las mujeres diagnosticadas de cáncer de mama sufrirá una recaída a lo largo de su vida, la mayoría en los primeros 5 años posteriores al diagnóstico, aunque también puede prolongarse más allá de los 10 años. La afectación ganglionar es uno de los principales factores de riesgo.
Cuando se establece el diagnóstico de un cáncer de mama en estadios iniciales (el 90% de los tumores se detectan en fases iniciales), lo más normal es que las pacientes respondan positivamente al tratamiento y sea curable de por vida. Sin embargo, y aunque sea lo menos frecuente, conviene contemplar la posibilidad “remota” de una recaída, el mayor temor al que se enfrentan las supervivientes y que genera en ellas una gran incertidumbre y miedo. Para determinar las probabilidades de una nueva recaída, los médicos manejan una serie de datos como el grado histológico de la enfermedad, el tamaño del tumor o el número de ganglios axilares invadidos, siendo la afectación ganglionar uno de los principales factores de riesgo de recaída.
Según explican desde la Asociación Española de Cáncer de Mama Metastásico (AECMM), estas recaídas pueden tener distinta naturaleza y ser no metastásicas (local o regional y distinta al cáncer primario) o metastásicas (que implican la aparición de tumores en otros órganos situados a distancia, relacionados con el tumor primario), dos condiciones distintas que, sin embargo, requieren el mismo cuidado.
- En el primer caso, cuando se habla de recaída no metastásica pueden ocurrir varias cosas: “que la recaída ocurra en la misma mama que el tumor original, en una zona cercana al lugar donde estaba el cáncer primario y que se conoce como recaída ipsalateral del tumor; o que la recaída se presente en el área cercana a la cirugía original, como en los ganglios linfáticos axilares o alrededor de la clavícula, en cuyo caso se llama recaída local/regional. También hablamos de recaída no metastásica cuando se produce un nuevo tumor independiente en la mama opuesta al tumor original, diferente al primario (segundo cáncer de mama contralateral); y cuando se desarrolla un nuevo cáncer primario en una ubicación distinta a la del cáncer original (segundo cáncer primario)”, explican desde la AECMM.
- Estos cuatro tipos de recaída difieren de la llamada recaída a distancia o metástasis, que, según la AECMM, “se produce cuando el cáncer de mama regresa durante o tras el tratamiento y es ese mismo cáncer el que se disemina a órganos o tejidos distantes del lugar original, lo cual quiere decir que las células cancerosas han viajado desde la mama a través del torrente sanguíneo o el sistema linfático y han formado nuevos tumores procedentes del primario en otras partes del cuerpo, más comúnmente los huesos, el hígado y los pulmones, más allá de la zona considerada local o regional. Es decir, más allá de la axila, de los ganglios de la clavícula o cercanos a la arteria mamaria interna (arteria que irriga a los músculos pectorales, esternón y la piel del tórax)”, concluyen desde la AECMM.
Autoexploración, siempre
Para detectar un cáncer de mama, tanto en sus fases iniciales como en el caso de recaída, la autoexploración es clave para detectar la presencia de una masa en la mama, en la axila u otra parte del cuerpo, piel o hueco supraclavicular. Otros síntomas son la aparición de un drenaje de sangre por el pezón o retracción de la piel, asimetría de las mamas o la denominada piel de naranja. Los nódulos detectados suelen ser de consistencia dura, móviles o fijos y, por lo general, no suelen doler.
- Los síntomas en la misma mama son un nuevo bulto o una zona de firmeza irregular en la mama; cambios en la piel de la mama; inflamación de la piel o enrojecimiento de una zona y/o secreción por el pezón.
- En el caso de habernos sometido a una mastectomía, los síntomas más significativos son la aparición de uno o más nódulos indoloros en la piel o por debajo de la pared torácica, y/o una nueva zona de engrosamiento en la cicatriz de la mastectomía o cerca de ella, un bulto o la hinchazón de los ganglios linfáticos que se ubican debajo del brazo, cerca de la clavícula o en el surco que está encima de la clavícula.
- En caso de metástasis en zonas alejadas: dolor persistente y que empeora, como el dolor de pecho, espalda o cadera; tos constante; dificultad para respirar; pérdida del apetito; pérdida de peso involuntaria; dolores de cabeza intensos y/o convulsiones.
La “Espada de Damocles”
- Actualmente, de las pacientes con cáncer de mama luminal u hormonosensible (HR+ y HER2-), que es el más frecuente, “un 15% tiene un alto riesgo de recaída, y un 25% aproximadamente de estas pacientes de alto riesgo recaen a los 5 años. Cerca de la mitad de estas recaídas ocurren en los primeros 2 años tras la cirugía y/o la radioterapia o la quimioterapia. En los demás casos, la mayoría de las recaídas suele tener lugar en los siguientes 7-8 años tras la operación”, explican los expertos.
- El segundo más frecuente es el llamado HER2+ que afecta hasta un 15-20% de todas las pacientes, y en él el riesgo de recaída es de aproximadamente el 15-20% en los 5 primeros años tras el tratamiento en adyuvancia.
- El tercer tipo de cáncer de mama más frecuente es el denominado triple negativo, que representa aproximadamente al 10-15% del total de pacientes. En este tipo de cáncer hasta un 30% de las pacientes diagnosticadas en estadios iniciales pueden desarrollar enfermedad metastásica en los 3-5 años siguientes al diagnóstico.
¿Podemos evitarla?
En todo momento, hacer ejercicio; llevar una alimentación mediterránea con abundancia de verduras, legumbres, frutas y complementada con pescados, huevos y carnes blancas; evitar hábitos nocivos como el tabaco y el alcohol; evitar la obesidad, uno de los factores que empeoran el pronóstico y supervivencia en cáncer de mama; así como el apoyo psicológico (tanto profesional como entre iguales y con asociaciones de pacientes), y la adherencia al tratamiento son variables que ayudarán al proceso de curación y reducirán la posibilidad de una recaída.
Para “curarnos en salud”, una de las pruebas que permite valorar la posibilidad de una reaparición es la valoración del perfil genético del tumor usando una muestra que se extrae mediante una biopsia o una cirugía. Otra prueba, indicada en estadios tempranos I y II de tumores que no se han extendido a nódulos linfáticos cercanos, es la determinación de los receptores de estrógenos (conocido como RE +/-). Según explica Pilar Fernández, presidenta de la Asociación Española Cáncer de Mama Metastásico (AECMM), “en la fase inicial, cuando el cáncer aún es curable, las pacientes continuamos con nuestras revisiones, nuestras pruebas y, aún con mucho miedo, intentamos volver a nuestra vida anterior al cáncer. Sin embargo, sabemos que muchas pacientes (en torno al 30%) desarrollarán metástasis con el tiempo, incluso años después de haber finalizado los tratamientos. En estos casos, el pronóstico y la calidad de vida de las pacientes dependerá de la disponibilidad de nuevas terapias y pruebas diagnósticas, de los avances oncológicos y de la investigación, que es la única vía para conseguir la cronificación de esta enfermedad”.





