TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA Cada vez antes

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Los trastornos de la conducta alimentaria han sufrido un fuerte auge en los últimos años. Según los pediatras de atención primaria, aunque algunos factores como el perfeccionismo, el miedo a madurar, la falta de autocontrol o la falta de autoestima están íntimamente relacionados con la aparición de este trastorno en la adolescencia, la genética puede multiplicar por 20 el riesgo de heredar este tipo de trastornos.

El incremento de trastornos de conducta alimentaria (TCA) entre niños y adolescentes y la importancia de prevenirlos y abordarlos de forma precoz ha hecho que haya sido uno de los aspectos que han analizado los pediatras de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) en su 11º Curso de actualización de pediatría de AP, celebrado en Madrid.

Desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) apuntan que “los cambios en el estado de ánimo como la irritabilidad, aumen­to de las rabietas, crisis de llanto, tozudez, pasividad o actitud tiránica son signos de dificultad psicológica del niño en edad preescolar y escolar, pudiendo aparecer antes que los cambios en la conducta alimentaria. “Cuando un niño o adolescente intenta saltarse comidas, esconde o tira alimentos y come en secreto, puede que sean señales significativas o incluso los primeros estadios de un trastorno de alimentación”, añade la doctora Montserrat Graell Berna, Psiquiatra Infantil.

La adolescencia: momento culmen
Pero es en la etapa adolescente cuando se incrementa de forma considerable la incidencia y prevalencia de los TCA, estimándose que 1 de cada 250 adolescentes puede padecer algún tipo de trastorno alimentario. “La anorexia es más frecuente entre los 15 y los 18 años y la bulimia suele ser darse a partir de los 16 años. En cualquier caso, hemos detectado que se está adelantando la edad en la que se empiezan a dar estos trastornos, siendo cada vez más frecuente al inicio de la adolescencia en niñas de 12 años”, subraya la doctora sanchez pinaConcha Sánchez Pina, pediatra de AP y coordinadora del curso. Ambos trastornos son más frecuentes en el sexo femenino. De hecho, según la doctora Sánchez Pina, “la anorexia es hasta 9 veces más frecuente en chicas y la bulimia 3 veces más que en varones”.

Sobrepeso, perfeccionismo, exceso de autocontrol, miedo a la maduración o baja autoestima son algunos de los factores que pueden influir en el desarrollo de la anorexia, pero los pediatras de AP subrayan que la genética también está relacionada con los TCA, ya que la existencia en una familia de un miembro con un TCA multiplica entre 2 y 20 veces el riesgo de padecerlo a cualquiera de sus miembros”, explica la doctora Sánchez Pina. El diagnóstico y tratamiento precoz pueden mejorar el curso clínico y el pronóstico de trastornos como la bulimia o la anorexia, por lo que es esen­cial conocer los síntomas que constituyen las señales y fases iniciales de estas enfermedades.

Cuidado con los clichés
Los pediatras de AP han mostrado su preocupación por determinados factores socioculturales como la apología que se hace de delgadez en el mundo de la moda o en la publicidad y los prejuicios que existen contra la obesidad en determinadas profesiones y deportes que pueden influir en los malos hábitos alimentarios.

¡Alerta está!
La mayoría de adolescentes muestran preocupación por su peso e imagen corporal y hasta un 50% de adoles­centes puede manifestar insatisfacción corporal. Por esta razón, los cambios en la preocupación por la comi­da, el peso y la figura corporal son señales de los trastornos de alimentación, pero pueden tener falsos positivos. La doctora Sánchez Pina explica que “los patrones alterados de alimentación, en especial sal­tarse comidas, ayunos de 12-24 horas y presencia de vómitos auto-provocados son los signos de alarma con menos falsos positivos”.

Estos síntomas solo se consideran de alarma si:

  1. Han cambiado en intensidad y frecuencia y si se acompañan de importantes cambios en el patrón alimentario y pérdidas de peso de más de medio kilo a la semana.
  2. La alerta debe emitirse cuando existe una pérdida de peso no justificable aunque sea inmediatamente después de una enfermedad física o cuando hay vómitos sin aparente causa orgánica.
  3. Igualmente, “el incremento o aparición de interés por la actividad física desmesurada junto al cambio de patrón alimentario o esconderse en el baño tras las comidas, deben hacer sospe­char un trastorno de alimentación en el adolescente”, matiza la doctora Sánchez Pina.

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