En un contexto en el que la prevención y la concienciación sobre el cáncer de piel cobran cada vez mayor relevancia, conversamos con Julio Acero, Director General de La Roche-Posay & CeraVe en España y Portugal. Además de liderar dos de las marcas dermatológicas de referencia, Acero cuenta con una sólida formación clínica como médico y Máster en Salud Pública y Medicina Preventiva por la Universidad Complutense de Madrid. Su visión combina el conocimiento científico, la experiencia en salud pública y el compromiso con la educación sanitaria, lo que le permite aportar un análisis profundo sobre el panorama actual de la prevención en España, la evolución de los hábitos de los españoles frente al sol y las claves médicas para reducir la incidencia del melanoma.
¿Cuál es la situación actual del melanoma en España y por qué siguen aumentando los casos?
La situación del cáncer de piel en España es un reto de salud pública de primer orden. Actualmente, la incidencia del melanoma -la variante más agresiva-, se sitúa en unos 15 casos por cada 100.000 habitantes, lo que se traduce en una estimación de más de 9.400 nuevos diagnósticos para este año, según REDECAN/Red de Registros de Cáncer. Este aumento continuado de los casos se debe a varios factores. Por un lado, a la mayor esperanza de vida y a la conocida «memoria de la piel», ya que el daño solar es acumulativo. Por otro lado, aunque la prevalencia sigue siendo mayor en personas de más de 50 años, se detecta un incremento constante de casos en perfiles cada vez más jóvenes.
¿Qué factores explican que el melanoma siga creciendo pese a existir más información sobre fotoprotección?
A pesar de que hoy existe una mayor concienciación, los expertos observan que todavía persisten barreras importantes en el uso del protector solar. El principal desafío es la cantidad y la uniformidad: si aplicamos menos producto del debido o dejamos zonas sin cubrir, la eficacia de la protección disminuye de forma drástica. De hecho, se estima que, cuando dejamos sin cubrir entre un 1% y un 5% de la superficie cutánea, se puede perder hasta un 50% de la eficacia de protección*. Además, tendemos a asociar la fotoprotección solo con los meses de verano o los días de playa. A menudo se olvida que la radiación UVA, que es la responsable de daños profundos y silenciosos en la piel, está presente con la misma intensidad durante todo el año, incluso en días nublados o en invierno. La fotoprotección debe ser un hábito diario, no estacional.
¿Cree que los españoles están realmente concienciados sobre los riesgos de la exposición solar?
Creo que, sin duda alguna, estamos viendo un avance notable en esta concienciación. Según la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética, desde 2020, el consumo acumulado de protectores solares ha aumentado un 55% y un 82% de los españoles considera que son importantes para cuidar de su salud. Aun así, todavía hay muchas personas solo asocian el riesgo solar con la quemadura directa (causada por los UVB), infravalorando el impacto de los rayos UVA de onda larga y la luz visible, que penetran más profundamente y son factores determinantes en el desarrollo de melanomas.
¿Qué errores seguimos cometiendo con más frecuencia a la hora de protegernos del sol?
Los errores más frecuentes se dividen en dos grandes bloques: los fallos de hábito diario y los descuidos en situaciones que percibimos como «seguras». En el día a día, el error más crítico es aplicar menos cantidad de la cuenta. Para garantizar la protección del envase, en el rostro debemos usar la medida de dos líneas generosas extendidas en los dedos índice y corazón. Además, solemos olvidar la reaplicación: el sudor o el roce degradan el filtro, por lo que es imprescindible volver a aplicarlo cada dos horas. Y en situaciones de exposición, tendemos a bajar la guardia en días nublados, olvidando que las nubes dejan pasar gran parte de la radiación. También ignoramos el efecto reflejo de superficies como la arena del mar o la nieve, que multiplica la radiación que recibe la piel. Por último, está el ‘olvido selectivo’ de zonas críticas como las orejas, la nuca, los empeines o el cuero cabelludo, donde se detectan muchísimas lesiones por estar muy expuestas.
¿Qué diferencia existe entre protegerse de una quemadura y prevenir el daño celular acumulativo?
Es una distinción clave y que, desgraciadamente, todavía no está del todo interiorizada por la población. La quemadura solar es la respuesta visible y dolorosa de la piel ante un exceso de radiación (principalmente los rayos UVB). Sin embargo, el verdadero peligro es el daño celular silencioso y acumulativo que provoca la radiación UVA. Esta radiación es la más perjudicial porque penetra en profundidad y va dañando la estructura de la piel de forma invisible, exposición tras exposición. Aquí es donde la ciencia marca la diferencia. En La Roche-Posay, por ejemplo, hemos desarrollado tecnologías como el filtro Mexoryl 400, diseñado específicamente para proteger frente a los rayos UVA ultralargos, que son los más profundos. El mensaje que debemos transmitir es claro: la quemadura se cura en unos días, pero el daño invisible se acumula para siempre. Por eso la fotoprotección diaria es innegociable.
¿Cómo han cambiado los hábitos de exposición solar en los últimos años, especialmente entre los jóvenes?
Hoy existe una clara dualidad entre los jóvenes. Por un lado, persiste la búsqueda estética del bronceado como sinónimo de ‘buena cara’, lo que fomenta exposiciones solares muy intensas en periodos cortos. Este hábito eleva el riesgo de sufrir quemaduras graves, un factor que multiplica la probabilidad de desarrollar un melanoma en el futuro. Sin embargo, también se observa una tendencia muy positiva: las nuevas generaciones están integrando el protector solar como un paso imprescindible en su rutina de belleza diaria, tanto para cuidar su salud como para prevenir el envejecimiento prematuro y las manchas. El gran desafío actual del sector es desvincular el concepto de ‘estar moreno’ de la idea de salud.
¿Qué zonas del cuerpo solemos olvidar y son especialmente sensibles?
Hay zonas que prácticamente nadie protege y que son de alto riesgo. Las más olvidadas son:
1. Cuero cabelludo, especialmente la raya del pelo y zonas de alopecia.
2. Pabellones auriculares y zona retroauricular.
3. Dorso de manos y muñecas: exposición crónica y acumulativa durante la conducción, actividades cotidianas o trabajo al aire libre. Son marcadores visibles del fotoenvejecimiento.
4. Labio inferior, párpados y zona periorbitaria.
5. Dorso de pies y tobillos: muy expuestos en verano, raramente protegidos.
6. Nuca y zona posterior del cuello.
Desde la farmacia, dar ese consejo activo al paciente tiene un valor enorme. Y aquí también entra en juego la formulación del producto: para zonas tan específicas como el contorno de ojos o el cuero cabelludo, necesitamos texturas adaptadas -fluidos ultraligeros, aerosoles, sprays, sticks- que faciliten la aplicación y la adherencia al hábito.
«La producción de vitamina D en la piel tiene un límite; a partir de cierto momento, por más sol que tomemos no generaremos más cantidad, pero sí seguiremos acumulando daño solar de forma peligrosa. Por eso, la fotoprotección diaria sigue siendo innegociable. Y en este sentido, el profesional de la farmacia es nuestro mejor aliado: nadie mejor que el farmacéutico para aconsejar al paciente y ayudarle a elegir el fotoprotector que mejor se adapte a las necesidades reales de su piel».
¿Qué mitos sobre el sol y la fotoprotección siguen más extendidos hoy en día?
Todavía arrastramos mitos muy arraigados que es vital desmentir:
• «Si tengo la piel oscura no me quemo y no tengo riesgo»: Es verdad que la piel morena se quema menos, pero el daño invisible y acumulativo de la radiación nos afecta a todos por igual. Ninguna piel es inmune.
• «Los cristales del coche o la oficina me protegen»: El vidrio frena los rayos UVB (los de la quemadura), pero deja pasar la radiación UVA profunda. El daño solar también ocurre en interiores y conduciendo.
• «Con aplicar el protector una vez al día es suficiente»: Los filtros se van perdiendo con el roce y el sudor. Si no reaplicamos cada dos horas, la protección desaparece.
• «Todos los protectores solares son iguales»: No es así. La calidad de los filtros, su resistencia al agua, la textura o su tolerancia en pieles sensibles varían enormemente.
En La Roche-Posay trabajamos precisamente para romper estas barreras, desarrollando fórmulas dermatológicas de alta eficacia que se adaptan al día a día real de las personas y a todo tipo de pieles.
¿Qué impacto están teniendo las redes sociales y las tendencias estéticas en la exposición solar de los jóvenes?
Las redes sociales son un arma de doble filo. Por un lado, desde el sector observamos tendencias preocupantes como el «sunburn blush» (maquillarse o broncearse emulando el tono de una quemadura) o la presión por lucir un bronceado intenso, lo que lleva a los jóvenes a priorizar la estética inmediata sobre la salud de su piel en el futuro. Por otro lado, son una plataforma de concienciación increíble; el auge del skincare ha logrado que muchos entiendan, por primera vez, que el mejor producto antiedad es un buen fotoprotector.
En La Roche-Posay sabemos que para conectar con ellos debemos hablar su mismo lenguaje. Por eso, además de innovar en texturas cómodas, apostamos fuertemente por la educación. Un gran ejemplo es nuestra colaboración con la Fundación Piel Sana de la AEDV en el proyecto educativo ‘Convive con el sol’. Queremos que los jóvenes aprendan a disfrutar del aire libre de forma responsable, logrando que la fotoprotección deje de ser una obligación y se convierta en un hábito diario de salud y bienestar.
¿La vitamina D justifica una exposición solar sin protección?
Rotundamente no. Es cierto que la producción de vitamina D en la piel se activa con la radiación solar, pero la evidencia científica es clara: exposiciones muy breves -de 5 a 15 minutos al día en zonas como los brazos o la cara, y fuera de las horas centrales- son más que suficientes para la mayoría de las personas. No es necesario exponerse al sol sin protección durante horas para conseguirla. Además, la producción de vitamina D en la piel tiene un límite; a partir de cierto momento, por más sol que tomemos no generaremos más cantidad, pero sí seguiremos acumulando daño solar de forma peligrosa. Por eso, la fotoprotección diaria sigue siendo innegociable. Y en este sentido, el profesional de la farmacia es nuestro mejor aliado: nadie mejor que el farmacéutico para aconsejar al paciente y ayudarle a elegir el fotoprotector que mejor se adapte a las necesidades reales de su piel.
¿Cuál sería la rutina básica de fotoprotección que toda la población debería seguir durante todo el año?
Más que una rutina compleja, lo que toda la población debería integrar en su día a día es un hábito muy sencillo: ver el fotoprotector como un imprescindible diario, haga sol, esté nublado o estemos en plena ciudad, y empleando siempre un índice alto (SPF 30-50) o muy alto (SPF 50+). Para garantizar la eficacia teórica del envase, es innegociable aplicar la cantidad adecuada: la regla de las dos líneas de producto extendidas en los dedos índice y corazón para rostro y cuello, y unos 30ml (el equivalente a una pelota de golf) para el resto del cuerpo. Además de la cantidad, la clave reside en la constancia: aplicar el producto al menos 20 minutos antes de salir de casa y reaplicar rigurosamente cada dos horas, o tras baños prolongados o sudoración excesiva.
Esto se puede complementar con medidas físicas como evitar las horas centrales del día (de 12:00 a 16:00), buscar la sombra y utilizar complementos como sombreros de ala ancha y gafas de sol homologadas con filtro UV.
¿Qué importancia tiene la detección precoz en la prevención y supervivencia del melanoma?
En esto no hay ninguna duda: llegar a tiempo lo cambia todo. La detección precoz es el factor más determinante para el pronóstico de la enfermedad. Cuando el melanoma se identifica en sus estadios iniciales, la tasa de supervivencia y curación alcanza el 95% (Fuente: Estudio SaVios / La Roche-Posay). Un diagnóstico temprano permite realizar intervenciones mucho más sencillas, lo que facilita una recuperación rápida y evita tratamientos más complejos. Desde La Roche-Posay fomentamos la vigilancia activa a través de dos herramientas de autoexploración que todos deberíamos conocer:
• La Regla del ABCDE: Una guía muy visual para revisar los lunares. Debemos fijarnos en la Asimetría, los Bordes irregulares, el Color (si tiene varios tonos), el Diámetro (más de 6 mm) y la Evolución (si cambia, pica o sangra).
• El Signo del ‘Patito Feo’: Consiste en buscar el lunar que ‘rompe el patrón’ del resto. Si la mayoría de tus lunares se parecen entre sí y aparece uno diferente, ese es el que debe revisar un dermatólogo.
Para facilitar esta tarea impulsamos iniciativas como SkinCheck, con el objetivo de educar a la población, animarla a revisar su piel y, ante la menor duda, acudir al especialista.
¿Y cómo influye la formulación -texturas ligeras, protección invisible, formatos urbanos- en la adherencia al uso?
Nadie quiere llevar una capa pesada o blanquecina en la cara todo el día; el mayor enemigo de la fotoprotección ha sido siempre la incomodidad. Si un producto es molesto, el usuario deja de usarlo o se aplica menos cantidad de la cuenta. Por eso, investigar en texturas invisibles y ligeras es vital para que protegerse sea un gesto natural y agradable, no una obligación. En este sentido, un hito fundamental fruto de la investigación de nuestro grupo es la tecnología Netlock. Consiste en un sistema revolucionario que logra fijar los filtros solares en una especie de red invisible sobre la piel. A diferencia de las fórmulas tradicionales, crea una película ultrafina y ultra-resistente que no se desplaza, no pica en los ojos y resiste de forma extraordinaria al agua y al sudor.
Al ofrecer acabados invisibles y texturas tan ligeras que ni notas que las llevas puestas, conseguimos que la fotoprotección se integre con éxito en la rutina diaria de cualquier persona.
Qué papel ejerce el farmacéutico a la hora de concienciar a la población sobre la importancia de prevenir el daño solar y utilizar un buen SPF.
El farmacéutico es un asesor de salud pública de primera línea y el profesional sanitario más accesible para la población. Su papel es determinante: se estima que 1 de cada 5 pacientes con problemas cutáneos acude primero a la farmacia. En el ámbito de la fotoprotección, su intervención es vital para transformar un acto de compra en un acto de salud, validando la importancia del uso correcto del SPF y actuando como un centinela capaz de detectar signos de alerta de forma temprana, derivando al dermatólogo cuando es necesario. Desde L’Oréal Dermatological Beauty, consideramos que el farmacéutico es nuestro socio estratégico fundamental. Por ello, nuestra relación se basa en el rigor científico y la formación continua, con hitos como los tours de nuestro Anthelios Lab, donde formamos a profesionales farmacéuticos en fotoprotección, o nuestras cátedras universitarias. Nuestro objetivo es dotar a la farmacia de herramientas de diagnóstico y educación para que sigan liderando la salud de la piel en sus comunidades. El farmacéutico es, en definitiva, el motor que permite democratizar la dermatología y un aliado indispensable para frenar el avance del cáncer de piel en nuestra sociedad.
*(Fuente: L’Oréal Research & Innovation).




