Las temperaturas extremas no sólo te hacen sudar: tienen un impacto directo sobre el organismo en general y sobre la salud de tu piel en particular. El calor activa unos receptores en las células, que desencadenan la liberación de sustancias inflamatorias y provocan picor y otros trastornos. Por eso, enfermedades como la dermatitis atópica, la rosácea y la psoriasis suelen empeorar en verano.
Por Miguel Montero Moneo, farmacéutico y vocal de Dermofarmacia del COF de Zaragoza
Cuando el calor es intenso y prolongado, las glándulas sudoríparas pueden obstruirse, dando lugar al sarpullido por calor, que son esas pequeñas pápulas rojas que pican y aparecen en el cuello, el pecho, la espalda o las ingles. Algo que ocurre frecuentemente si llavemos ropa ajustada o poco transpirable. Además, las olas de calor también provocan vasodilatación cutánea (los vasos sanguíneos de la piel se dilatan para liberar calor), lo que puede agravar enfermedades como la dermatitis atópica, la rosácea o la psoriasis, y causar hinchazón en manos y pies, enrojecimiento facial.
En los casos más graves, también puede provocar calambres por calor, agotamiento por calor o golpe de calor, la consecuencia más grave cuando los mecanismos de regulación del calor fallan. La temperatura corporal suele superar los 40 °C y aparecen alteraciones neurológicas (confusión, desorientación, convulsiones o pérdida de conciencia). Es una urgencia médica y el resultado de la tensión térmica en el organismo.
Pérdida transepidérmica de agua o TEWL
Aunque el cloro es imprescindible para mantener las piscinas libres de bacterias, no es inocuo para tu piel. Los estudios demuestran que la exposición al agua clorada durante una sesión de natación de 2 horas aumenta significativamente la pérdida de agua a través de la piel (lo que los dermatólogos llaman pérdida transepidérmica de agua o TEWL), un indicador de que la barrera cutánea se ha debilitado. Además, el cloro también reacciona con sustancias orgánicas del agua (sudor, orina, cosméticos) y genera subproductos químicos que pueden penetrar la piel, causar dermatitis irritativa y alterar la capa protectora del estrato córneo, dejándola más áspera y porosa. En personas con piel sensible o eccema, esto puede desencadenar brotes.
Deporte al aire libre: el “doble filo” del ejercicio
El ejercicio es fantástico para la salud general, pero practicarlo al aire libre en verano puede someter al organismo a un estrés térmico considerable, una situación en la que las condiciones ambientales (temperatura, humedad, radiación térmica y movimiento del aire), junto con la actividad física y la ropa utilizada, dificultan la pérdida de calor del organismo, aumentando el riesgo de efectos adversos para la salud, como los calambres, el agotamiento por calor o golpe de calor.
Además, la sudoración intensa altera el pH de la superficie cutánea (lo vuelve más alcalino), lo que debilita la función barrera y puede favorecer infecciones cutáneas. Además, la hiperhidratación del estrato córneo por el sudor acumulado puede macerar la piel, especialmente en zonas de pliegues. Si a esto le sumas la exposición solar durante el ejercicio, el efecto se multiplica: la piel recibe radiación UV mientras está más vulnerable por la sudoración y la vasodilatación.
Agua de mar y arena: no todo es relax
El agua salada del mar altera las propiedades mecánicas de la capa más externa de la piel (el estrato córneo), aumentando su rigidez y la tensión durante el secado. Esto explica esa sensación de piel tirante y seca después de un baño en el mar. Además, la arena de la playa puede albergar bacterias que, en contacto con piel dañada o macerada, pueden causar infecciones cutáneas, de ahí que siempre debas evitar sentarte directamente sobre la arena si tienes heridas o rozaduras.
El aire acondicionado: un agresor inesperado
Después de un día de calor, el aire acondicionado parece un alivio. Pero los ambientes con aire acondicionado tienen baja humedad, lo que reduce el contenido de agua del estrato córneo, disminuye la elasticidad de la piel y aumenta su rugosidad. En personas con dermatitis atópica, el flujo de aire frío puede alterar la barrera cutánea y degradar componentes clave como la filagrina, empeorando la sequedad y el picor.
Cuídate de los rayos asesinos
- Los rayos UVA representan más del 95% de la radiación que llega a tu piel. Penetran profundamente hasta la dermis, donde destruyen el colágeno y la elastina (las proteínas que mantienen la piel firme y elástica). El resultado: arrugas prematuras, manchas y pérdida de tersura. Además, generan radicales libres que dañan el ADN celular y pueden contribuir al desarrollo de melanoma.
- Los rayos UVB, aunque solo representan un 5% de la radiación solar, son los responsables de las quemaduras solares. Actúan principalmente en la epidermis, dañando directamente el ADN de las células y aumentando el riesgo de carcinomas cutáneos y melanomas. También reducen el ácido hialurónico de la piel, lo que provoca deshidratación y sequedad. Lo más importante: Ambos tipos de rayos trabajan juntos y multiplican sus efectos. La exposición prolongada y repetida acumula daño que se manifiesta años después como fotoenvejecimiento y mayor riesgo de cáncer de piel.
Los 10 “mandamientos” en agosto
- Usa ropa ligera y holgada de tejidos transpirables.
- Mantente bien hidratado bebiendo agua con frecuencia, sin esperar a tener sed y busca ambientes frescos durante las horas de máximo calor.
- Si notas sarpullidos o cambios importantes en la piel consulta a tu farmacéutico.
- Dúchate siempre antes y después de nadar en piscinas cloradas. Aplica una crema hidratante o emoliente tras el baño para restaurar la barrera cutánea. Si tienes piel sensible, considera usar una crema barrera antes de entrar al agua.
- Aclara tu piel con agua dulce después de cada baño en el mar. Hidrata bien la piel al llegar a casa.
- Evita sentarte directamente sobre la arena si tienes heridas o rozaduras.
- Entrena en las horas más frescas del día (primera hora de la mañana o al atardecer).
- Usa un humidificador en espacios con aire acondicionado prolongado.
- Utiliza un fotoprotector de amplio espectro (UVA + UVB) con SPF 50 que, además, incorpore activos antioxidantes, para ofrecer a la piel una segunda línea de protección frente al daño oxidativo. Para aplicarlo correctamente, recuerda la regla del 2: aplícalo 20 minutos antes de salir de casa, utiliza 2 dedos de fotoprotector para cara y cuello, aproximadamente 2 cucharadas soperas para el cuerpo y reaplica cada 2 horas, especialmente si sudas, te bañas o te secas con una toalla.
- Siempre que entrenes, usa protector solar resistente al agua y ropa deportiva con protección UV. Sécate el sudor con frecuencia y cámbiate de ropa húmeda lo antes posible.
