La exparticipante de La isla de las tentaciones ha compartido su experiencia con esta enfermedad, desde el diagnóstico a los 13 años hasta la operación. La Sociedad Española de Columna Vertebral (GEER) repasa, a raíz de su testimonio, las principales dudas de pacientes y familias.
La reciente publicación en redes sociales de Julia Garrigós, exparticipante de La isla de las tentaciones, sobre su experiencia con la escoliosis ha vuelto a poner el foco en una enfermedad que puede tener un importante impacto físico y emocional durante la adolescencia.
Garrigós ha explicado que fue diagnosticada a los 13 años y que utilizó corsé durante tres años. Pese a seguir el tratamiento indicado, la curvatura de su columna continuó avanzando hasta alcanzar los 50 grados, por lo que finalmente tuvo que someterse a una intervención quirúrgica.
La joven ha decidido compartir ahora su experiencia para dar visibilidad a una enfermedad de la que considera que se habla poco y transmitir ánimo a otras personas que atraviesan una situación similar. La Sociedad Española de Columna Vertebral (GEER) valora positivamente este tipo de testimonios y, a raíz del interés generado, repasa algunas de las principales cuestiones que preocupan a pacientes y familias.
¿Hasta qué punto funciona el corsé?
El corsé es uno de los principales tratamientos utilizados en la escoliosis idiopática durante la etapa de crecimiento. Su objetivo es evitar que la curvatura progrese y reducir así el riesgo de que alcance una magnitud que haga necesaria una operación.
La evidencia científica indica que puede ser eficaz en un elevado porcentaje de pacientes, aunque sus resultados dependen de distintos factores.
Uno de los más importantes es el número de horas de utilización. Un estudio publicado en 2025 en European Spine Journal, realizado con 884 pacientes y una edad media de 13 años, observó una relación clara entre el tiempo de uso y los resultados. Entre quienes llevaron el corsé más de 18 horas al día, la tasa de éxito para mantenerse por debajo de los 50 grados alcanzó el 97-98%.
Sin embargo, el tratamiento no consigue detener la progresión en todos los casos, incluso cuando se siguen correctamente las indicaciones médicas. Esa fue precisamente la experiencia de Garrigós, que ha contado que utilizó el corsé durante tres años y que, pese a ello, su curva continuó avanzando hasta los 50 grados.
El postoperatorio de la escoliosis
Otro de los aspectos sobre los que Garrigós se ha pronunciado abiertamente es la dureza de la intervención y de los primeros días de recuperación. Según ha relatado, permaneció ingresada durante diez días y recuerda aquella etapa como «lo más horrible que he vivido en mi vida».
El dolor constituye uno de los principales aspectos a controlar después de una operación de escoliosis, especialmente durante los primeros días. La cirugía busca corregir la deformidad y estabilizar la columna mediante una artrodesis o fusión vertebral.
No obstante, los protocolos de recuperación han evolucionado notablemente. Un metaanálisis publicado en 2025 en Spine Deformity, que reunió 30 estudios con casi 16.000 pacientes con escoliosis idiopática adolescente, concluyó que los actuales programas de recuperación intensificada permiten reducir el dolor durante los primeros días, adelantar la movilización y disminuir la estancia hospitalaria frente a los protocolos tradicionales.
¿Cómo es la vida después de una operación?
Garrigós explica que actualmente lleva una vida normal y realiza ejercicio de fuerza, aunque mantiene algunas limitaciones de movilidad. Entre ellas, una menor capacidad para flexionar la espalda, algo que percibe especialmente al intentar realizar determinadas posturas de yoga o pilates.
Su experiencia coincide, en líneas generales, con los estudios que analizan la evolución a largo plazo tras una intervención por escoliosis idiopática adolescente.
Una investigación publicada en junio de 2026 en Spine Deformity, basada en 388 pacientes sometidos a una fusión vertebral, observó que la mejora de la calidad de vida se produce principalmente durante los primeros años posteriores a la cirugía y que después los resultados tienden a mantenerse estables, sin un deterioro significativo a largo plazo.
La cirugía puede, por tanto, ser compatible con una buena calidad de vida, aunque la fusión de una parte de la columna puede provocar determinadas limitaciones de movilidad.
Las restricciones dependen de cada paciente
Garrigós ha contado también algunas de las recomendaciones que recibió después de su intervención: no montar en moto ni a caballo, evitar las atracciones y los deportes de impacto y, en relación con una futura maternidad, procurar, si fuera posible, limitarse a un embarazo.
Desde el GEER recuerdan que se trata de indicaciones específicas para su caso y que no existen restricciones universales aplicables a todas las personas que han sido operadas de escoliosis.
Una revisión sistemática publicada en abril de 2026 en The American Journal of Sports Medicine, que analizó 11 estudios y 722 pacientes, concluyó que la mayoría puede volver a practicar deporte después de una fusión vertebral, generalmente entre los ocho y los doce meses posteriores a la intervención.
El momento de retomar la actividad y el tipo de deporte permitido dependen, sin embargo, de factores como la edad, la gravedad de la curva y la extensión y localización de la fusión. Por ello, las recomendaciones deben establecerse de forma individualizada por el especialista.
El impacto emocional de la escoliosis
Más allá de los aspectos médicos, el testimonio de Garrigós pone sobre la mesa otra dimensión de la enfermedad: su impacto durante una etapa tan sensible como la adolescencia.
La escoliosis puede afectar a la imagen corporal, el bienestar emocional y las relaciones sociales y familiares. Una revisión sistemática publicada en agosto de 2026 en Health Expectations, basada en 19 estudios realizados en diez países, señala precisamente la existencia de una importante dimensión psicosocial a lo largo de todo el proceso, desde el diagnóstico hasta el tratamiento y la recuperación.
En este contexto, compartir experiencias personales puede contribuir a visibilizar una enfermedad que va mucho más allá de la curvatura de la columna y ayudar a otros jóvenes y familias a afrontar el proceso con más información y acompañamiento.
