En un tiempo donde el bienestar va más allá de lo físico, la música se confirma como una aliada silenciosa de la salud emocional. La reconocida banda Café Quijano regresa con Miami 1990, un trabajo que mira a los recuerdos con la serenidad de quien sabe que las emociones también se cuidan. Coincidiendo con el relanzamiento de “Solo te puedo decir” y el anuncio de su gira 2026 por teatros y auditorios de España y México, conversamos con la banda sobre memoria, calma, vínculos y canciones que, sin receta, siguen acompañando a varias generaciones. De León a Miami… recuerdos y melodías que atraviesan generaciones o Historias que sanan: cómo la música puede acompañar y reconfortar
Muchas de sus canciones funcionan casi como un bálsamo emocional. ¿Son conscientes del efecto “terapéutico” que su música tiene en el público?
Sí. Con el paso de los años te das cuenta de que se ha ido creando una base de seguidores incondicionales, algo muy especial para nosotros. Empezamos haciendo música porque era la afición de nuestra infancia y, casi sin darnos cuenta, se convirtió en nuestro modo de vida. Poder vivir de algo que te apasiona es un auténtico privilegio. La música es un bálsamo: tiene la capacidad de mover el alma y conectar con las emociones más profundas de las personas. Como artistas, hemos sido testigos de historias realmente conmovedoras. Recuerdo especialmente el caso de un militar que sufrió un grave accidente de paracaidismo y pasó mucho tiempo en coma. Cuando despertó, además de la medicina (que es, por supuesto, lo que realmente cura), nos contó que nuestra música le ayudó a mantenerse centrado y le acompañó en su proceso de recuperación. La música es todo eso: compañía, apoyo y emoción. Para nosotros es un orgullo y un auténtico lujo saber que lo que hacemos puede aportar bienestar y hacerle bien a alguien.
Miami 1990 mira al pasado sin nostalgia vacía. ¿Qué recuerdos necesitaban ser revisitados para cerrar este círculo artístico e ir a por más?
Lo que hacemos es transmitir y plasmar en letras y canciones lo que vivimos y experimentamos en aquel primer viaje a Miami, a principios de los años 90. Fue un momento único. El mundo es una fuente inagotable de vivencias: si sabes observar, hay material para hacer canciones, películas, vídeos o cualquier forma de arte. Nosotros partimos de esa mirada atenta a lo que vivimos, a lo que sentimos y a lo que nos rodea, y lo transformamos en música. Revisitar esos recuerdos no es quedarnos anclados en ellos, sino entenderlos, darles forma artística y utilizarlos como impulso para seguir creando y avanzar.
En una época de consumo rápido, ustedes apuestan por teatros, auditorios y conciertos largos. ¿Es su forma de reivindicar el tiempo y la escucha pausada?
Nosotros no pretendemos ser un ejemplo de nada. Simplemente hacemos lo que más nos gusta. Disfrutamos enormemente sobre el escenario y el directo es un espacio donde nos sentimos libres. Si pudiéramos estar cuatro horas tocando, lo haríamos sin dudarlo, porque realmente lo pasamos muy bien. Para nosotros, el concierto es un bálsamo, un lugar de conexión y disfrute tanto para quien escucha como para quien interpreta. Más que una postura frente al consumo rápido, es una forma natural de vivir la música y compartirla sin prisas, desde el placer de estar ahí y dejar que el tiempo fluya.
Si este disco fuera un medicamento, ¿dirían que es más preventivo, curativo o simplemente reconfortante?
Podría ser las tres cosas (entre risas). En primer lugar, te alinea con un determinado estado de ánimo, te sitúa y te conecta contigo mismo. Después, te aporta calma y te deja en un lugar de tranquilidad. Y, en ese proceso, la música cumple siempre su función más esencial: actuar como un bálsamo, como decíamos. Acompaña, reconforta y ayuda a transitar emociones, que al final también forma parte de cuidarse.
Su repertorio ha acompañado a varias generaciones. ¿Les sorprende ver a padres e hijos compartiendo butaca en vuestros conciertos?
La verdad es que sí, que nos sigue sorprendiendo, aunque con el tiempo se ha convertido en una constante, cada vez ocurre más. Somos conscientes de que ya tenemos nuestra edad, que hemos crecido junto a nuestro público, y resulta muy emocionante ver cómo personas que nos acompañan desde los inicios ahora vienen a los conciertos con sus hijos. Esa transmisión generacional es algo muy bonito: la música pasa a formar parte de la vida familiar, de los recuerdos compartidos, y eso le da un sentido aún más profundo a lo que hacemos.
Tras más de 25 años de carrera, ¿qué han aprendido sobre el equilibrio entre la vida personal, la salud emocional y la exigencia del escenario?
Es algo que siempre hemos tenido muy claro. Somos músicos y artistas, sí, pero también somos personas con una vida más allá del escenario. Cuidamos mucho ese equilibrio: somos muy deportistas, tenemos nuestras parejas, nuestras rutinas y nuestro espacio personal. Desde el principio hemos sabido conciliar bien la exigencia de la música con una vida plena fuera de ella. Creemos que ese equilibrio es fundamental para la salud emocional y, paradójicamente, también para poder subir al escenario con más energía, honestidad y ganas de disfrutar.
“Solo te puedo decir” es una de sus canciones más íntimas. ¿Por qué sintieron que este era el momento adecuado para recuperarla e integrarla en Miami 1990 después de tanto tiempo?
Es una canción preciosa que transmite mucho y con la que cualquiera puede sentirse identificado. Para nosotros, y en el mejor sentido de la palabra, es una forma de expresar admiración por la mujer. Poder reflejar eso a través de la música nos llena de orgullo y nos hace felices. Sentimos que era el momento adecuado para recuperarla y darle un lugar en Miami 1990, porque su mensaje sigue siendo tan necesario y valioso como siempre.
La gira Miami 1990 Tour 2026 propone un formato elegante y cercano. ¿Qué sensaciones buscan que el público se lleve “a casa” después del concierto?
Con la gira Miami 1990 Tour 2026 buscamos que el público se lleve a casa esa sensación de cercanía, disfrute y conexión: que se sientan acompañados, reconfortados y que la experiencia del concierto perdure mucho más allá de las luces y los aplausos. Descubrimos y vemos todo desde el escenario. Vemos a las parejas cogiéndose la mano… es muy bonito la verdad.
Han vivido separaciones, regresos y nuevas etapas. ¿Cómo ha evolucionado su relación como hermanos y como banda a lo largo del tiempo?
Como hermanos, nos llevamos como hermanos. Como banda, hemos aprendido que se necesitan tiempos de descanso y de reflexión. Es algo natural e inherente a cualquier grupo y a cualquier relación cercana. Con los años, esas pausas y reencuentros nos han permitido crecer juntos, valorar más nuestro vínculo y mantener viva la música que hacemos.
En farmacia se habla mucho de adherencia al tratamiento. ¿Cuál dirían que es el secreto para que vuestro público siga “fiel” después de tantos años?
Quizá el secreto esté en la honestidad: ser sinceros a la hora de crear nuestra música y de presentarnos en el escenario. Tenemos un público muy fiel que nos acompaña desde hace años, y sentimos un profundo respeto y cariño hacia ellos. Esa conexión genuina es lo que mantiene viva la relación y nos permite seguir compartiendo la música juntos.
Después de girar por Europa y grandes festivales, ¿qué les sigue poniendo nerviosos justo antes de salir al escenario?
Ese cosquilleo previo nunca debe faltar, aunque llevemos años sobre los escenarios. Ver cómo responde el público, sentir la energía que se crea en el instante justo antes de empezar… eso es la verdadera magia del directo. Es un nervio que se disfruta, porque nos recuerda que cada concierto es único y que estamos compartiendo algo muy especial con quienes nos escuchan.
Sus letras suelen hablar de emociones universales sin caer en lo evidente. ¿Cómo se mantiene esa honestidad creativa con el paso del tiempo?
Mantenemos esa honestidad creativa simplemente contando lo que vemos y vivimos. Somos testigos de la vida, que siempre nos ofrece historias, emociones y momentos que inspiran canciones.
¿Qué les gustaría que alguien sintiera al escuchar Miami 1990 por primera vez… y qué al escucharlo diez años después?
Nos gustaría que, al escuchar Miami 1990 por primera vez, alguien sintiera lo que nosotros sentimos en aquel primer viaje a esa ciudad americana: todo un descubrimiento. Miami es una ciudad que te envuelve por la cantidad de experiencias que ofrece y por los personajes que uno se encuentra en cada esquina. Y diez años después, nos encantaría que la canción siga despertando esa curiosidad, esa emoción y esa capacidad de sorpresa, recordando que la música puede capturar momentos que permanecen con nosotros, sin importar cuánto tiempo pase.
¿Tienen una farmacia de referencia?
Sí, tenemos una farmacia de referencia en León a la que hemos ido toda la vida, desde que éramos muy pequeños.
PARA CONOCERLOS MEJOR
¿Cuál ha sido el mejor consejo que les han dado? Mantenerse fiel y ser humilde.
Donde se ven de aquí a 10 años: en el mismo sitio, si Dios quiere.
Si pudieran viajar al pasado o al futuro ahora mismo ¿dónde elegirían? Nos gustaría a distintas épocas del pasado, y conocer la historia de la humanidad.
Un libro que les haya marcado: uno de un entrenador de tenis, de Pepe Imaz.




