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Trasplante de médula ósea: qué es y qué riesgos tiene

El trasplante de médula ósea puede ser curativo en cánceres de la sangre, pero también conlleva riesgos.

por Redacción Consejos
trasplante de médula ósea

El trasplante de progenitores hematopoyéticos, conocido de forma coloquial como trasplante de médula ósea, es una terapia compleja pero potencialmente curativa que se utiliza principalmente en cánceres de la sangre (leucemia, linfoma, mieloma múltiple), y en anemias y otros trastornos hematológicos graves.

Su objetivo fundamental es reemplazar una médula ósea enferma, incapaz de producir células sanguíneas sanas, por otra que pueda restablecer esta función esencial. En términos sencillos, el procedimiento consiste en destruir la médula ósea alterada mediante dosis muy elevadas de quimioterapia y, en algunos casos, radioterapia, para posteriormente infundir células madre hematopoyéticas sanas. Estas células actúan como una nueva “fábrica” de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas, permitiendo reconstruir el sistema sanguíneo y, en muchos casos, el sistema inmunitario del paciente.

Aunque históricamente las células se obtenían directamente de la médula ósea, hoy en día la fuente más habitual es la sangre periférica, tras estimular la salida de progenitores desde la médula al torrente sanguíneo. De forma más minoritaria, también se emplea la sangre de cordón umbilical, especialmente rica en células madre.

Tipos de trasplante: dos grandes modalidades

  1. El trasplante autólogo utiliza las propias células madre del paciente, previamente extraídas y conservadas, y se emplea cuando no es necesaria la acción inmunológica de un donante externo. 
  2. El trasplante alogénico, en cambio, se realiza con células procedentes de otra persona, ya sea un familiar compatible -habitualmente un hermano- o un donante anónimo registrado. En situaciones concretas también se llevan a cabo trasplantes haploidénticos, en los que el donante comparte solo un 50% de compatibilidad.

Enfermedad injerto contra receptor: principal complicación

España es uno de los países líderes en trasplantes. En 2024 se realizaron 6.464 trasplantes de órganos, de los cuales 3.844 fueron de médula ósea, según la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). Sin embargo, los expertos coinciden en que el reto no termina con el procedimiento y el seguimiento y manejo de las complicaciones son fundamentales para preservar la calidad de vida de los pacientes. Así, a corto plazo, pueden aparecer efectos secundarios tales como fiebre, infecciones, náuseas, mucositis (llagas en la boca), fatiga y problemas cardíacos/pulmonares, derivados del tratamiento de acondicionamiento (quimio/radiación). Y a largo plazo, infertilidad, cataratas y cánceres secundarios, debido al sistema inmune debilitado y a los tratamientos previos. 

La Enfermedad Injerto contra Receptor (EICR) es uno de los mayores riesgos del trasplante alogénico, y aparece entre el 30 y el 60% de los pacientes. Se produce cuando los linfocitos T del donante reconocen los tejidos del receptor como extraños y los atacan. La EICR puede ser aguda (generalmente se desarrolla en los primeros 100 días tras el trasplante), o crónica, con manifestaciones prolongadas en el tiempo. La forma aguda suele afectar a la piel, al aparato digestivo y al hígado, mientras que la crónica puede provocar una afectación multiorgánica, incluyendo ojos, articulaciones, mucosas, pulmones e hígado. Aunque los corticoides siguen siendo el tratamiento de primera línea y la mayoría de los casos responde a ellos, algunos pacientes requieren tratamientos inmunosupresores prolongados durante años.

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