Si se opa por quedarse en casa durante las vacaciones
· En verano los días son más largos y esto permite llevar a cabo actividades que el resto del año son más difíciles de realizar. Salir a pasear a última hora de la tarde, tomar algo en una terraza o explorar lugares cercanos que no se conocen pueden ser actividades placenteras. En las horas de más calor, es mejor optar por actividades en lugares cerrados y frescos.
· Cuidar de los nietos puede ser muy gratificante, pero hay que impedir que sea demasiado absorbente. Puede ser una magnífica oportunidad para propiciar que los niños se relacionen con el abuelo o la abuela que padece Alzheimer, realizando juntos actividades, juegos, paseos, etc. “No obstante, hay que ser consciente de los propios límites y de las necesidades personales y expresarlo abiertamente a los hijos para encontrar soluciones válidas para todas las partes. Una buena comunicación familiar y llegar a acuerdos es fundamental” explica la Dra. Poudevida.
Si la opción escogida es ir al pueblo
Pasar una temporada en el pueblo puede ser un buen momento para reencontrarse con amigos y familiares, así como recordar lugares y anécdotas de la infancia o la juventud.
· “Es importante que las personas del entorno conozcan el estado de la persona con Alzheimer y reciban algunas indicaciones básicas sobre como relacionarse con ella, lo que evitará situaciones incómodas o no previstas”, explican des de la Fundación Pasqual Maragall.
· Es muy recomendable que el cuidador cuente con momentos de respiro y ocio para sí mismo y que pueda realizar actividades con las que disfrute. Para ello, es conveniente contar con el apoyo de personas cercanas que puedan, por ejemplo, hacerse cargo de la persona que padece Alzheimer durante unas horas o que tenga la oportunidad de compartir un rato con amigos de la infancia o la juventud.
Si la persona que padece Alzheimer se va a casa de sus hijos
La logística familiar puede conllevar que la persona con Alzheimer deba pasar alguna temporada en casa de los hijos.
· Si se da esta necesidad, y la persona va a estar en distintas casas, se deberían evitar los cambios de entorno frecuentes. Por ejemplo, es preferible que pase dos semanas seguidas en casa de un hijo y otras dos en casa de otro, que alternar una semana en cada casa.
· Además, hay que intentar asegurar que los hijos que lo acojan conozcan las costumbres y rutinas básicas y las intenten mantener. De esta forma, se disminuirá el posible impacto de los cambios de entorno doméstico.
Si se emprende un viaje
En la fase leve de la enfermedad, viajar no suele representar un problema. Sin embargo, a partir de la fase moderada, ya no es muy recomendable. Las exigencias y cambios asociados a los viajes pueden favorecer la confusión de la persona con Alzheimer y una alta demanda de adaptación para la que no está ya capacitado. “En todo caso, un viaje con un familiar con Alzheimer es una decisión que debe sopesarse mucho y organizar muy detalladamente para prever las necesidades o posibles situaciones y asegurarse de que se contará con todo el apoyo que se precise”, detalla Poudevida. Por ejemplo, es aconsejable avisar al personal de la compañía aérea o del hotel de la condición de la persona con Alzheimer para poder recurrir fácilmente a su ayuda en caso necesario.





