ACIDEZ, fuego en las entrañas

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Padecer ardor de estómago es algo tan habitual que a menudo no le prestamos la atención que se merece y recurrimos a medicamentos “a voluntad”. Los expertos nos recuerdan que detrás de este trastorno puede haber un problema mayor, y nos alertan de los peligros que puede acarrear el consumo indiscriminado de estos medicamentos.

 

Entre el 30 y el 40 por ciento de la población padece acidez de estómago o pirosis al menos una vez al mes, mientras que una de cada cinco la sufren una vez por semana y alrededor del 10 por ciento a diario. Este ardor, que muchos afectados definen como “fuego en el estómago”, aunque puede presentarse ocasionalmente y sin que exista vínculo con una enfermedad concreta, sin embargo es la señal más habitual de la llamada enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), una patología frecuente y costosa, que se asocia a complicaciones serias y tiene un impacto importante en la calidad de vida de millones de personas en el mundo.Precisamente sobre este trastorno ha querido llamar la atención este año la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), durante el “Día Mundial de la Salud Digestiva”, que cada 29 de mayo celebra la Organización Mundial de Gastroenterología, para concienciar  acerca de esas enfermedades y promover la unión de los gastroenterólogos de todo el mundo.

Una válvula a modo de compuerta
Para entender la pirosis es necesario recurrir a unas pequeñas lecciones de anatomía: la unión del esófago y el estómago funciona como una válvula muscular, el esfínter esofágico inferior o EEI, que actúa a modo de compuerta evitando el paso de los ácidos procedentes del estómago, necesarios para la digestión, al esófago. Al tragar la comida, ésta atraviesa el esófago hacia abajo y el EEI se relaja, permitiendo su paso al estómago. Normalmente esta  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentosválvula sólo permite el descenso de la comida, pero a veces es débil y permite el paso del contenido del estómago hacia el esófago. La sensación de quemazón que se produce entonces se debe al alto nivel de acidez del pH en una estructura (el esófago) que no está preparada para soportarlo.
La debilidad del EEI puede ser consecuencia de determinados factores entre los que se encuentran determinadas alteraciones anatómicas como las que se producen en la hernia de hiato o después de determinadas intervenciones quirúrgicas de la zona, así como algunas enfermedades que afectan a la musculatura, el embarazo, ciertos fármacos y el tabaco. Asimismo, la ERGE se desarrolla cuando estos mecanismos normales anti-reflujo dejan de funcionar.

ERGE, palabras mayores
Además de pirosis, los pacientes con enfermedad por reflujo, también pueden experimentar dolor en el pecho, asma o tos crónica, síntomas que merecen una atención médica rápida. Además, si se deja sin tratamiento, la ERGE puede derivar en complicaciones serias, como la úlcera de la pared del esófago con hemorragias, una lesión pre-cancerosa denominada ” esófago de Barrett” y en casos raros, un adenocarcinoma esofágico.

“Es necesario que se reconozca el gran impacto de la enfermedad por reflujo y sus posibles complicaciones: quienes la padecen deben dejar de culpabilizarse y los profesionales sanitarios deben tomar más en consideración los síntomas de los pacientes, ya que un tratamiento con una dosis insuficiente puede ponerlos en riesgo e incapacitarles para llevar un estilo de vida normal”, explica el profesor Manuel Díaz-Rubio, presidente de la SEPD.

Según este experto, es muy habitual que las personas afectadas retrasen la búsqueda de consejo médico durante años, ya que piensan que su estilo de vida es la causa de sus síntomas. Así, los pacientes culpan a menudo, aunque incorrectamente, a factores desencadenantes en la dieta, como las especias, la grasa, las comidas y bebidas ácidas, el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y el estrés. Sin embargo, estos factores actúan como agravantes de la pirosis, pero no son el origen último de este trastorno. Al considerar la pirosis como un problema menor, los pacientes recurren a medicamentos de venta libre para sobrellevarla sin consultar al médico.

La cronicidad y persistencia de la pirosis son los indicadores del diagnóstico de la ERGE. Pero es frecuente que los pacientes soporten el ardor digestivo de forma innecesaria,  porque no se les da importancia o no son tratados adecuadamente.

En muchos casos, la ERGE es crónica y cuando se deja de tomar la medicación los síntomas reaparecen. Por eso, un gran número de pacientes tienen que seguir el tratamiento farmacológico durante mucho tiempo, incluso durante toda su vida.

Qué la empeora
Muchos factores y hábitos pueden empeorar la acidez estomacal. Según los expertos, si bien es verdad que los mecanismos que la producen no están definidos exactamente, lo cierto es que la pirosis se agrava en determinadas situaciones como después de comer en exceso, cuando nos acostamos inmediatamente después de comer, durante el embarazo, en situaciones de estrés y/o tras el consumo de ciertos alimentos o medicamentos. Entre los factores que la empeora, los expertos citan:
•    El tabaco.
•    El café, incluido el descafeinado, y otras bebidas que contengan cafeína.
•    El alcohol.
•    Los refrescos carbonatados.
•    Los cítricos (naranjas, limones, lima, pomelo…).
•    El tomate y productos derivados del tomate, así como la cebolla.
•    El chocolate y la menta.
•    Las comidas ricas en grasas o muy condimentadas y picantes, dado que el reflujo de dichos alimentos puede producir daños serios en la pared esofágica. Es preferible consumir alimentos ricos en hidratos de carbono complejos y proteínas
•    Acostarse demasiado pronto después de comer (conviene esperar al menos dos horas y subir la cabecera de la cama 10-12 cm. para evitar el reflujo).
•    El sobrepeso o la obesidad.
•    Situaciones de estrés.
•    El consumo de ciertos medicamentos como el ibuprofeno o el ácido acetilsalicílico (aspirina), así como sedantes y algunos medicamentos para la hipertensión.
•    Los alimentos fríos o muy calientes y aquellos que sienten mal.
•    Comer deprisa y de forma copiosa, sin masticar suficientemente la comida.

Cuándo acudir al médico
Si después de una semana no han remitido las molestias o si aparecen de forma reiterada o dolorosa, es mejor acudir a un médico. Igualmente, se aconseja consultar al médico en el caso de que la paciente esté embarazada, en lactantes, y en niños menores de seis años y en pacientes medicados. Es imprescindible consultar con el médico en caso de materias fecales sanguinolentas o de color negro, vómito con sangre, acidez estomacal que no mejora después de dos semanas de tratamiento con medicamentos, dificultad y/o dolor al tragar y pérdida de peso no deseada.

Medicamentos sí, pero con cautela
•    Los antiácidos disminuyen el efecto (neutralizan) del ácido en el estómago, provocando alivio rápido a corto plazo. No se deben consumir de forma habitual y sin prescripción médica, ya que pueden tener efectos colaterales indeseables. El antiácido más extendido y de uso más frecuente es el bicarbonato sódico; su acción es rápida y potente, pero no duradera. Si se utiliza durante mucho tiempo, el estómago producirá más ácido clorhídrico para compensar el neutralizado por el medicamento. Debe tenerse en cuenta el contenido en sodio de este medicamento por lo que puede presentar problemas en personas con hipertensión o insuficiencia renal. Se debe administrar con agua y no con leche una o dos horas después de la comida. Los antiácidos no deben administrarse durante periodos superiores a una o dos semanas. Otros antiácidos los componen las sales de aluminio y magnesio, aunque pueden producir estreñimiento y diarrea, respectivamente.
•    Los bloqueadores (bloqueantes) de receptores H2 disminuyen la cantidad de ácido que produce el estómago. El alivio no es inmediato, sino que por lo general, sus efectos comienzan a notarse al cabo de una hora.
•    Los inhibidores de la bomba de protones disminuyen significativamente la producción de ácido. Funcionan bien cuando la que no se alivia con antiácidos o bloqueadores de receptores H2. Estos medicamentos son más útiles para las personas que tienen acidez estomacal con frecuencia; más de dos veces por semana. El Omeprazol es un ejemplo de un inhibidor de la bomba de protones.
Los antiácidos y los reductores de ácidos usualmente causan solamente efectos secundarios leves que luego desaparecen por si solos. Estos pueden incluir dolores de cabeza, náuseas, estreñimiento o diarrea.