Existe la creencia errónea de que un desfibrilador puede ser peligroso

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Cuando se produce una muerte súbita, las posibilidades de sobrevivir son prácticamente nulas si no hay un DEA cerca. Sin embargo, una gran parte de la población cree que un desfibrilador externo automatizado (DEA) puede ser peligroso, cuando nunca va a matar a nadie.  Por ello cuantos más desfibriladores haya instalados mejor,  incluso en poblaciones muy pequeñas, como fue el caso de Sant Jaume de Frontanyà, el pueblo más pequeño de Catalunya con tan solo 30 habitantes, pero con una zona de paso de excursionistas. “Su alcalde se empeñó en poner un desfibrilador en el pueblo y tres meses más tarde salvó la vida de un excursionista”, explica el doctor Ramón Brugada, del Hospital Universitario de Girona Dr. Trueta y uno de los autores de un estudio presentado en el Congreso Europeo de Cardiología.

Sin miedo al desfibriador

Usar un desfibrilador es fácil y seguro. “Es una máquina muy inteligente y no se equivoca nunca, no va a salvar a todo el mundo (en caso de que la víctima sufra un ictus, una hemorragia digestiva severa o una rotura de aorta), pero lo que no va a hacer es matar. Lo único que uno tiene que hacer es simplemente levantarle la camisa a la víctima y ponerle los parches siguiendo el dibujo, porque después el desfibrilador lo hace todo, ya que son aparatos automáticos por lo que no es necesario ni siquiera apretar un botón porque el desfibrilador lo hace todo”, describe el doctor Brugada.

“Estos desfibriladores están conectados a los servicios de emergencias médicas y recogen todos los datos, y por lo que hemos podido comprobar han salvado la vida a personas que habían tenido arritmias y que la descarga eléctrica les ayudó a recuperar el ritmo normal, el pulso y la respiración y pudieron ser trasladados al hospital para acabarles de tratar. Sin el desfibrilador hubiesen muerto sin ninguna duda”, indica el especialista.

Por ello es muy importante actuar rápidamente y aplicar el desfibrilador. Desde el año 2011 cualquier persona, incluso sin formación, puede usar un desfibrilador en caso de una emergencia médica. “Conseguimos cambiar la ley porque hasta entonces no se podía utilizar un desfibrilador si no tenía una formación específica. Esto ha permitido que la gente le haya perdido el miedo al desfibrilador”, añade el especialista.“En una persona que ha tenido una muerte súbita hay una posibilidad de salvarle, pero sin desfribrilador las probabilidades de sobrevivir es prácticamente cero”.

De zonas urbanas a municipios

La mayoría de estos dispositivos de cardioprotección están en poblaciones urbanas. Los hemos visto en hoteles, centros comerciales, aeropuertos, centros deportivos, farmacias, mercados, estaciones de transporte e incluso en salas de fiestas. Pero en el año 2011, la Diputación de Girona, a través de su organismo de Salud DIPSALUT, quiso instalar estos dispositivos fijos en todos los 221 municipios de la provincia, por pequeño que fuera el municipio. Después de hacer una valoración, en la que participó la Facultad de Medicina de la Universidad de Girona, se calculó que se tenían que colocar unos 600 DEA fijos, además de los desfribriladores móviles, lo que equivalía a 1 por cada 1.500 habitantes, lo que ascendió a un total de 747 desfibriladores.

Gracias a este programa de desfibrilación con acceso público en una región geográficamente dispersa basada en el uso de DEA fijos y móviles, el primero de estas características, se han salvado 38 vidas por paro cardíaco fuera del hospital. Los desfibriladores móviles fueron los que más víctimas salvaron, con una tasa 12 veces más alta.

 

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