La tortícolis: un mal despertar

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signos de alarma del cáncer de cabeza y cuello
signos de alarma del cáncer de cabeza y cuello

Estas Navidades ten cuidado con el peso de las compras y los largos trayectos en coche. La tortícolis aparece de forma brutal cuando menos te lo esperas, y curiosamente, afecta más a las mujeres

Un largo trayecto en coche, una mala posición durante el sueño, un golpe? y la tortícolis está servida. Sólo tienes que mover el cuello para ver las estrellas. La tortícolis no es otra cosa que una cervicalgia en la que el dolor de cuello se presenta de forma aguda y suele dar la cara al despertarnos por la mañana. Aunque tratándose de una afección benigna, la tortícolis impide la mayor parte de los movimientos de cuello, debido a la contractura muscular que se ha producido en la zona y al dolor que se deriva de ella, dolor que puede irradiarse hacia la nuca y los hombros, provocando en algunos casos hasta insomnio. La sobrecarga muscular generada por los malos hábitos y posturas suele ser la causa más frecuente de tortícolis.

Los candidat@s

  • La tortícolis se da con mayor frecuencia en las mujeres.
  • Aunque la columna vertebral sufre un deterioro como consecuencia de los cambios degenerativos que se producen con la edad, el riesgo de tortícolis no aumenta necesariamente con la edad. De hecho, muchos jóvenes la sufren alguna vez.
  • Son más frecuentes en personas que han padecido algún traumatismo anterior en la región del cuello.
  • Suele afectar a personas cuyo trabajo obliga a hacer esfuerzos físicos y a transportar cargas
    pesadas, y a personas expuestas a vibraciones en su trabajo.
  • El estrés es un agravante, por lo que las personas estresadas o con una mala higiene de vida son más susceptibles de padecer episodios recurrentes de tortícolis.
  • Conductores que se ven obligados a mantener la misma posición durante mucho tiempo y que están expuestos a las vibraciones del camino.
  • Un revés psicológico o profesional también pueden desencadenar una tortícolis.

¿Cómo tratarla? Pregunta a tu farmacéutico

Por regla general, una tortícolis se cura en varios días con un tratamiento analgésico y antiinflamatorio por vía oral, que atenúe el dolor y reduzca la inflamación. Pregunta a tu farmacéutico la conveniencia o no de utilizar un relajante o decontracturante muscular, de gran utilidad en estos casos. En cualquier caso, él sabrá aconsejarte los medicamentos de urgencia convenientes a cada caso.

Para inmovilizar las vértebras y evitar el movimiento del cuello al realizar cualquier tipo de ejercicio, puede ser muy útil el uso de un collarín o collar cervical blando para los momentos de mayor dolor. El collar cervical duro se usa sólo en casos de lesiones agudas como hernias discales, traumatismos o esguinces cervicales.

El calor local, un gran amigo

Además del tratamiento farmacológico, evita los ejercicios en los que intervengan los músculos del cuello, como por ejemplo trabajos de bricolage o limpieza, que obligan a mantener malas posiciones. Para relajar el músculo en el que se ha producido la contracción es muy útil el calor, bien sea natural (rayos del sol), bien sea artificial (un secador de mano, un baño caliente o una manta eléctrica).

Para prevenir: 8 normas de higiene postural

  1. Adopta siempre posturas correctas, que no fuercen la musculatura del cuello ni lo mantengan rígido mucho tiempo.
  2. Evita en la medida de lo posible llevar cargas pesadas, sobre todo a nivel de los antebrazos.
  3. Evita inclinar la cabeza hacia delante o detrás, por ejemplo si dormitas en un sofá.
  4. Evita hacer movimientos bruscos de cuello. En lugar de volver la cabeza, gira el tronco y la cabeza en un solo bloque.
  5. Por la noche duerme preferentemente de espaldas y no uses la almohada. Si tienes molestias severas nocturnas puedes probar a dormir con un collar cervical blando que las alivie.
  6. Ten cuidado con el frío. Abrígate bien y no duermas ni conduzcas con la ventana abierta.
  7. El colchón debe ser de calidad, ni muy duro ni muy blando.
  8. El ejercicio diario y una buena higiene de vida son ideales para evitar las cervicalgias. Por lo
    tanto, evita el estrés, el tabaco, el alcohol, las comidas desordenadas y la falta de sueño. Con ello evitarás posibles tortícolis en un futuro.

Otras cervicalgias (meter en tabla)

  • Cervicalgia
    crónica: la sufren más las mujeres, fundamentalmente aquellas que deben trabajar frente a pantallas de ordenador o en tareas domésticas que obligan a mantener el cuello forzado durante mucho tiempo, lo que ocasiona contracturas musculares dolorosas. Este tipo de cervicalgia afecta al 10% de la población adulta.
  • Artrosis del caquis cervical: sus síntomas son dolor localizable en cuello y hombros, rigidez y limitación de movimientos. Si es muy avanzada puede provocar mareos, ya que las arterias vertebrales pueden verse afectadas por los crecimientos óseos típicos de los procesos degenerativos. Otros síntomas probables son sensación de hormigueo y adormecimiento en manos y dedos, y también en hombros y extremidades superiores.
  • Hernia de disco intervertebral: provoca dolor cervical irradiado al hombro y brazo en personas jóvenes. Comienza bruscamente y puede estar precedida de traumatismos por el esfuerzo físico continuado (levantamiento de peso). Las vértebras cervicales más afectadas suelen ser las inferiores y suelen provocar dolor y limitación de la movilidad. Estas hernias son más frecuentes en personas jóvenes que tienen que cargar mucho peso o que deben
    permanecer sentados mucho tiempo. En el resto de personas se deben a los cambios degenerativos de la edad.
  • Síndrome del latigazo cervical: es una de las patologías más frecuentes en los accidentes de tráfico. Al producirse el choque, el cuello y la cabeza sufren un movimiento violento de balanceo hacia delante y atrás, lo que puede provocar un desgarre de ligamentos, un estiramiento de los músculos, desplazamiento de las vértebras (esguince vertebral), daño en los discos intervertebrales e incluso una hernia discal. El dolor y la limitación del movimiento pueden durar meses o incluso hacerse crónicos.