JESÚS CALLEJA: “Ejercitar la mente en positivo ayuda a superar las limitaciones físicas”

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Este alpinista leonés, comunicador, explorador y peluquero, tiene tras de sí una abundante retahíla de aventuras y situaciones vitales siempre al borde de lo irrealizable. Jesús Calleja lo cuenta en su libro con una naturalidad y un desparpajo tremendos, como si fuese algo que cualquiera puede hacer. Si no te gusta tu vida, cámbiala es el título de este volumen, editado por Planeta, que contiene un pequeño álbum de fotografías y está prologado por el actor y humorista Dani Rovira.
Jesús Calleja siente gran pasión por la montaña, y este ímpetu emocional le ha empujado a subir a la cima de las siete cumbres más altas de cada continente, entre ellas, el monte Everest (8.848 metros de altura), aunque también ha viajado a los dos Polos y ha participado en el rally de Dakar y en el de los Faraones. Quizás próximamente su trabajo se ponga todavía más de moda cuando se estrene el nuevo film de la directora catalana Isabel Coixet, Nadie quiere la noche, cuyo argumento tiene como protagonista a Josephine Peary, la mujer del explorador ártico Robert Peary que acompañó a su marido en su lucha por conquistar el Polo Norte, viaje realizado en los primeros años del siglo XX. Robert Peary es, con Félix Rodríguez de la Fuente, uno de los espejos en los que se reflejó el niño Jesús Calleja. Así nos lo cuenta él mismo en el curioso anecdotario que retrata en su libro, un relato entretenido que recoge momentos familiares de su infancia, sus primeros pasos en los negocios y su definitivo despegue como montañero profesional y figura mediática, además de ofrecernos algunos datos sobre sus inquietudes por los más desfavorecidos del planeta, los niños sin recursos de Nepal.

En uno de los capítulos del libro relatas el proceso que viviste con un niño de Nepal al que, finalmente, has adoptado ¿fue un reto tan arriesgado como tus otros desafíos?
La verdad es que he viajado mucho, por muchos países, aunque dejamos muy poco en ellos. Nepal es un país que me ha dado muchas cosas, me ha cambiado la vida, y me ha hecho muy feliz, y al final nos solemos marchar, pero en esta ocasión encontré un crío con muchos problemas médicos y de otra índole. Decidí que no era momento de apartar la mirada y me involucré. Tenía una tuberculosis cerebral y se moría, así que había que traerlo para aquí y curarlo, que era lo más importante, lo más inmediato. Estuvo casi un año de tratamiento y al final le cogimos mucho cariño, y él a nosotros, y decidimos hacernos cargo de él.

El asunto debió ser complicado, hacerse cargo de alguien siempre es una enorme responsabilidad…
No, no, creo que me ha cuidado más él a mí que yo a él. Ha sido muy fácil, muy sencillo con él, mucho menos traumático de lo que la gente se piensa. A veces, pensamos que hacer estas cosas, adoptar a un niño, es una tragedia, es algo difícil y complicado, o algo muy lejano, y es algo mucho más fácil de lo que uno se puede imaginar. Al final, has dado confianza a una vida. Hay retos infinitamente más complicados comparados con éste; ha sido una felicidad estar con él.

El título de tu libro es Si no te gusta tu vida, cámbiala ¿crees que es tan fácil para la gente ahora mismo, en estos momentos de escasez, cambiar su vida?
Mira, he nacido en una ciudad pequeña con muy pocas oportunidades, en una familia que no tenía nada de dinero, que casi subsistía para sacar adelante a la familia. En las ciudades pequeñas muchas veces, o en los pueblos, casi vives en un continuo momento de crisis porque no hay muchas oportunidades. Lo que tienes que hacer es reinventarte, utilizar la imaginación, ser un poco emprendedor. Como no podía ganarme en España la vida, me fui al país más pobre del mundo, que es Nepal, y allí me llegó la oportunidad; escalando montañas, trabajando de guía. Después, me he ido a trabajar a otros sitios. Nunca he tenido un problema, ni dudas, ni me he marcado fronteras, ni barreras. Cuando veo que en un sitio no tengo trabajo, salgo de ese sitio y me voy a otro. Si tienes familia, pues llévate a la familia o vete sólo, búscatelo, y después lleva a la familia. Lo que no podemos es cruzarnos de brazos y solamente quejarnos.

Sí, pero también hay que tener también un poco de fortuna en el camino…
La suerte no existe, y el destino tampoco. El destino nos los buscamos y la suerte es prácticamente imposible, no hay esa facilidad de tener una ecuación matemática que defina lo que es la suerte, no existe, por lo tanto somos dueños de nuestro destino. Venga lo que venga y ocurra lo que ocurra, debemos dar los pasos suficientes para salir de ello, y si nos falla, ya sea porque tenemos una preparación maravillosa, o nos hemos currado unos estudios, y no nos dan la oportunidad por lo menos para estar bien, pues nos vamos a otro sitio. Hay infinidad de lugares en dónde nos quieren para trabajar, porque somos muy valorados y muy respetados. A veces tenemos mucho miedo, refiriéndonos a España; quizá por nuestro carácter, somos muy latinos, somos muy familiares, muy de amigos, muy de vivir en la calle y eso es muy difícil romperlo. Francamente, como en España no se vive en ningún lado, es un lugar idílico. No he encontrado una calidad de vida mejor en el planeta que en España, pero he aprendido a ser igual de feliz en otros lugares, a hacer amigos de otras etnias y de otras culturas diferentes, y he aprendido mucho. He sido muy feliz, y demás, me ha servido para mi vida en el futuro. Cuando he vuelto a España, me han ido muy bien las cosas porque tengo un aprendizaje y una experiencia que está detrás. Es decir, no hay que tener miedo a pasarte la vida fuera.

En el libro cuentas que fuiste un niño muy enfermizo, algo que no se supondría cuando se numeran todas tus aventuras y escaladas, para las que habrás necesitado una gran fortaleza…
Yo era el típico chico que coge todas las enfermedades, no sé si porque mi sistema inmunológico era más débil o porque no estaba desarrollado, o por lo que fuera. El problema estaba cuando la familia, el entorno y los profesores te dicen: -“este niño está muy mal, es enfermizo, algo le pasa”- y te llevan de médico en médico, y luego a otro, y a otro, y no oyes más que eso. Al final, tú, como niño, te crees verdaderamente que has nacido así, crees que eres un niño enclenque, enfermizo y diferente al resto; éste es el gran problema. No debemos condicionar nunca a un niño cuando está débil para que tenga la sensación de que es débil, porque, a lo mejor, su desarrollo es más lento que el de otros niños y su sistema inmunológico todavía no se ha desarrollado. Lo que hay que hacer es ayudar al niño desde todos los entornos, en la escuela, con los profesores, con los padres y los médicos, y nunca darle importancia, lo primero. Si es cierto que el niño es más débil que los demás -y en mi caso lo era-, yo, por ejemplo, comencé a fortalecerme cuando empecé a trabajar mi cabeza. Más del 50 % de la recuperación está en la cabeza. Yo siempre me decía: “estoy bien, no soy más débil”, aunque luego tuviese más enfermedades, nunca quería decir que estaba mal, siempre positivismo, positivismo y positivismo. Es una especie de entrenamiento cerebral que hace que recibas de no sé donde, una energía, que te permite ser una auténtica locomotora en la vida y hacer de todo, por encima de las posibilidades físicas.

Pero tú te mantienes en muy buena forma, en tus aventuras se te ve lleno de energía…
Peso 59 kilos, no tengo músculos maravillosos y no tengo una planta típica de portada de revista, pero puedo hacer prácticamente cualquier cosa. Además, en lo que hago me gusta meterme a fondo, si hay un rally quiero correr el más duro, si hay una montaña quiero ir a la más alta y si hay una inmersión quiero hacer la más profunda. Siempre me pongo como meta intentar hacer lo más difícil y no lo consigo desde la fortaleza, porque no soy un tío fuerte, sino desde la cabeza, que es en donde realmente reside todo el secreto. Me arreglo con lo más básico, que es no fumar, pero no fumar bajo ningún concepto, que es absolutamente fundamental. Si se bebe alcohol que sea algo muy, muy moderado; si me tomo una caña un día, pues vale, o una noche que salí con unos amigos, pero no hacer del alcohol un hábito porque el cuerpo no ha nacido con un destilador de alcohol que lo procese, ni tenemos ningún órgano que haya diseñado la naturaleza para procesar alcohol, ni hemos nacido con unos pulmones que tengan unos filtros que eliminen el humo. Esto es lo más importante; a partir de ahí, se puede comer de todo con moderación. Yo ingiero muy poquitas grasas porque no me va bien, es algo de pura lógica, y si algo no me va bien ¿por qué voy a comer grasas que son pesadas y no me sientan bien? Siempre procuro ser muy equilibrado en la comida, acudo mucho a los vegetales y a las legumbres, y como poca cantidad. Peso 59 kilos y tengo una energía desbordante, porque, precisamente las grandes ingestas de comida hacen que necesites emplear más tiempo en la digestión y provocan mayor sedentarismo; necesitas tiempo para digerir el exceso de calorías basales que se acumulan en tu cuerpo. Si yo me encuentro bien dentro de mi cuerpo, y estoy ágil, sin problemas y en equilibrio, mi cabeza funcionará mucho mejor, pero si me siento torpe porque se me ha ido la mano con la comida, no voy a estar bien del todo.

Uno de los problemas que lamentas cuando echas la vista atrás y rememoras tu infancia, es que la enseñanza no te ofrecía ningún aliciente ¿crees que hemos avanzado en este aspecto?
Creo que ha mejorado, ha mejorado mucho. Cuando yo estudiaba… ¡cómo era aquello! Me da hasta risa; la frase más utilizada era “la letra con sangre entra”, por padres y profesores, y no te podías quejar porque venía el padre y te zurraba por haberlo hecho mal. Todo eso ha mejorado muchísimo, aunque queda un camino enorme por recorrer. Por más que nos emperremos en decírselo a los políticos, el futuro de nuestros hijos, y de un país, siempre reside en la educación. La ignorancia, el atropello y el todo vale nos llevan al individualismo y al “todo para mí”. La singularidad de todo lo que estamos viviendo ahora mismo, con la corrupción, nace en las sociedades esquivas con la cultura, todo está en la base educativa. Es más difícil que haya un niño sueco corrupto, de mayor, que un niño español; ¿por qué? ¿ qué lee un niño español?. La cultura del pelotazo que hemos vivido hace nada, tan salvaje, tiene una imagen física y estética, que todos podemos ver.

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