Los disruptores endocrinos son sustancias químicas que pueden interferir con el sistema hormonal alterando procesos fisiológicos fundamentales. Aunque algunos de estos compuestos se encuentran de forma natural en el entorno, la mayoría son de origen artificial y están presentes en multitud de productos de uso cotidiano.
Estas sustancias químicas, cuando entran en contacto con el organismo, alteran la información que las hormonas deben transmitir entre un órgano y otro, por ejemplo, entre el ovario y la mama. Las investigaciones se centran, en su mayoría, en la interferencia de los disruptores endocrinos con las hormonas sexuales femeninas (estrógenos), masculinas (andrógenos), y con las tiroideas y de control del metabolismo, aunque pueden afectar a cualquier sistema hormonal. Así lo explican los expertos de Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), quienes reclaman una regulación más estricta en torno a estas sustancias ya que aumentan la probabilidad de desarrollar determinadas enfermedades como obesidad, diabetes, ciertos cánceres hormono-dependientes como el de mama o próstata, disfunciones del aparato reproductor y trastornos de la glándula tiroides. Además, pueden agravar patologías ya existentes, modificando los niveles hormonales o interfiriendo en su acción en los tejidos.
Dónde están…
El alcance de estas sustancias es amplio: podemos encontrarlas en plásticos, cosméticos, productos de limpieza, pesticidas o materiales de construcción. La Unión Europea ha identificado más de 500 compuestos que se consideran disruptores endocrinos y todos estamos expuestos. Estas sustancias químicas se han detectado en la producción de alimentos (pesticidas como DDT o clorpirifós), en su comercialización (envases de plástico con bisfenol-A o ftalatos) y preparación (utensilios antiadherentes de cocina con PFAS). La vía inhalatoria es también una forma de entrada en forma de contaminantes atmosféricos o en el interior del hogar a través del polvo. En relación a la exposición por vía dérmica, estos compuestos también se encuentran en cosméticos y productos de cuidado personal que contienen, por ejemplo, parabenos o benzofenonas.
… Y qué alternativas existen
Evitar el contacto total con los disruptores endocrinos es difícil, pero sí es posible minimizar su presencia en nuestra vida diaria siguiendo algunas recomendaciones:
Evitar alimentos envasados en plástico y no calentar comida en estos recipientes.
No reutilizar envases de plástico agrietados ni lavarlos en lavavajillas.
Optar por productos frescos, ecológicos y no procesados.
Sustituir los plásticos por vidrio, acero inoxidable, cerámica y fibras naturales.
Ventilar el hogar al menos 10-15 minutos diarios para eliminar compuestos volátiles presentes en el aire.
Leer las etiquetas de productos de higiene, cosméticos y limpieza, evitando aquellos con ingredientes como ftalatos o BPA.
Beber agua del grifo en lugar de embotellada, siempre que sea potable.
