Según la Asociación Española de Urología (AEU), el cáncer de vejiga es el quinto tumor más diagnosticado en España y afecta cuatro veces más a hombres que a mujeres, aunque en ellas existe mayor riesgo de diagnóstico tardío, lo que conlleva un peor pronóstico. El tabaquismo es el principal factor de riesgo modificable: las personas fumadoras tienen al menos tres veces más riesgo de desarrollar este tumor.
La presencia de sangre en la orina (hematuria), aunque aparezca una sola vez y especialmente si no viene acompañada de otros síntomas, es uno de los principales signos de alerta del cáncer de vejiga y nunca debe considerarse normal. También pueden aparecer escozor o dolor al orinar, aumento de la frecuencia urinaria, necesidad urgente de orinar… La clave, recuerda la AEU, es no normalizar estos signos ni restarles importancia, y evitar atribuirlos automáticamente a infecciones u otras causas sin realizar una valoración urológica adecuada.
Con motivo del Día Mundial del Cáncer de Vejiga, que se celebra cada año el de mayo, la Asociación Española de Urología (AEU) insiste en la importancia de consultar al urólogo ante este síntoma para favorecer un diagnóstico temprano. Charlamos con el doctor Óscar Rodriguez Faba, director de Actas Urológicas y miembro de la AEU, sobre la importancia de no ignorar los síntomas y acudir al urólogo de inmediato ante la más mínima sospecha.


• ¿Por qué el cáncer de vejiga sigue diagnosticándose tarde y qué errores se cometen ante los primeros síntomas?
El retraso diagnóstico del cáncer de vejiga suele deberse a la combinación de varios aspectos: por una parte, los pacientes tienden en ocasiones a minimizar síntomas como la hematuria, especialmente cuando es intermitente y no dolorosa, atribuyéndola a infecciones u otras causas benignas; y por otra, en atención primaria puede haber baja sospecha clínica y diagnósticos iniciales erróneos (como infección urinaria o litiasis), lo que retrasa la derivación al especialista; además, influyen limitaciones del sistema sanitario, como listas de espera para pruebas clave (cistoscopia o TC) y dificultades de acceso; finalmente, el propio tumor puede cursar de forma silenciosa en fases iniciales, con síntomas inespecíficos que dificultan una detección temprana.
• ¿Qué señales de alerta no deberían ignorarse nunca y cuándo hay que acudir al especialista?
La sangre en la orina ya sea visible (macroscópica) o aparezca en un análisis de orina (microscópica), aunque aparezca una sola vez y no duela, debe consultarse siempre. También deben valorarse síntomas como dolor o escozor al orinar, urgencia urinaria, aumento de la frecuencia, infecciones repetidas o molestias persistentes. Además, representan un grupo de especial riesgo para estudio los pacientes fumadores y mayores de 50 años.
• ¿Por qué la urología sigue percibiéndose como una especialidad “masculina” y cómo afecta esto a la salud de la mujer?
Porque socialmente se ha asociado durante años a la próstata y a la salud sexual masculina. Esto hace que muchas mujeres no identifiquen síntomas urinarios como motivo para acudir al urólogo y consulten tarde o normalicen estos síntomas (infecciones urinarias recurrentes) que retrasan el diagnóstico y pueden empeorar el pronóstico.
• ¿Qué problemas urológicos femeninos están infradiagnosticados y qué consecuencias tiene no tratarlos a tiempo?
La incontinencia urinaria, las infecciones urinarias recurrentes, la hematuria no estudiada, la vejiga hiperactiva, el dolor pélvico o los problemas de suelo pélvico están muchas veces infradiagnosticados. No tratarlos puede afectar mucho a la calidad de vida, el sueño, la vida social, laboral y sexual, complicaciones crónicas (daño funcional vesical, insuficiencia renal) y además de retrasar diagnósticos más relevantes.
• ¿Qué síntomas urinarios estamos normalizando erróneamente (como pérdidas o levantarse por la noche)?
Las pérdidas de orina, levantarse varias veces por la noche, tener urgencia repentina para ir al baño, dolor al orinar, infecciones repetidas o cambios en el patrón urinario. No son “cosas de la edad”, del postparto o de la menopausia: son síntomas que pueden estar ocultando problemas funcionales o neoplásicos que si no se diagnostican a tiempo y de forma adecuada pueden condicionar la calidad de vida y el pronóstico vital de las pacientes.
• ¿Cuándo dejan de ser “molestias leves” y pasan a ser señales claras de consulta médica?
Los síntomas urinarios dejan de ser “molestias leves” y pasan a requerir valoración urológica cuando persisten en el tiempo, se repiten o afectan a la vida diaria, o cuando aparecen signos de alarma como pérdidas de orina frecuentes, urgencia difícil de controlar o necesidad de orinar muchas veces al día o levantarse por la noche de forma habitual (nicturia), si los síntomas duran más de unos días o reaparecen tras tratamientos, o si interfieren con el descanso, el trabajo o la vida cotidiana. También es importante acudir al urólogo si hay dolor, escozor persistente, sensación de vaciado incompleto o infecciones urinarias de repetición. De forma prioritaria, cualquier episodio de sangre en la orina debe evaluarse siempre, ya que puede ser un signo de patologías relevantes como el cáncer de vejiga.
• ¿Cómo cambia el pronóstico de los cánceres urológicos cuando se detectan de forma precoz?
Cambia de forma decisiva. Detectarlos en fases iniciales permite tratamientos menos agresivos, mayor probabilidad de control de la enfermedad y mejores tasas de supervivencia. En cáncer de vejiga, consultar pronto ante hematuria puede marcar la diferencia.
• ¿Qué miedos o barreras (vergüenza, desconocimiento…) retrasan más la visita al urólogo?
La vergüenza, el miedo al diagnóstico, el desconocimiento sobre qué hace un urólogo y la idea errónea de que solo hay que acudir cuando el problema ya es grave. En mujeres, además, pesa mucho la falsa creencia de que la urología “no es para ellas”.
• ¿Qué hábitos diarios son clave para cuidar la salud urológica? ¿Cuáles son las recomendaciones básicas de prevención?
Cuidar la salud urológica depende en gran medida de hábitos cotidianos sencillos pero consistentes. Las recomendaciones básicas incluyen:
- Hidratación adecuada: beber suficiente agua (aprox. 1,5–2 litros al día, según la persona) ayuda a diluir la orina y prevenir infecciones y formación de cálculos.
- No retrasar la micción: aguantar la orina de forma habitual puede alterar el funcionamiento vesical y favorecer infecciones.
- Higiene íntima correcta: especialmente en mujeres, limpiarse de delante hacia atrás y evitar productos irritantes reduce el riesgo de infecciones urinarias.
- Orinar después de las relaciones sexuales: ayuda a eliminar bacterias y prevenir infecciones.
- Evitar el tabaco: es el principal factor de riesgo del cáncer de vejiga.
- Dieta equilibrada: rica en frutas, verduras y baja en sal, contribuye a prevenir cálculos renales y mejorar la salud general.
- Control del peso y ejercicio físico: reducen el riesgo de incontinencia urinaria y mejoran la función del suelo pélvico.
- Limitar irritantes vesicales: como cafeína, alcohol o bebidas muy carbonatadas si causan síntomas.
- Revisiones médicas cuando haya síntomas: no normalizar signos como infecciones recurrentes, urgencia o sangre en la orina.
• ¿Qué revisiones o pruebas recomendaría, especialmente en personas con mayor riesgo?
- Las revisiones urológicas no son iguales para toda la población, pero en personas con mayor riesgo (fumadores o exfumadores, mayores de 50 años, trabajadores de la industria química, del caucho, textil y tintes, pintores y barnizadores, Peluqueros/barberos (exposición a tintes), trabajadores del metal, conductores profesionales (exposición a diésel), antecedentes de infecciones urinarias recurrentes o sangre en la orina sí debe acudir al urólogo para revisión. En general, se recomiendan:
- Análisis de orina periódico: permite detectar hematuria (aunque no sea visible), infecciones o alteraciones iniciales.
- Ecografía renal y vesical: prueba sencilla y no invasiva para evaluar riñones y vejiga.
- Citología urinaria: útil en pacientes de riesgo para identificar células anómalas, especialmente en sospecha de cáncer de vejiga.
- Cistoscopia: indicada si hay hematuria o sospecha clínica; es la prueba clave para visualizar directamente la vejiga.
- TAC urológico (uro-TAC): en casos seleccionados para estudiar en detalle el tracto urinario.
- Además, en mujeres con síntomas urinarios persistentes o recurrentes, puede ser recomendable una valoración del suelo pélvico. No existe un “screening universal”, pero sí una evaluación individualizada: ante cualquier síntoma o factor de riesgo, se debe consultar para decidir qué pruebas son necesarias y con qué frecuencia.





