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Parálisis facial: la recuperación es posible

por Paula Rivero
como recuperarse de una parálisis facial

Un catarro o un dolor más o menos intenso en la cara pueden ser el preludio de una alteración del nervio facial a lo largo de su recorrido. Produciendo falta de movilidad en un lado de la cara y asimetría en el rostro, lo que se conoce como parálisis facial.

¿Qué es la parálisis facial y por qué ocurre?

La parálisis facial es una lesión del nervio facial que ocasiona la pérdida total o parcial del movimiento muscular voluntario de la cara.
“La causa más frecuente es la parálisis de Bell, también llamada idiopática. Es una enfermedad de probable origen vírico, que en la mayoría (30% de los casos se recupera de forma espontánea, con alguna secuela. Puede aparecer a cualquier edad, afectando por igual a hombres y mujeres”, explica el Dr. Luis Lassaletta, (presidente de la Comisión de Otoneurología de la SEORL-CCC, jefe de sección de ORL y coordinador de la Unidad de Parálisis Facial del Hospital La Paz, de Madrid).

Otras causas de parálisis facial

También puede estar causada por el virus de la varicela, accidentes vasculares cerebrales, tumores de base de cráneo, tumores que se originan en el nervio facial, traumatismos craneales con fractura de peñasco, infecciones del oído o la iatrogenia tras cirugía de oído, de parótida o de base de cráneo.

Se produce por un fallo en el nervio facial, que no lleva las órdenes nerviosas a los principales músculos de la cara. La parálisis se establece en unas pocas horas y puede empeorar en algunas ocasiones durante 24 o máximo 48 horas más. La secuela más frecuente es un leve grado de parálisis de los músculos que se afectaron.

Una parálisis facial puede recuperarse espontáneamente, sobre todo cuando son parálisis secundarias a la exposición del frío o las idiopáticas (parálisis de Bell). Es necesario un tiempo prudencial de espera (6 meses) para determinar la recuperación del movimiento facial.

La recuperación espontánea del movimiento tras una parálisis facial conlleva frecuentemente la aparición de movimiento aberrantes (sincinesias) que conviene tratar por medio de fisioterapia, según los casos. Sólo en caso de una parálisis completa, hiperacusia, hipertensión y en personas mayores de 55 años el pronóstico es peor.


Las pruebas para el diagnóstico comprenden: el electromiograma para comprobar el estado y daño del nervio y músculo. una radiografía para descartar tumores o infecciones, etc.

Causas internas y externas

Entre las causas internas que pueden producir una parálisis facial, según expertos de la Clínica Universitaria de Navarra (CUN). Se encuentran los tumores, los infartos o las malformaciones vasculares cerebrales.

Los tumores a nivel del ángulo pontocerebeloso (neurinoma del acústico), los tumores del oído medio, los tumores en la base del cráneo o los tumores de la parótida también pueden estar en el origen de una parálisis facial de causa interna.

Causas externas, los traumatismos craneales con fractura del hueso temporal, algunos agentes tóxicos y enfermedades metabólicas, las infecciones víricas y bacterianas, así como el frío o la yatrogenia (accidente quirúrgico) pueden provocar este trastorno.

Síntomas comunes de la parálisis de Bell

parálisis facial

La parálisis facial se manifiesta por la: incapacidad de cerrar el ojo o levantar la ceja, problemas al sonreír, dificultad para comer o beber o alteraciones en el habla y mordida de la mucosa bucal.

“También pueden aparecer dolores de oído o cabeza, babeo, sequedad en la boca, sensibilidad al sonido y una dificultad en el parpadeo con la consecuente disminución del lagrimeo. Lo que es probable que derive en conjuntivitis o úlceras corneales”, indica el doctor Lassaletta.

En el 80% de los casos se consigue una recuperación total de la función del nervio. El tiempo medio suele ser entre 4-6 semanas, llegando hasta los 6 meses para la recuperación completa.

Tratamiento y rehabilitación: el camino a la recuperación

Los casos de parálisis de Bell son tratados con corticoides orales y la mayoría recuperan su función facial de forma completa. Por el contrario, una lesión quirúrgica, traumática o infecciosa del nervio facial requiere con frecuencia, una actitud quirúrgica decidida.

“Cuando se produce una lesión severa del nervio, nunca se restablece completamente la función facial, y el paso del tiempo disminuye las posibilidades de reinervación”, explica el doctor Lassaletta.

De esta manera, si el especialista “no tiene el suficiente conocimiento ni experiencia no se enfrentará con el problema y el resultado será mucho peor que si se enfoca correctamente y a tiempo”, advierte.

Por estos motivos, afirma, “es frecuente encontrar pacientes a los que no se ha ofrecido una solución a su grave problema en muchos años”.

Cuándo operar

Para aquellos pacientes con una musculatura facial aún viable, es decir, con menos de 1 o 2 años de evolución de la parálisis. “Se reconstruye el nervio facial directamente o bien con un injerto de nervio”, indica el doctor Lassaletta. Si esto no es posible se recurre a otros nervios donantes como el nervio hipogloso, el nervio maseterino o el nervio facial contralateral.

Si la parálisis está establecida, lleva más de 1 o 2 años de evolución y los músculos faciales ya no son viables. “Se requieren transposiciones musculares o injertos microvascularizados en función de la edad, características y preferencias de cada persona”, comenta. 

En este sentido, lo más novedoso es la combinación de varias técnicas de reinervación. “Los mejores resultados se obtienen combinando varios nervios, y esto solamente es posible en Unidades Multidisciplinarias de Parálisis Facial”, afirma.

Un estudio reciente realizado por otorrinolaringólogos de la Universidad de Johns Hopkins, concluye que la técnica de transferencia del tendón temporal mínimamente invasiva ofrece un retorno inmediato, predecible y simétrico de la función de la sonrisa.  Esta técnica es útil en pacientes con parálisis de larga evolución que no pueden beneficiarse de técnicas de reinervación.

Ejercicios recomendados para recuperar la movilidad

Además, después de la cirugía, será necesario complementarla con rehabilitación específica de reeducación neuromuscular facial, muchas veces combinada con toxina botulínica. Por otro lado, en la mayoría de los casos se siguen procedimientos complementarios estéticos sobre el ojo para mejorar el parpadeo y evitar problemas corneales.

La parálisis facial más frecuente (80% de los casos) es aquella que no tiene causa aparente (parálisis de Bell o parálisis idiopática). También puede producirse una parálisis facial de forma congénita (Síndrome de Moebius).

Parálisis facial: unidades multidisciplinares

Los otorrinolaringólogos, especialistas claves para diagnosticar y orientar el tratamiento de la parálisis facial, recomiendan el tratamiento de la parálisis facial compleja en unidades multidisciplinares. Sin embargo, en España hay 2 unidades especializadas consolidadas en parálisis facial, una de ellas el Hospital La Paz de Madrid, con más de 15 años de función. La otra está en Barcelona, en el Hospital de Bellvitge.

Según ha expuesto el doctor Lassaletta durante la celebración del 68 Congreso de la SEORL-CCC en Madrid, “el tratamiento de las parálisis faciales debe realizarse en centros de referencia con equipos multidisciplinares especializados. Pues así se podrá ofrecer al paciente todas las opciones terapéuticas existentes, desde las más sencillas a las más complejas, pasando por el amplio abanico de técnicas complementarias y de rehabilitación”.

Este especialista indica que cuando los casos complejos se tratan por parte de especialistas individuales. “Estos adaptan la patología a las técnicas que conocen, mientras que el tratamiento en unidades de referencia permite seleccionar la/s técnica/s más adecuadas para cada caso, muchas veces realizadas por diferentes profesionales”, subraya. En este sentido, el otorrinolaringólogo es quien debe liderar esas unidades, “ya que su conocimiento del nervio facial, desde su salida del tronco cerebral hasta sus ramas terminales en la parótida, es clave para poder orientar el diagnóstico y el tratamiento”.

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