EL JULI: “Sentirme bien físicamente me ayuda a estar muy centrado en la plaza”

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Domingo 31 de mayo de 2015. Seis de la tarde. Con terno azul y plata y paso firme irrumpe en el coso Julián López Escobar, “El Juli”. Le esperan seis morlacos a los que va a tratar de tú a tú, siete orejas, un rabo y hasta un indulto, el de “Fantasma”, el quinto de la tarde (no podía ser de otra forma) y una salida triunfal a hombros. Pero esta no es una corrida más: en el atardecer cacereño, arte puro y solidaridad se enredan en el capote del torero madrileño. Los tendidos “hasta la bandera” de una de las plazas de toros más antiguas de España contemplan cómo el espada pisa la arena acompañado por una cuadrilla que hoy tiene más color, ya que a ella se ha incorporado un grupo de niños que entonan al unísono un “Suerte, maestro” cargado de emoción y agradecimiento; cómo durante el festejo el aleteo de los pañuelos blancos se entremezcla con una pancarta en la que reza la leyenda “Torea al cáncer” y cómo un Julián López conmovido dedica a este particular grupo de seguidores su último brindis. Las crónicas de los entendidos hablan de una tarde de toreo de primer nivel, con diversidad de capotes y mucho ritmo, pero había mucho más detrás de esta “encerrona”, ya que se realizaba a beneficio de las familias de los niños con cáncer y la investigación en Oncología infantil a través de la Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátrica (Sehop) y la Federación de Padres de Niños con Cáncer (FEPNC).

La cara del diestro madrileño lo decía todo al final del festejo y, “twitero” de pro, así lo plasmó en su cuenta en esta red social al terminar el evento: “No tengo palabras para explicar lo agradecido que estoy a la tauromaquia y al público por la entrega de hoy. Gracias de corazón”. Una palabra, tauromaquia, que junto con otra, sueños, se repite a lo largo de la entrevista que mantuvimos con él y que definen a este gran torero, tal y cómo refleja quien fuera su apoderado durante 11 años, el también diestro Roberto Domínguez, en el prólogo de “El Juli sin comillas”, la biografía que el hermano de Julián, Ignacio López, escribió hace unos años: “Julián es una persona de insaciable aprendizaje, con una madurez prematura, con la sensibilidad propia de los grandes, comprometido con su entorno, reconocedor del éxito de sus compañeros, coherente con sus ideales pero, sobre todo, con el amor y respeto al toro como eje fundamental de su vida”.

¿Cómo surgió la idea de poner en marcha la iniciativa de la “encerrona” de Cáceres del pasado 31 de mayo para colaborar con la investigación del cáncer infantil y los niños que padecen esta enfermedad?
Llevaba mucho tiempo dando vueltas a la idea de hacer algo así, y la verdad es que cuando desde la empresa Lances de Futuro (su director, el empresario taurino José María Garzón, fue el organizador) me hablaron de protagonizar un evento especial para Cáceres pensé que ese sitio sería ideal para poder llevar a cabo esta acción que tanto tiempo llevaba en mi cabeza. Creo que debemos conocer el cáncer infantil y concienciarnos para detectar los tumores lo antes posible, y eso sólo se consigue a través de la investigación. La supervivencia y calidad de vida de los niños con cáncer pasa por el apoyo de los científicos que buscan su cura y, por supuesto, por la ayuda a padres y familiares, que tanto sufren esta enfermedad y que, en muchas ocasiones, no pueden sufragar los costes para poder estar al lado de sus hijos. Todos y cada uno de nosotros debemos aportar lo que podamos a las causas que realmente merecen la pena, como ésta, y mi mejor manera de hacerlo es toreando y tratando de recaudar la mayor cantidad de fondos posibles para la investigación y el apoyo a las familias de los niños que han de enfrentarse a este lance en la vida.

Usted siempre ha estado muy implicado en este tipo de iniciativas y, también, en todas aquellas que promocionan y dan a conocer los valores de la fiesta del toro. Prueba de ello es la creación de la Fundación “El Juli” (www.fundacioneljuli.com). ¿Qué objetivos concretos tiene esta Fundación?
Está enfocada principalmente a la promoción de los nuevos valores de la tauromaquia. Tenemos una escuela taurina en Arganda del Rey (Madrid) y tratamos de ayudar a aquellos muchachos que quieren ser toreros. Pero también considero que se trata de una escuela de vida, ya que se les enseñan valores y principios y se les proporciona una educación que les ayudará en sus vidas en un futuro, se dediquen a lo que se dediquen.

Siempre se dice que los toreros está hechos “de otra pasta”, ya que se recuperan en tiempo récord cuando tienen algún percance, y que en general disfrutan de una salud de hierro. ¿Es éste su caso?, ¿hasta qué punto la preparación física constante es importante para darlo todo en su oficio?
También se dice eso de “mens sana in corpore sano”, ¿no? Pues es la realidad: a mí, el hecho de sentirme físicamente bien me ayuda a estar centrado. La preparación física forma parte de un entrenamiento también mental. La soledad mientras corres o practicas cualquier deporte te ayuda a centrarte y concentrarte en tu día a día. Y personalmente es algo que recomiendo a todo el mundo. Creo que poner un poco de deporte en tu vida te ayuda a ver las cosas con perspectiva y, además, es la mejor estrategia para sentirse sano y para mantenerse mejor.

¿Cuál es su rutina de entrenamiento?, ¿cambia mucho cuándo está en temporada?
Yo procuro mantener una rutina y un estilo de vida que sea constante. Obviamente, mantengo unas rutinas que me ayudan a tener un nivel de autoexigencia. Hago deporte con mi preparador, concretamente toreo de salón, como lo más sano que puedo, suelo irme a dormir pronto y procuro estar descansado. En realidad, llevo una vida muy normal.

¿Qué tal es la experiencia de ser padre de familia numerosa (casado con Rosario Domecq, la pareja tiene 3 hijos: los mellizos Rosario y Fernando, que pronto cumplirán 4 años, y la pequeña Isabel, nacida en marzo de 2014)?, ¿le ha cambiado mucho la perspectiva vital y profesional?
Sin duda las cosas cambian. La familia te da estabilidad y felicidad, y procuro disfrutarla el mayor tiempo posible. A nivel profesional también afecta, aunque tengo claro que cuando voy a la plaza mi compromiso está adquirido y ahí soy torero y trato de que me influya lo menos posible.

Usted empezó muy pronto en el mundo del toro (tomó la alternativa en Nimes a los 15 años) y tiene tras de sí una carrera llena de éxitos. ¿En qué momento profesional se encuentra actualmente, a sus 33 años?, ¿piensa en la retirada o es verdad eso de que un torero nunca se retira del todo?
Bueno, llevo muchos años en la brecha porque, como bien dices, mi vocación fue temprana. Ahora soy el torero que quiero ser, hago lo que siento y busco y profundizo en mi tauromaquia. Eso es lo que realmente me hace feliz y por eso, mientras el cuerpo aguante y siga soñando con esa faena buscada, no pienso en retiradas ni nada de eso. El tiempo te va ordenando todo y, de momento, soy feliz toreando y creando ilusiones.

En varias ocasiones ha comentado que sigue existiendo un gran desconocimiento y desinformación respecto al mundo de los toros. En su opinión, ¿qué habría que hacer para adaptar la fiesta a la sociedad actual y darle su sitio?
Sí, siempre he dicho que la falta de comunicación en nuestro ámbito es lo que peor se ha gestionado, pero actualmente las cosas han cambiado mucho. Hay más trabajo por parte de empresarios, toreros, ganaderos y, en definitiva, de todo el sector. Creo que la tauromaquia se debe normalizar en el sentido de socialización, y afortunadamente es algo que poco a poco se va consiguiendo.

También ha dicho en alguna ocasión que ha tenido la suerte de conseguir todo lo que se ha propuesto. ¿Cuál es su siguiente objetivo?, ¿cómo se ve de aquí a unos años?
Bueno, la realidad es que he logrado muchas metas, aunque no siempre se alcanza lo que uno se propone, pero sí estoy feliz de ser quien soy, de haber luchado por un sueño y de haberlo hecho realidad; de conseguir mantener la ilusión y que el público también se ilusione con mis sueños, y eso me llena mucho. ¿Dentro de 10 o 15 años? Ya veremos qué ocurre. Supongo que disfrutaré de un descanso y veré crecer a mis hijos y, por supuesto, les ayudaré a alcanzar sus sueños y metas, como mis padres hicieron conmigo.

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