«Mi nieto tiene varicela y he estado con él estos días. Yo tuve varicela cuando era pequeño, pero he oído hablar del herpes zóster y de una vacuna para prevenirlo. ¿Puedo contagiarme? ¿Necesito vacunarme? ¿Qué medicamentos hay si aparece?” Nos escribe… Luis M. (Medina de Pomar)
Ambas enfermedades están causadas por el mismo virus: el virus varicela-zóster (VVZ). La primera infección por este virus produce la varicela, una enfermedad muy contagiosa que suele aparecer durante la infancia. Tras la curación, el virus no desaparece del organismo, sino que permanece en estado latente en los ganglios nerviosos durante toda la vida. Años o incluso décadas después, el virus puede reactivarse y producir herpes zóster, conocido popularmente como «culebrilla«. Es decir, una persona que ya ha padecido varicela no vuelve a desarrollar otra varicela, pero puede presentar un episodio de herpes zóster. Además de la erupción cutánea característica, la complicación más frecuente del herpes zóster es la neuralgia posherpética, un dolor neuropático que puede persistir durante meses e incluso años, afectando significativamente a la calidad de vida.
¿Existe riesgo de contagio?
Sí, aunque de forma diferente a la varicela. El líquido contenido en las vesículas puede transmitir el virus a personas que nunca hayan pasado la varicela o no estén vacunadas. En estos casos, el contacto no produce herpes zóster, sino varicela. Por ello, mientras existan lesiones activas es recomendable mantener las lesiones cubiertas, extremar la higiene de manos y evitar el contacto con embarazadas, recién nacidos e inmunodeprimidos.
¿Quién tiene más riesgo de desarrollar herpes zóster?
El principal factor de riesgo es la edad, ya que a partir de los 50 años disminuye la inmunidad frente al virus. Por este motivo también presentan mayor riesgo las personas inmunodeprimidas, pacientes con enfermedades crónicas o en tratamiento con fármacos inmunosupresores, en receptores de trasplantes y en pacientes oncológicos.
Tratamiento farmacológico
El tratamiento precoz es fundamental. Los antivirales son más eficaces cuando se inician durante las primeras 72 horas desde la aparición del exantema. Los principios activos utilizados con mayor frecuencia son aciclovir, valaciclovir y famciclovir. Su utilización permite disminuir la duración del episodio, reducir la intensidad del dolor, favorecer una cicatrización más rápida y disminuir el riesgo de complicaciones, especialmente en pacientes de riesgo. En cuanto al tratamiento sintomático, pueden emplearse analgésicos convencionales y, cuando aparece dolor neuropático persistente, pueden ser necesarios medicamentos específicos prescritos por el médico. Los antibióticos no están indicados salvo que exista una sobreinfección bacteriana de las lesiones cutáneas.
2 vacunas en 2 tiempos
- La vacunación representa actualmente la estrategia más eficaz para prevenir tanto la enfermedad como sus complicaciones. La vacuna de la varicela forma parte del calendario infantil de vacunación en España y ha conseguido disminuir notablemente la incidencia de la enfermedad y sus complicaciones. También puede recomendarse en determinados adultos susceptibles que nunca hayan padecido la enfermedad ni hayan sido vacunados.
- En cuanto a la vacuna frente al herpes zóster, actualmente se dispone de una vacuna recombinante inactivada, indicada para prevenir el herpes zóster y la neuralgia posherpética. No es necesario haber presentado previamente un episodio de herpes zóster para beneficiarse de la vacunación. Está recomendada en personas de 65 años o más y en personas a partir de los 18 años que tienen un alto riesgo de padecer herpes zóster, por ser receptoras de trasplante de progenitores hematopoyéticos, de órgano sólido, en quienes estén en tratamiento con fármacos anti-JAK, tengan la infección por VIH, hemopatías malignas, tumores sólidos en tratamiento con quimioterapia y/o antecedente de dos o más episodios de herpes zóster.
