La obesidad con mayúscula

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Para volverse obesos no hay edad concreta. El niño, el adolescente, el adulto o el anciano con sobrepeso llevan el fantasma de la obesidad sobre sus cabezas. Lo que reviste a esta enfermedad, según los expertos, de una trascendencia vital

Más de la mitad de los españoles nos excedemos en la báscula. Esto, que en principio parece no tener demasiada importancia (¡unos kilitos de más, eso me lo quito en un mes!, y todo eso), podría sorprendernos por las consecuencias tan nefastas que, caso de transgredir la barrera de lo saludable, puede llegar a tener el exceso de kilos. Y no digamos el ser obeso: 40 veces mayor riesgo de diabetes en quienes tienen un Índice de Masa Corporal superior a 35, alta prevalencia de hipertensión (el 27%-30% de los obesos son hipertensos), incremento de riesgo coronario, y algo sorprendente, mayor posibilidad de muerte oncológica en los casos de obesidad grave (IMC superior a 40). No hay que olvidar que excederse en la báscula es el primer paso para terminar siendo obeso, y en España el 14,5 % de la población lo es, porcentaje que en determinados rangos de edad puede alcanzar hasta el 33 %. No es de extrañar que EEUU, el país con más obesos del mundo, esté leyéndole la cartilla a los establecimientos de comida rápida y obligándoles a tomar medidas destinadas a frenar el impulso de la obesidad.

Señales de alarma

En los debates televisivos en los que personas obesas cuentan sus experiencias, nos sorprende un nexo cada vez más frecuente: la aparición repentina de la enfermedad en un momento de sus vidas, sin que aparentemente tenga nada que ver el factor hereditario. La explicación está, pues, en los hábitos aprendidos desde niños, en las pautas alimenticias adquiridas a lo largo de sus vidas, y también en el sobrepeso como punto de partida. En definitiva, el factor medioambiental juega también un papel muy importante en el desarrollo de la obesidad, sin que esto signifique menospreciar el que efectivamente tiene el factor hereditario, que lo tiene. Lo importante es tomar conciencia de que la obesidad puede alcanzar a cualquier persona, ya que no es un problema ajeno que sufren únicamente quienes tienen un gen implicado. Basta con llevar unas pautas alimenticias desordenadas y dejarnos caer en estilos de vida sedentarios para exponernos al golpe de gracia de una patología que va en aumento.

Obesidad y cáncer

Antes había obesos, y punto. Ahora se sabe que los obesos, además de llevar una vida que dista mucho de tener calidad, poseen un enorme riesgo de padecer una cardiopatía, una diabetes o una hipertensión grave. Pero lo que es más, y tal y como asegura el Dr. Manuel Gargallo, médico especialista en Endocrinología y Nutrición del Gregorio Marañón de Madrid, citando un informe de la Sociedad Americana del Cáncer publicado en The New Journal of Medicine, los hombres con obesidad grave tienen un 52 % más riesgo de morir por cáncer
respecto a personas con un peso normal, porcentaje que en el caso de las mujeres se eleva a 62. Es decir, que ser obeso aumenta el riesgo de padecer cáncer, y que de hecho, el número de pacientes obesos con cáncer ha aumentado considerablemente en los últimos años.

En las mujeres la cuestión es ginecológica, ya que se ha demostrado que el perfil hormonal de una mujer obesa difiere considerablemente del de una mujer no obesa, siendo mucho mayor el nivel de estrógenos en la primera que en la segunda. De hecho, una vez demostrada la relación existente entre cáncer de mama o de útero con altos niveles de estrógenos, parece lógico pensar, en opinión de Gargallo, que en la mujer obesa el riesgo de padecer este tipo de cáncer, así como cáncer de endometrio o  hiperplasia endometrial se multiplica por 3 ó 4 respecto de la mujer no obesa.

Pero en la aparición de cáncer también es importante el tipo de alimentación, ya que un elevado consumo de alcohol, grasas saturadas y carnes rojas aumenta el riesgo de padecer cáncer de colon, de la misma manera que conduce a obesidad.

Según fuentes de la OMS, uno de cada cuatro o dos de Todos los cánceres de colon, mama, útero, riñón y esófago se podrían evitar mediante la práctica de ejercicio físico y el control del peso

Obesidad, diabetes e hipertensión

La obesidad, junto a otros factores como el estrés, el sedentarismo o el factor genético, influyen directamente en la aparición del Síndrome de resistencia a la insulina o Síndrome Metabólico, antesala de la diabetes de tipo 2. De hecho, según nos confirma el Dr. Esteban Jódar, miembro del Servicio de Endocrinología del Hospital 12 de Octubre y uno de los ponentes del IV Seminario de Periodistas sobre Obesidad celebrado el pasado mes de junio, el 80% de las personas diabéticas es obesa.

En cuanto a la hipertensión, las cifras nos hablan de un aumento de hasta el 30-50 % de personas obesas dentro de sus filas. Sin embargo, se ha demostrado que una pérdida de kilos incide directamente en una bajada de la tensión arterial. Concretamente, según el Dr. Jódar, por kilo de peso la presión arterial llega a bajar hasta 1 mm de mercurio. El ejercicio físico y la dieta (en la que se incluya un buen desayuno) mejoran la resistencia insulínica y bajan la presión arterial.

Teniendo en cuenta que tanto la diabetes como la hipertensión son dos factores de riesgo cardiovascular, y que la obesidad en sí es también un factor de riesgo cardiovascular que duplica la posibilidad de sufrir un accidente cardiovascular, no nos resultará difícil de entender por qué las personas obesas tienen de 6 a 7 años menos de esperanza de vida que la población con normopeso.

Obesidad y Alzheimer

Sobre cómo afectan el sobrepeso y la obesidad en la aparición de Alzheimer se acaba de ocupar un estudio realizado a 392 personas de entre 70 y 88 años, por investigadores de la universidad de Göteburgo, en Suecia, y recientemente publicado en la revista Archives of Internal Medicine. Al parecer y según concluye el estudio, por cada unidad de aumento en el IMC de masa corporal en las mujeres que habían traspasado los 70 años de edad, el riesgo de desarrollar Alzheimer aumentaba en un 36 %. Sin embargo, durante la investigación se hizo difícil determinar de qué manera afectaban la obesidad y el sobrepeso en la aparición de esta demencia, ya que es frecuente que antes de presentarse los primeros síntomas se produzca una pérdida de peso. Por asociación de ideas, los autores han concluido que cada vez hay más evidencias de que el sobrepeso y la obesidad se asocian a enfermedades vasculares, afecciones coronarias e hipertensión, siendo estas enfermedades vasculares factores de riesgo muy importantes en la aparición de Alzheimer.

La obesidad infantil

De escandaloso ha tildado el responsable del Institut Dexeus de Barcelona, Xavier Viñallonga, el aumento que la obesidad infantil va a tener en los próximos años. Y es que esta patología, lejos de remitir tras haberse duplicado en los últimos 15 años (en 1984 el 5% de los niños españoles era obeso, mientras que hoy lo es el 10 %, a solo 4 puntos de EEUU, el país con mayor población infantil obesa), llegará a cifras impensables hasta la fecha en España. Y lo peor es que de cada 3 niños obesos, uno lo seguirá siendo en la edad adulta. Las razones que explican este proceso ascendente, que la OMS ha llegado a calificar como de Epidemia del Siglo XXI, según Viñallonga, son fundamentalmente dos: la pérdida de la dieta mediterránea y el aumento del sedentarismo infantil. Según este experto, entre las medidas que los padres deberían adoptar a la hora de evitar este problema que empieza a afectarnos a todos estarían: un mayor consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales y pescado, no picar entre horas, evitar que los niños coman delante del televisor, e incentivarlos en la práctica de algún deporte o al menos en el ejercicio de tareas tan rutinarias como subir las escaleras en lugar de coger el ascensor. Respecto a la lactancia materna, cada vez existen más evidencias de que los niños y niñas amamantados con la leche de la madre tienen un 30 % menos riesgo de ser obesos en la edad infantil y adulta, que los niños y niñas alimentados con leches preparadas, como así concluye un estudio realizado en Escocia y publicado en la revista The Lancet.

Manos a la obra

Si los kilos de más van siempre contigo, y piensas que puedes estar en el umbral de la obesidad (se considera obesidad un IMC superior a 30), lo primero que te tiene que poner sobre aviso es la pérdida de agilidad para llevar a cabo actividades tan cotidianas como atarte el zapato, cortarte una uña del pie o subir un simple escalón. Es el momento de ponerte en manos de profesionales, quienes diseñarán para ti una estrategia de pérdida calórica, ejercicio moderado y, en caso de que fuera necesario, un tratamiento farmacológico individualizado.

Obviamente, no es lo mismo decir a una persona con sobrepeso que modifique sus hábitos alimenticios y sedentarios, que a una persona con un grado de obesidad mórbida. Sin embargo, en líneas generales, el cambio de estilo de vida tiene que alcanzar a ambos, aunque eso sí, contemplando un tratamiento farmacológico y un seguimiento médico más exhaustivo en el segundo caso, a fin de que el factor tiempo colabore en la pérdida mantenida de peso.

?Cambia? de mentalidad

Al respecto, el Dr. Basilio Moreno Esteban, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y jefe del servicio de Endocrinología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, nos da unas pistas, basadas en tres recomendaciones esenciales:

  1. Concebir el tratamiento de la obesidad como el tratamiento de una enfermedad crónica, y por tanto, a largo plazo, lo que conlleva un cambio de mentalidad.
  2. Seguir unas normas de tipo alimentario que contemplen un déficit calórico, imprescindible para que haya movilización de las grasas endógenas y se produzca la pérdida de peso. Del mismo modo habría que aumentar moderadamente la actividad física.
  3. En ocasiones es necesario recurrir a un tratamiento farmacológico individualizado, que ayude a reducir y mantener la pérdida de peso a largo plazo. En esto no hay que olvidar que la obesidad es una enfermedad, y que como tal, su tratamiento debe estar dirigido por un médico especialista, con lo que se estará así evitando el gasto de buena parte de los recursos económicos de muchos obesos en remedios de dudosa eficacia.

No caigas en el desánimo

Si eres obeso, ten presente que no sólo es importante perder peso, sino no ganarlo. Recientes estimaciones hechas por investigadores del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado (EEUU), y publicadas en la revista Science, han demostrado que restando 100 calorías a cada día, lo que equivale a tres bocados menos de hamburguesa, estarás evitando varios kilos de peso, como promedio, cada año, lo que constituye una buena estrategia para la persona obesa. Aunque 100 calorías al día no te harán perder peso, al menos sí evitarán que sigas engordando.

Entre la aceptación y la marginación

Relaciones interpersonales, sexualidad, trabajo, y lo que es más importante, la propia autoestima, se ven claramente afectadas en la vida de la persona obesa. La distorsión de la propia imagen es a la vez causa y consecuencia de la marginación que en numerosas ocasiones han denunciado muchas personas obesas en España, según  nos explica la Dra. Susana Monereo, secretaria de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). El rechazo social se pone continuamente de manifiesto, lo que a la larga desencadena en estas personas, y sobre todo en adolescentes, episodios de ansiedad, que pueden llevarles a una depresión e incluso al suicidio. Así lo ha demostrado un estudio publicado en el número de agosto de la revista Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine, en el que el equipo investigador detectó que de 4.746 adolescentes entrevistados, un 30 % de las chicas y un 24,7 de los chicos recibían burlas por parte de su entorno familiar y social, lo que aumentaba claramente la prevalencia de problemas emocionales.

Estilos de vida: el telón de
fondo

Al igual que en EEUU aumentó la prevalencia de obesidad en un 70% en tan solo una década, se prevé ahora que en Europa se duplique en menos de 10 años, y con unos gastos tan enormes para el Estado como los asociados a los del tabaquismo. La causa entonces y ahora es la misma: la adopción de un estilo de vida propio de las sociedades industrializadas, en el que priman la alimentación desequilibrada y desordenada, y el sedentarismo. Según datos extraídos del estudio sobre prevalencia de la obesidad desarrollado por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), en España los porcentajes de sobrepeso en la edad adulta llegan al 53,5 %.