En niños con rinitis, combinar inmunoterapia y fármacos reduce en un 60% la progresión a asma

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Hace más de 100 años que se reconoció que la genética desempeñaba un papel en la enfermedad alérgica y el asma. Este componente genético surgió de observaciones en las que los sujetos alérgicos tenían una incidencia significativamente más alta de antecedentes familiares patológicos. Estudios más recientes han demostrado que si uno de los progenitores tiene alergias, el niño tiene una probabilidad del 33% de desarrollar alergias, y esta cifra llega hasta el 70% si los dos progenitores son alérgicos.

“Sabemos que las enfermedades alérgicas tienen un importante componente hereditario pero desconocemos más de la mitad de los factores genéticos que influyen en su desarrollo”, comenta el doctor Juan Carlos Celedón, del Hospital Infantil de Pittsburgh en Estados Unidos.

“Se trata de factores genéticos complejos que pueden influir en diferentes aspectos de estas enfermedades, desde condicionar la aparición de sintomatología, modificar la respuesta del organismo al contacto con el alérgeno o incluso, alterar la respuesta al tratamiento”, añade el doctor Julio Delgado, coordinador del Comité Científico del Simposio Internacional Vía Respiratoria Única de la SEAIC que acaba que de concluir en Sevilla.

En esta misma línea, el doctor Celedón apunta que si el factor genético es la clave, debe tenerse en cuenta ante el diagnóstico y el tratamiento. “En futuro no muy lejano, dispondremos de pruebas genéticas que nos permitirán conocer qué tipo de asma o rinitis alérgica tienen los pacientes y así establecer el tratamiento más adecuado para cada persona en particular”.

“La definición de todas las variantes genéticas que condicionan la respuesta terapéutica de determinados pacientes a los medicamentos utilizados tanto en rinitis como en asma facilitaría la administración de terapias personalizadas que aumentan la eficacia y son más seguras”, afirma Delgado.

Tratamiento integral

Las enfermedades alérgicas requieren un tratamiento integral que combine los fármacos (antihistamínicos, corticoides, etcétera) con la inmunoterapia y se complemente con medidas de evitación y educación de paciente alérgico.

El doctor Pedro Guardia, miembro del comité organizador del Simposio, defiende que en el abordaje de esta patología, en concreto la enfermedad respiratoria alérgica, debe asociarse la inmunoterapia con los fármacos. “Por separado han demostrado ser menos eficaces, asegura. Además, en el caso de niños que debutan con rinitis, dicha combinación reduce hasta en un 60% la progresión hacia el asma, cuando en un 80% de los casos una patología acompaña a la otra”.

Parches y otras novedades

Las novedades en el tratamiento de la alergia apuntan a nuevas terapias biológicas y vacunas más personalizadas. Gracias a los avances en investigación molecular se están desarrollando nuevos fármacos para el tratamiento del asma y determinadas alergias, como la urticaria, que van dirigidos específicamente a contrarrestar los anticuerpos y otros mediadores que producen los síntomas alérgicos. Actualmente suponen el 30% de todos los compuestos en investigación clínica. “Estos tratamientos vienen a cubrir un hueco que la inmunoterapia o las vacunas había dejado, al no ser tan efectivos para los pacientes con perfiles graves o no respondedores”, señala el doctor Guardia.

La inmunoterapia es el único tratamiento específico capaz de modificar el curso natural de la enfermedad, consiguiendo que ésta mejore o desaparezca. “Las pautas actuales de administración de las vacunas han demostrado ser efectivas en menos tiempo. Los pacientes aseguran notar mejoría en los tres primeros meses. Es más, su efecto es tan prolongado que, en más de la mitad de los casos, pasados diez años desde su retirada sigue manteniendo su efectividad”, revela el especialista. “Esto no ocurre con los fármacos tradicionales ni con los biológicos”, concluye.

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