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Sordera súbita: sin tiempo que perder

por Paula Rivero
pérdida de audición

La disminución brusca de la audición en uno de los oídos, en ocasiones precedida de un estallido o zumbido, puede implicar pérdida definitiva de la audición si no actúas a tiempo. Ir corriendo al otorrino te puede librar de la sordera súbita. 

Son muchos los motivos que pueden derivar en una pérdida de audición: desde aficiones como la caza o la Fórmula 1 hasta los tratamientos con medicamentos ototóxicos, pasando por la edad o por malos hábitos como el uso de auriculares a un volumen superior al recomendado. Entre las señales “sutiles” de que algo no va bien están poner el volumen de la televisión más alto de lo habitual, tener dificultades para entender una conversación en un entorno ruidoso o sentir que los demás “murmuran”. En todos los casos no se deben ignorar estos primeros síntomas de alerta, ya que pueden derivar en consecuencias más serias como aislamiento social, depresión e incluso deterioro cognitivo. 

Sordera de aparición súbita

En la mayoría de los casos la pérdida auditiva suele desencadenarse de manera progresiva, pero en otros puede aparecer súbitamente y estar relacionada con infecciones cerebrales, traumatismos craneales o enfermedades previas (por ejemplo, una meningitis que dañe la cóclea). En estos casos, la sordera súbita afecta a los órganos sensoriales del oído interno y, en otros muchos casos, su causa es desconocida. Generalmente, la pérdida es irreversible, lo que subraya la importancia de acudir cuanto antes a un especialista si se percibe un cambio abrupto en la capacidad auditiva. De hecho, es una pérdida auditiva menos conocida pero potencialmente más impactante: se conoce como sordera súbita y suele afectar a personas de entre 45 y 55 años, manifestándose con una disminución brusca de la audición en uno de los oídos, en ocasiones tras la percepción de un estallido o zumbido. Ante una pérdida auditiva en un solo oído, se debe acudir lo antes posible a un otorrinolaringólogo, ya que puede tratase con corticoides, que pueden ser administrados oralmente o mediante inyecciones intratimpánicas. En algunos casos, también se pueden recetar antivirales o antibióticos si se sospecha una infección. La terapia temprana es crucial para la recuperación, y la mejoría, si se produce, suele ocurrir en 10 a 14 días. 

Factores de riesgo

  • La edad: las estructuras del oído se desgastan de manera natural con el paso del tiempo.
  • La exposición continuada a ruidos fuertes en ambientes laborales y/o actividades de ocio.
  • La herencia genética.
  • Determinadas enfermedades como la meningitis, que puede causar daños en la cóclea. 
  • El uso de medicamentos ototóxicos (algunos antibióticos o tratamientos oncológicos).
  • Deportes y actividades recreativas que implican ruidos extremos, como las carreras de motor, el tiro deportivo o los conciertos con volumen elevado.

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