ALIMENTACIÓN INFANTIL La casa por los cimientos

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De la alimentación del bebé dependerá tanto su desarrollo emocional e intelectual, como su desarrollo físico y su arsenal inmunológico. Darle lo mejor en cada etapa equivale a empezar la casa por los cimientos.
La alimentación del lactante y del niño pequeño es la piedra angular de los cuidados para el desarrollo infantil: sienta las bases de su crecimiento y es básica para que el pistoletazo de salida a la vida se haga en las mejores condiciones y con los mayores índices de inmunidad posibles para enfrentar virus y bacterias. Por ello, la OMS y el UNICEF desarrollaron conjuntamente en 2002 la Estrategia mundial para la alimentación del lactante y del niño pequeño como guía para la elaboración por los países de políticas relativas a la alimentación y estado nutricional, el crecimiento, la salud y, por consiguiente, la supervivencia de los lactantes y niños. Esta estrategia insiste en la importancia de la nutrición en los primeros meses y años de vida y en la importancia de las prácticas de alimentación adecuadas para lograr una salud óptima.Estrategia mundial para la alimentación del lactante y del niño pequeño
1. Según establece la estrategia, la lactancia materna es la mejor forma de proporcionar una alimentación idónea para el crecimiento y desarrollo saludables de los lactantes. En ella se recomienda que los lactantes se alimenten exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses de vida, para lograr un crecimiento, desarrollo y salud óptimos. Si no recibe leche materna, pueden generarse en el niño factores de riesgo que predisponen a una salud deficiente. Pueden producirse los  siguientes efectos que afectan al resto de la vida: rendimiento escolar deficiente, productividad reducida, desarrollo intelectual y social deficientes o enfermedades crónicas. En muchos países en desarrollo, los lactantes con crecimiento insuficiente sufren desnutrición de niños; si en un momento posterior de su vida aumentan el consumo de alimentos calóricos, como hidratos de carbono, grasas, etc., podrían sufrir sobrepeso u obesidad.2. Posteriormente, para satisfacer sus nuevas necesidades nutricionales, deben recibir alimentos complementarios suficientes e inocuos, al tiempo que continúan recibiendo leche materna hasta los dos años o más. Los alimentos complementarios son los alimentos y bebidas adicionales ricos en nutrientes que se recomienda aportar a los niños una vez transcurridos los primeros seis meses de vida. La transición de la lactancia materna exclusiva a la alimentación complementaria se realiza típicamente en el período de los 6 a los 18-24 meses, en el cual el niño es muy vulnerable. En este período muchos niños comienzan a sufrir malnutrición. Es, por consiguiente, fundamental que los lactantes reciban alimentos complementarios adecuados, suficientes e inocuos, para garantizar una transición correcta de la lactancia materna al consumo pleno de los alimentos familiares.

Leche materna en prematuros
“De alimento a medicamento” (foto doctor Serafín Málaga, sacarlo (segundo por la izquierda)
Cada año nacen en nuestro país unos 40.000 prematuros. Son niños que precisan cuidados especiales a todos los niveles y la alimentación es, sin lugar a dudas, uno de los aspectos clave. Hace más de diez años se creó en España el primer banco de leche materna para favorecer que esos prematuros tuvieran acceso a ella aunque no fuera de su madre. Desde entonces se ha aumentado la donación de leche materna y también el número de estos bebés que han podido recibirla. No obstante, como reconocen los expertos en Neonatología, todavía es escaso el número de bancos de leche natural. Según el doctor Serafín Málaga, presidente de la Asociación Española de Pediatría, “en la actualidad, sólo la mitad de las madres continúan dando el pecho hasta los tres meses y únicamente una de cada cuatro hasta los seis”, ha destacado “En el caso concreto de niños prematuros o que ha nacido con algún problema, la Organización Mundial de la Salud, UNICEF y entidades científicas, como la Sociedad Española de Neonatología y la Asociación Española de Pediatría, recomiendan la alimentación con leche de madre donada cuando no la puede recibir de la propia madre”, ha afirmado el profesor Josep Figueras, presidente de la Sociedad Española de Neonatología y catedrático de Pediatría en la Universidad de Barcelona.

Esta alimentación, según explica, les protege frente a distintas patologías muy graves y muchas de ellas mortales, además de favorecer un mejor desarrollo. “Existe evidencia científica sobre los beneficios de la leche materna frente a la enterocolitis necrotizante (inflamación del intestino), las infecciones y los problemas digestivos. A largo plazo, se ha observado que garantiza un mejor neurodesarrollo, disminuyendo, ya en la edad adulta, el riesgo cardiovascular y logrando unas cifras de presión arterial más bajas y un mejor perfil de lipoproteínas (colesterol)”. “La leche materna”, apunta la doctora Carmen Pallás, jefa de Servicio de Neonatología del Hospital 12 de Octubre y responsable del banco de este centro, el más importante de nuestro país, “ha pasado para los neonatólogos de ser un alimento a un medicamento”. Además, no todas las leches son iguales. Como explica la doctora Pallás, “la leche materna cambia si la donante ha tenido un niño prematuro o a término o si la donación se produce en los primeros días tras el nacimiento del niño o cuando ya está más madura”. Todo ello permite que, según las características y necesidades de cada bebé, proteínas y calorías fundamentalmente, se le aporte la leche “a la carta” que más puede necesitar en cada momento. La leche donada es sometida, además, a unos estrictos controles de seguridad y calidad que garantizan que la leche final es segura para el bebé.

Según una investigación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh, en Pensilvania (EEUU) publicada en PNAS, un ingrediente que se encuentra en la leche materna podría ser utilizado para evitar que los bebés prematuros desarrollen una enfermedad intestinal mortal que puede ser incurable. Hackam y su equipo observaron que la enfermedad se produce cuando los intestinos comienzan siendo colonizados por bacterias, un proceso que normalmente ocurre después del nacimiento. Estos expertos encontraron que la leche materna contiene altos niveles de nitrato de sodio, que se convierte en nitrito por las bacterias intestinales. El nitrito puede ser convertido directamente en el óxido nítrico vasodilatador, que puede tanto proteger el revestimiento intestinal como mejorar el flujo sanguíneo.

Calendario de la alimentación complementaria en el niño
*Fuente: Asociación Española de Pediatría
De manera paulatina y según las indicaciones del pediatra, entre los seis y los doce meses de edad se deben incorporar cereales, fruta, verdura, carne, huevo, pescado y legumbres a la alimentación del bebé. Después del año, el niño puede adoptar de manera progresiva una dieta más similar a la del adulto. El calendario de introducción de la alimentación complementaria que marca la Asociación Española de Pediatría es el siguiente:

Cero a seis meses: lactancia materna. En el caso de no poder administrarla, la leche de fórmula está elaborada con leche de vaca adaptada a las necesidades y capacidades digestivas de los bebés. La leche de fórmula se divide en dos grandes grupos: por un lado están las de inicio, llamadas de tipo 1, que los recién nacidos pueden consumir desde el primer día.; y las leches de continuación, de tipo 2, aconsejadas a partir de los seis meses de edad. Desde este momento, la recomendación general es empezar a dar al bebé alimentos sólidos, además de la leche materna. La leche de fórmula de continuación se diferencia de la de inicio por su mayor contenido proteico y de hierro. Además pueden contener sacarosa, fructosa y miel.
Cuatro a seis meses: cereales sin gluten y papilla de frutas
Seis meses:cereales con gluten (en caso de no existir intolerancia), verduras, carne y yogur con leche adaptada.
Ocho a doce meses: yogur con leche
Nueve a once meses: yema de huevo.
Diez a once meses: pescado blanco.
12 meses: huevo entero cocido.
12 a 24 meses: leche entera de vaca, legumbres, otros derivados lácteos.

Ácidos grasos omega 3: imprescindibles en el neurodesarrollo
Según indican los expertos de la Asociación Española de Pediatría (AEP), en los últimos años se ha puesto el énfasis en la correspondencia entre varios nutrientes, (como los ácidos grasos omega 3), y el desarrollo visual y cognitivo en el niño. De hecho, su déficit puede traducirse en una peor capacidad visual y mental tanto del niño como del adulto. Por ello, los especialistas apuntan dos grupos principalmente de riesgo, gestantes y lactantes, donde se deben extremar y garantizar el consumo de estas sustancias ya que coinciden con el momento de desarrollo neurocognitivo.

Según el doctor Pablo Sanjurjo “por supuesto, hay otros compuestos  que también participan en el neurodesarrollo como el hierro, el zinc, el ácido fólico, los nucleótidos o los oligosacáridos. Los ácidos grasos w3 de larga cadena son imprescindibles porque el cerebro se nutre de los mismos, los necesita ya que forman parte de la masa cerebral. Un déficit de los mismos podría derivar en una peor evolución visual y cognitiva.

“A nivel más especulativo, se está asociando la falta de ácidos grasos omega 3 al trastorno por déficit de atención e hiperactividad, la depresión, el trastorno bipolar o esquizofrenia, Alzheimer aunque los resultados son todavía preliminares. En cualquier caso, -puntualiza este especialista- no sería la causa directa de estas enfermedades pero si podría influir en la aparición de las mismas”.

El organismo fabrica de forma endógena esta sustancias (sobre todo los ácidos grasos omega 3) pero en cantidades pequeñas “y parece ser que tampoco se consumen a través de la alimentación que se hace en la actualidad en los países desarrollados en las porciones aconsejadas. Así, es fundamental, recomendar a las mujeres embarazadas el consumo de pescado azul rico en ácidos grados omega 3 y a los bebes que no reciben leche materna el complementar la lactancia artificial con suplementos que incorporen hierro, zinc y ácidos grasos w3”. “De igual forma, -precisa- debemos proteger a niños con enfermedades metabólicas y prematuros garantizando la toma de estos nutrientes”, apunta Sanjurjo.

De la obesidad infantil a la hipertensión precoz
En España, uno de cada cuatro niños españoles de entre 3 y 5 años tiene exceso de peso. Concretamente, los datos indican que el 30% de la población infantil de nuestro país sufre sobrepeso (21,7 %) u obesidad (8,3 %) y además, cada vez empieza a detectarse en edades más tempranas. Un exceso de adiposidad corporal durante la niñez y adolescencia está asociado a un aumento en los niveles de la presión arterial. De hecho, la pandemia de obesidad infantil está aumentando la hipertensión precoz. Así lo indica un reciente estudio publicado en el último número de Revista Española de Cardiologia (REC), en el que se demuestra cómo aumentan los niveles de presión arterial (sistólica y diastólica) en escolares, en función de su índice de masa corporal (IMC), el porcentaje de grasa (%GC) y el índice de cintura – talla (ICT).

En este sentido la doctora Mª Dolores Marrodán Serrano, autora del trabajo y codirectora del Grupo de Investigación EPINUT de la Universidad Complutense de Madrid, señala que, “La investigación pone en evidencia que el sobrepeso y la obesidad en edad escolar predisponen claramente a tener una presión arterial elevada, aunque su nivel del riesgo dependerá en particular del exceso de tejido adiposo y de su distribución corporal, ya que el riesgo aumenta sobretodo en función de del exceso de tejido adiposo y de su distribución.

La doctora Marrodán también destaca que, “los estilos de vida poco saludables son, hoy en día, los principales causantes del aumento de la hipertensión en la población más joven. El objetivo de este estudio es el de detectar cuanto antes aquellos casos de hipertensión, para poder tratar la alteración y prevenir la aparición de cualquier tipo de enfermedad”.

En este sentido, la presidenta de la sección de Cardiología Pediátrica y Cardiopatías Congénitas de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), la doctora Mª Teresa Subirana, señala que “la hipertensión es el componente más común del síndrome metabólico y son varias las investigaciones que destacan su relevancia como uno de los principales factores de riesgo en el desarrollo de enfermedad cardiovascular, ya que es la responsable de la mitad de defunciones por cardiopatía o accidente cerebrovascular. Sería extraordinariamente importante demostrar como una intervención en la variable “obesidad” y especialmente en “la “distribución de la grasa corporal”, a través de la aplicación de una dieta y de una actividad física adecuada modifica el porcentaje de cifras tensionales elevadas en esta población”.

De 3 a 6 años, edad clave para la salud cardiovascular
La ciencia ha demostrado que la mejor edad para asimilar buenos hábitos en la promoción de la salud es la infancia temprana, en concreto entre los tres y los seis años. Así lo ha afirmado el doctor Valentín Fuster, presidente del Observatorio de la Nutrición y del Estudio de la Obesidad y director general del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC), durante las XVII Jornadas de Nutrición Práctica-VIII Congreso Internacional Nutrición, Dietética y Alimentación celebradas recientemente en Madrid. Según este experto, las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la primera causa de mortalidad en España. Fuster ha explicado cómo los cambios en el estilo de vida de la población y una concienciación sobre la necesidad de promover hábitos saludables a lo largo de toda la vida: niñez, edad adulta y vejez, pueden modificar el problema de la salud cardiovascular. Ejemplo de ello son programas como la Salud Integral (SÍ!) que se está llevando a cabo en escuelas españolas y cuyos efectos se van viendo a medida que avanzan los años.

Niños “mal comedores”. Atención a su rendimiento escolar
“Este niño come fatal” es una de las quejas más habituales de los padres españoles según los pediatras. A pesar de que la alimentación está entre las principales preocupaciones para el 95% de los progenitores, en muchas ocasiones desconocen sus consecuencias. El estudio Hábitos alimenticios e ingesta de nutrientes en una cohorte de niños sanos en España, publicado en The Open Nutrition Journal, analiza por primera vez las consecuencias de la conducta “mal comedora” en niños españoles con el objetivo de determinar si existen diferencias entre los que tienen una alimentación saludable y los que no, en cuanto a su atención, a los niveles de irritabilidad de las familias y la ingesta nutricional. La investigación ha determinado que los niños entre 4 y 6 años considerados “mal comedores” (el 70% de la muestra) tenían un nivel de atención significativamente bajo respecto a aquellos niños que comían de manera sana. También es mayor el número de niños que han requerido intervención psicológica debido a estas deficiencias  de atención. Según el doctor Luis Ros, coordinador del estudio y jefe de la unidad de Gastroenterología y Nutrición Infantil del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, “la evidencia científica vincula la malnutrición a un déficit del desarrollo cognitivo. Incluso en niños de países desarrollados existe una relación entre los malos hábitos alimentarios y un rendimiento escolar pobre”.

El estudio, realizado con la colaboración de Abbott, se ha llevado a cabo en siete colegios de Madrid con 1.101 niños en edades comprendidas entre los 3 y los 6 años. Para realizarlo, los pequeños fueron clasificados en dos grupos: los que no comen bien y los que lo hacían de manera saludable. Los “mal comedores” fueron definidos como aquellos que ingerían menos de un 65% de las cantidades diarias recomendadas de entre 4 y 6 grupos de alimentos. Los grupos eran carnes (que incluye huevos y pescado), verduras, frutas, lácteos, carbohidratos y legumbres.

¿Cómo es un niño “mal comedor”?
El estudio ofrece una valiosa visión sobre los hábitos alimenticios de estos niños: son quisquillosos con la comida; no disfrutan con los alimentos nuevos (es probable que los rechacen y que decidan que no les gustan sin haberlos probado siquiera); no les gusta comer; prefieren beber a comer; y se sienten llenos rápidamente.

Las consecuencias
Bajos niveles de atención
Una de las principales conclusiones de la investigación fue que no existían diferencias significativas en cuanto al nivel de atención entre los dos grupos de niños, salvo en los grupos de más edad, lo que representa el 70% de la muestra (788 niños). “La puntuación más baja en los niveles de atención en el grupo de más edad podría deberse al efecto acumulativo de los malos hábitos alimenticios y a los déficit nutricionales derivados de ellos, lo que deberá investigarse en profundidad”, afirma el doctor Ros.
Deficiencias nutricionales
A corto plazo pueden producirse deficiencias nutricionales, como niveles bajos de energía y proteínas o micronutrientes; ingesta de frutas, verduras y carnes inferiores a las recomendadas; o menos vitaminas y minerales de los recomendados. Ingieren menor cantidad de nutrientes clave en la etapa de desarrollo, por lo que puede producirse un menor crecimiento ya que algunas investigaciones demuestran que los niños que comen mal tienen una estatura más baja y un menor peso corporal.
Menor rendimiento cognitivo
Una posible consecuencia a largo plazo de la conducta mal comedora es un menor rendimiento cognitivo (dificultades para realizar pruebas que requieran atención, dificultades de memoria, percepción visual, comprensión verbal y otros importantes procesos cognitivos).
Irritabilidad de las familias
El estudio muestra que existe una estrecha relación entre malos hábitos alimentarios de los niños y el estrés de la familia a la hora de las comidas. Unos niveles altos de irritabilidad en los padres pueden tener consecuencias negativas a largo plazo en el comportamiento de los niños ya que podrían empeorar sus hábitos alimentarios en el futuro.

Es importante en este punto trabajar con los niños y sus familias para ayudar a prevenir futuros problemas con las comidas. Gestionar las dificultades de forma sosegada y comprensiva animará a los padres a desarrollar estrategias para conseguir que sus hijos tengan buenos hábitos alimentarios.

El farmacéutico, papel clave
Todos los expertos coinciden en la idea de que una alimentación adecuada de la población infantil puede y debe ser promovida desde las farmacias. El farmacéutico tiene un rol clave en el consejo para una nutrición infantil adecuada, por ser el profesional de la salud más cercano a la población y al que las madres confían la alimentación de sus bebés en un porcentaje muy elevado, según todos los estudios recientes. “El farmacéutico tiene un papel clave en el consejo a los padres para asegurar una nutrición infantil adecuada”, ha apuntado Aquilino García Perea, vocal nacional de Alimentación del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos de España, durante su intervención como moderador en la mesa redonda Hábitos nutricionales de los niños españoles de 0 a 3 años: percepción, realidad y gestión, patrocinada por Danone Baby Nutrition y celebrada en el contexto del Encuentro Europeo de Farmacia “Infarma 2013. Según este experto, “la alimentación en los niños españoles hasta los 3 años ha mejorado mucho en los últimos años, aunque España sigue siendo uno de los países de Europa con mayor índice de obesidad infantil, por lo que debemos mejorar los hábitos nutricionales en las edades tempranas de la vida. En este contexto, es importante poder contar con estudios específicos que revelen las deficiencias, excesos  y necesidades de la alimentación infantil. Es por ello que debe estar al día de todos los datos  disponibles sobre hábitos nutricionales en las primeras etapas de la vida, con el objetivo de “transmitir mensajes claros y efectivos a los padres”. A este respecto, “nunca antes se ha dispuesto de tanta información sobre este aspecto como ahora”. A pesar de ello, la población infantil española se sitúa a la cabeza de Europa en cifras de sobrepeso (21,7%) y obesidad (8,3%).

Según el estudio Alsalma (Alimentando la Salud del Mañana), desarrollado por Almirón, el 90 por ciento de los niños de 1 a 3 años consume más del doble de proteínas de las que necesita en realidad, lo que parece tener una relación directa con los índices de obesidad y sobrepeso en los años posteriores. Además, esta ingesta excesiva de proteínas se debe al consumo de alimentos no adaptados a la edad infantil, como la leche de vaca, y a una ingesta de carne que sobrepasa las cantidades recomendadas. Todas estas desviaciones “pueden y deben ser corregidas desde las farmacias, más aún cuando los niños deben tomar alimentos adaptados específicamente a sus necesidades nutricionales, puesto que no son adultos en miniatura”. Por todo esto, los tres primeros años de vida “son fundamentales para educar en gustos y hábitos nutricionales”.

Por su parte, Anna Bach i Faig, vocal de Alimentación y Nutrición del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona, ha destacado en la mesa redonda Sumando esfuerzos: farmacéuticos y pediatras celebrada en INFARMA el 5 de marzo que la nutrición pediátrica es motivo de numerosas consultas en la farmacia, y que la comunicación entre farmacéutico y pediatra es clave en la salud del niño.