El 40% de los pacientes anticoagulados no están bien controlados

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En España, aproximadamente 800.000 personas reciben algún tipo de tratamiento anticoagulante para tratar la fibrilación auricular (FA), la arritmia cardíaca más común. No obstante, aproximadamente el 40% de los pacientes anticoagulados no están bien controlados (infradiagnóstico o falta de diagnóstico precoz). Los principales riesgos son el ictus, que supone en España la primera causa de muerte en las mujeres y la segunda en hombres, y la embolia sistémica, episodios de sangrado lo suficientemente graves como para producir la muerte o invalidez total de quienes los sufren.

Para prevenirlos, expertos reunidos en el Congreso de la Sociedad Española de Cardiología han reclamado seguir las recomendaciones de las guías europeas e incluir a los anticoagulantes orales como primera elección en pacientes con FA dentro del informe de posicionamiento terapéutico de la AEMPS, priorizando su uso respecto a los antivitamina K (AVK) y el sintrom. Según el doctor Iñaki Lekuona, jefe del servicio de Cardiología del Hospital de Galdakao y moderador de la mesa “Abordaje multidisciplinar de la Anticoagulación en España”, patrocinada por la alianza Bristol-Myers Squibb y Pfizer con una beca no condicionada, la llegada de los ACODs y los nuevos estudios realizados “han demostrado una mejora significativa en eficacia, eficiencia y sobre todo seguridad en los tratamientos para pacientes con FA en comparación con los AVK, lo que conduce a una mejora en la reducción del riesgo de presentar episodios tanto embólicos como hemorrágicos”. En este sentido, ha remarcado la necesidad de una correcta indicación y uso de los ACODs porque “existen barreras de acceso en las comunidades autónomas que son contradictorias con los criterios y estudios clínicos, lo cual perjudica en última instancia la salud de los pacientes”.




El doctor Jaime Masjuan, jefe del Servicio de Neurología de Hospital Ramón y Cajal, participante en el mismo simposio, ha apuntado también los riesgos que puede conllevar el tratamiento con los anticoagulantes tradicionales. Así, ha resaltado que “es difícil de entender cómo, a pesar de los innegables beneficios de los ACODs, éstos siguen siendo relegados por las administraciones públicas y su porcentaje de utilización es de sólo el 24%”. En esta línea, ha continuado explicando cómo “en algunas comunidades autónomas, no es hasta después de padecer un segundo ictus cuando los pacientes pueden acceder a ACODs bajo financiación pública, por lo que en muchos casos los facultativos recomendamos que se paguen ellos mismos estos medicamentos”. Por eso, ha reivindicado el papel de los pacientes: “No sólo es fundamental informarles sobre los síntomas del ictus con el objetivo de que puedan identificarlos y acudir con celeridad a los hospitales, en muchos de los cuales existen unidades especializadas, sino también para que reclamen el acceso a los mejores tratamientos disponibles”.

 

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