Ni nanas, ni medicamentos, el dormir es un hábito y como tal se aprende. De la misma forma que se enseña a un niño a comer o hablar, se le debe educar para lograr un sueño suficiente y reparador. No es cuestión trivial: dormir adecuadamente repercute en el rendimiento escolar, en la concentración y en la conducta.
“Cerca del 90% de los casos de insomnio infantil a partir de los 6 meses de vida tienen su origen en hábitos incorrectos, en la ausencia de límites educativos o en alteraciones del apego”, explica el doctor Gonzalo Pin, director de la Unidad del Sueño del Hospital Quirón de Valencia y miembro de
Además, es importante abordar estos problemas en su momento ya que la mayoría de los casos suele estabilizarse y convertirse en crónico. Más aún si se tiene en cuenta que dormir bien es imprescindible para el buen desarrollo del individuo. Según el doctor Gonzalo Pin, “el déficit de sueño o la mala calidad del mismo ocasiona en primer lugar cambios conductuales en los niños” que además “tienen dificultades para concentrarse, están más irritables y tiene un peor rendimiento escolar en muchos casos”. Los adolescentes por su parte, muestran síntomas parecidos al adulto, con somnolencia diurna y dificultades para concentrarse y memorizar. En fases más tardías también se encuentra afectado el sistema inmunitario con una menor eficiencia en la respuesta inmunológica.
¿Qué hacer?
- En general, las actividades sociales y el uso de tecnologías a últimas horas del día favorece la aparición de este tipo de trastornos.
- El abordaje de los problemas del sueño debe ser multidisciplinar con la participación imprescindible del pediatra.
- La terapia con fármacos se utiliza en contadas ocasiones y siempre como un coadyudante y bajo estricto control pediátrico.
- El papel de los padres es fundamental que deben establecer pautas cariñosas pero claras.
- Según el doctor Muñoz Hoyos, “el dormitorio debe ser un lugar tranquilo y en oscuridad, con una temperatura adecuada”. Además, añade “el niño debe tener un momento de intervalo para despertarse y contar con un momento de irse a la cama que debe ser respetado. Por otra parte, conviene evitar la actividad física antes de irse a la cama y en su lugar, el baño puede ser actividad estimulante. En cuanto a la cena, hay que evitar alimentos estimulantes como la cafeína o el chocolate”.





